lunes, 28 de diciembre de 2009

Francisco Y ViceVERZA.

Nunca dejaría que pasaran desapercibidas las verbenas del pasado, los desvelos de salón, las madrugadas perfumadas con el aroma de alguna fulana que jugaba conmigo al los besos con urgencias y llenos de calenturas, incitados por algún buen Ron o en su caso una descarriada cerveza. En Tlacotalpan me la pasaba tequiliando con las palomitas que de un día, valiente en la corrida de los Toros, y volando por los flash back que me hacían recordar aquella princesa que aun tenia la buena forma de hacerme daño a distancias.
Luego un par de días después me fui a Los Tuxtlas y comprendí que aunque los años pasan, hay cosas que el tiempo deja intacto en la pesadumbre de las costumbres, como lo fue en San Andrés Tuxtla y su feria patronal a la cual llegamos de improviso un amigo y yo, revivimos esos años cincuenta y ante el desconcierto nos sentimos tan abandonados e insípidos como un Latino sin sabor. Así emprendimos de nuevo el viaje que se había hecho intermitente y por fin llegamos a Catemaco, aquella ciudad mágica y única que me regaló mi amistad con el Pirata y claro, la indiferencia hacia el trabajo que me enseñó Chucho el Brujito.
En ese viaje lejos de la solemnidad y las buenas costumbres me divertir e hice cosas que nunca pensé realizar, me sentí libre, vivo, respirando como si fuera la ultima vez. El billete falso de mil pesos que me dejó mi amigo me bastó para subirme en las alas de las travesuras y de las aventuras a la que viví al borde de mis instintos prematuros. Y es que a las buenas costumbres nunca me he acostumbrado, al calor del hogar y de la ducha de vez en cuando me aburren, prefiero la carretera sobre los viajes hechos a la buena voluntad de la incertidumbre. Volvería a vivir todo lo que viví en ese viaje, quedarnos despiertos en la laguna hasta el alba y tocar el Jembe para "según" despertar a los monos, además de acampar en la playa de Montepío, ahí donde la mirada se me perdía de ver tanto mar, incluso volvería a vivir esos malos minutos donde estuve apunto de ahogarme en aquel mar bravo.Voltear al pasado es saber quien soy y elevar mi autoestima pigmea.
Como olvidarme de las mujeres que olvidaba al abordar otro bus, era como un pirata que dejaba una mujer en cada puerto, pero a pesar de tener mis labios calientes y una emoción en la entrepierna debo de ser sincero y advertir que quise siempre a la mujer que mas me quiso.
Siempre era maravilloso andar del brazo de la locura y de la libertad, nunca fue tan divertido como aquella ocasión en la que me lancé al puerto de Veracruz y me acordé que alguna vez he dado más de lo que tengo, siempre me dan algunas veces más de lo que doy, y sobre todas las cosas saber que nada sabe mejor que la amistad, René, Iván, César, Alan. Les llevo siete carreteras delante de ustedes. Pobres Cristianos.
El afrocaribeño me hico ver que a veces en el infierno llueve sobre mojado y que las perversiones y los excesos para mi hoy son pura nostalgia. Entre Córdoba y Tuxpetec nunca lloré y casi siempre estuve abandonado pero contento, y Minatitlán breve pero amistosa me hizo fumar más de lo debido y sufrir al no encontrar en una plaza a alguien que me ofreciera un encendedor. Y claro, en Orizaba tengo más de lo que quiero pero lo que quiero nadie me lo quiere dar. Ahí en ese evento cultural latinoamericano me encontré con La lluvia de Valdivia, la argentina de Borges, y la Nicaragua en pie de guerra y un Perú con las travesuras de la niña mala.
Nunca quise regresar a Xalapa y abandoné la propuesta que me hicieron llegar con la condición de que tenía que viajar al Df, Ni en Drogas dije. “Es que Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver”
En todo caso cuando alguna nube negra se acomode en mi cama, y sea lo que sea en un espejo roto, y cierre la casa porque me sienta herido recordaré lo que hice en este año maravillosamente feliz. Y trato en esto de dejar de andar perdiendo los autobuses que te dejan en los cuentos que siempre acaban mal, trato entre muchas cosas convencerme de que estoy vivo, y que a pesar de que haya alertar rojas en el corazón, y la adicción de fumar y añorar lo que se nos fue cayendo en la vida, siempre hay que luchar por cambiar el temporal, Siempre hay lanzarse a la aventura, la vida es bella.


Francisco Rico Hernandez.
Diciembre del 2009.

martes, 22 de diciembre de 2009

De.le.tre.an.do. a. Dios

Deletreando a Dios son palabras o preguntas que el hombre se debe de hacerle al creador, al padre. Y esas preguntas rondan mucho en la cabeza del tipo del barrio, del ruletero, del patojo que vive a la vuelta del correo, del pibe perdido y desconsolado que escucha a Charly Garcia, del chaval que escapa de la infancia, del Cabrón que roba para comer. Esos, yo, tú, él, ellos,aquel,el cardenal de la Roma perdida, ella la que crea adicción con los besos, pero sobre todo Nosotros debemos un dia de estos preguntarnos:

¿Qué te gusta de Dios?
¿Cómo será Dios, apuesto, gentil?
¿Qué te molesta de Dios?
¿Cuando será el cumpleaños de Dios?
¿Crees en los Milagros de Dios?

viernes, 18 de diciembre de 2009

Camuflaje.


Que te parece si te callas,
Si te muerdes la lengua por un rato.
Alguna vez te imaginé muerto,
Tendido sobre el abandono de las multitudes,
Esporádico del tiempo.
Quisiera en verdad que te callaras,
Para acariciarte ferozmente,
Como el pavimento a las rodillas,
Al igual que la navaja a tu piel.
Nunca fue tan cierto eso de lo
Que presumiste,
Tenías los pómulos hinchados,
Un par de labios anacoretas,
Y madrugadas que le pesaban a tus ojos de alquitrán.
Igual y si naciste y no te imagino,
Sobre mis sueños estás y perfumas mis sentidos,
Calmas tu hermosura.
De noche te sangra la costra de tus amores desvalidos,
El olvido de sus brazos te hace polvo,
Aturdido vuelves a empezar.
¿Si te pico las costillas sientes?
¿Si te quemo los pies obtienes de mí la absolución?
Es una tristeza que a tus años
Seas un gaucho con pereza,
Una tortuga desvariada,
Un amante con sotana,
Una duda que se camuflajea en un tal vez.



Francisco Rico Hernandez.
23 de noviembre del 2009.
Orizaba, Veracruz.

lunes, 14 de diciembre de 2009

LLuvia.

Dicen que Orizaba tenia el mismo clima de Valdivia, Chile, eso me lo contó ella, la poeta que escribía diciendo y cantando un himno inmejorable hacia la lluvia, era muy raro el estar ahí junto a ella, cuidándome el cigarrillo, acordándonos de la muerte, verificando imagines. Esa viajera tenia la fragancia de los andes sobre su cuerpo y un halito sudaca que me volvía endeble, y un buen gusto por fumar, además de tener un par de otoños bien vividos.
Nunca fue eso tan cierto lo que comentamos en el café, ni mucho menos al margen de Saramago o poemas de Sabines. Al menos se que ya se fue, seguiré escribiendo para cuando vuelva.Era ágil en la pluma y ambos nos habíamos conocidos en el encuentro latinoamericano de poetas, venia de la comunidad Maipú, la misma que mencionaba en una de sus canciones Sabina.
Y me abrigaba el corazón apenas y sonreía. No había conocido a una persona como ella, que decía tantas cosas hermosas, que encontraba la manera más delicada de hablar, que respetaba cada sentimiento.
Cierta ocasión me contó;
Yo tenía una amiga argentina y que de seguro escogió México para morir, ya que hace un par de días en el marco de estos festivales latinoamericanos que se organizan en este país ella falleció. Lo que de seguro debo de recordar de ella es que era muy alegre, muy vivaz, amable, y sin lugar a dudas una gran persona. Ella como buena anciana tenía sus dificultades para subir o bajar escalones, entonces nosotras, sus amigas, intentábamos ayudarla en esos menesteres, pero ella lo impedía de un tajo argumentando que sólo se dejaría ayudar por manos de hombres, y para mejor disposición que fueran manos de hombres jóvenes. Entonces Francisco hoy seguiré el ejemplo de mi amiga, y tú me acompañaras a todos lados,Ya que eres el hombre mas joven de este festival.
Era bueno saber ciertas cosas que nunca se olvidan, hacer homenajes sinceros a amigos que se fueron, que se conocen un día de tantos.
Ciertas ocasiones uno intenta adormitar el cuerpo, apagar la luz,oler el viento, escuchar las horas, y dejar que todo salga como se debería, y esa fue una gran ocasión en la que sucedió.

La vida es Bella.
Orizaba, Veracruz.

jueves, 10 de diciembre de 2009

ELEGIA A DOÑA JUANA LA LOCA

ELEGIA A DOÑA JUANA LA LOCA
A Melchor Fernández Almagro

Princesa enamorada sin ser correspondida.
Clavel rojo en un valle profundo y desolado.
La tumba que te guarda rezuma tu tristeza
a través de los ojos que ha abierto sobre el mármol.

Eras una paloma con alma gigantesca
cuyo nido fue sangre del suelo castellano,
derramaste tu fuego sobre un cáliz de nieve
y al querer alentarlo tus alas se troncharon.

Soñabas que tu amor fuera como el infante
que te sigue sumiso recogiendo tu manto.
Y en vez de flores, versos y collares de perlas,
te dio la Muerte rosas marchitas en un ramo.

Tenías en el pecho la formidable aurora
de Isabel de Segura. Melibea. Tu canto,
como alondra que mira quebrarse el horizonte,
se torna de repente monótono y amargo.

Y tu grito estremece los cimientos de Burgos.
Y oprime la salmodia del coro cartujano.
Y choca con los ecos de las lentas campanas
perdiéndose en la sombra temblorosa y rasgada.

Tenías la pasión que da el cielo de España.
La pasión del puñal, de la ojera y el llanto.
¡Oh princesa divina de crepúsculo rojo,
con la rueca de hierro y de acero lo hilado!

Nunca tuviste el nido, ni el madrigal doliente,
ni el laúd juglaresco que solloza lejano.
Tu juglar fue un mancebo con escamas de plata
y un eco de trompeta su acento enamorado.

Y, sin embargo, estabas para el amor formada,
hecha para el suspiro, el mimo y el desmayo,
para llorar tristeza sobre el pecho querido
deshojando una rosa de olor entre los labios.

Para mirar la luna bordada sobre el río
y sentir la nostalgia que en sí lleva el rebaño
y mirar los eternos jardines de la sombra,
¡oh princesa morena que duermes bajo el mármol!

¿Tienes los ojos negros abiertos a la luz?
O se enredan serpientes a tus senos exhaustos...
¿Dónde fueron tus besos lanzados a los vientos?
¿Dónde fue la tristeza de tu amor desgraciado?

En el cofre de plomo, dentro de tu esqueleto,
tendrás el corazón partido en mil pedazos.
Y Granada te guarda como santa reliquia,
¡oh princesa morena que duermes bajo el mármol!

Eloísa y Julieta fueron dos margaritas,
pero tú fuiste un rojo clavel ensangrentado
que vino de la tierra dorada de Castilla
a dormir entre nieve y cipresales castos.

Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana,
los cipreses, tus cirios; la sierra, tu retablo.
Un retablo de nieve que mitigue tus ansias,
¡con el agua que pasa junto a ti! ¡La del Dauro!

Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana,
la de las torres viejas y del jardín callado,
la de la yedra muerta sobre los muros rojos,
la de la niebla azul y el arrayán romántico.

Princesa enamorada y mal correspondida.
Clavel rojo en un valle profundo y desolado.
La tumba que te guarda rezuma tu tristeza
a través de los ojos que ha abierto sobre el mármol.


Diciembre de 1918
Federico García Lorca.

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ELEGIA A DOÑA JUANA LA LOCA

(Traduccion)

Princesa enamorada sin ser correspondida.
Clavel rojo en un valle profundo y olvidado.
La tumba que te espera llora tu tristeza
a través de los ojos que se abrieron sobre el mármol.

Eras una paloma con alma grandiosa
cuyo nido fue sangre del suelo noble,
regaste tu fuego sobre un la copa de nieve
y al quererle incitarlo tus alas se quebraron.

Soñabas que tu amor fuera como el niño
que te sigue obediente recogiendo tu ropa.
Y en vez de flores, versos y collares de perlas,
te dio la Muerte rosas marchitas en un ramo.

Tenías en el pecho la formidable aurora
de Isabel de Segura. Dura. Tu canto,
como alondra que se ve romperse en el horizonte,
se vuelve de repente simple y amargo.

Y tu grito agita los cimientos del pueblo.
Y oprime el canto del coro de los carruajes.
Y choca con los ecos de las lentas campanas
perdiéndose en la sombra temblorosa y destrozada.

Tenías la pasión que da el cielo de España.
La pasión del puñal, de la ojera y el llanto.
¡Oh princesa divina de oscurecer rojo,
con la rueda de hierro e hilo de acero!

Nunca tuviste el nido, ni el árbol doliente,
ni el arpa severa que llora distante.
Tu severidad fue un adulto con escamas de plata
y un eco de trompeta su pronunciación enamorado.

Y, sin embargo, estabas para el amor formada,
hecha para el suspiro, el mimo y el desmayo,
para llorar tristeza sobre el pecho querido
deshojando una rosa de olor entre los labios.

Para mirar la luna bordada sobre el río
y sentir la nostalgia que en sí lleva el rebaño
y mirar los eternos jardines de la sombra,
¡oh princesa morena que duermes bajo el mármol!

¿Tienes los ojos negros abiertos a la luz?
O se enredan serpientes a tus senos agotados...
¿Dónde fueron tus besos lanzados a los vientos?
¿Dónde fue la tristeza de tu amor desgraciado?

En el cofre de plomo, dentro de tus huesos,
tendrás el corazón partido en mil pedazos.
Y Granada te guarda como santa reliquia,
¡oh princesa morena que duermes bajo el mármol!

Eloísa y Julieta fueron dos margaritas,
pero tú fuiste un rojo clavel ensangrentado
que vino de la tierra dorada de Castilla
a dormir entre nieve y pasto limpio.

Granada era tu cama de muerte, Doña Juana,
los árboles, tus cirios; la sierra, tu imagen.
Una pintura de nieve que apaga tus ansias.
¡Con el agua que pasa junto a ti!

Granada era tu cama de muerte, Doña Juana,
la de las torres viejas y del jardín callado,
la de la hiedra muerta sobre los muros rojos,
la de la niebla azul y los arbustos románticos.

Princesa enamorada y mal correspondida.
Clavel rojo en un valle profundo y olvidado.
La tumba que te espera llora tu tristeza
a través de los ojos que se abrieron en el mármol.



Dicembre del 2009.
Francisco Rico Hernandez.


P.d, noventa años despues.
mi primera traduccion, del castellano
al español, espero sobre todas las cosas no maltratar el poema.

jueves, 3 de diciembre de 2009

El guardagujas

El forastero llegó sin aliento a la estación desierta. Su gran valija, que nadie quiso cargar, le había fatigado en extremo. Se enjugó el rostro con un pañuelo, y con la mano en visera miró los rieles que se perdían en el horizonte. Desalentado y pensativo consultó su reloj: la hora justa en que el tren debía partir.
Alguien, salido de quién sabe dónde, le dio una palmada muy suave. Al volverse el forastero se halló ante un viejecillo de vago aspecto ferrocarrilero. Llevaba en la mano una linterna roja, pero tan pequeña, que parecía de juguete. Miró sonriendo al viajero, que le preguntó con ansiedad:

-Usted perdone, ¿ha salido ya el tren?

-¿Lleva usted poco tiempo en este país?

-Necesito salir inmediatamente. Debo hallarme en T. mañana mismo.

-Se ve que usted ignora las cosas por completo. Lo que debe hacer ahora mismo es buscar alojamiento en la fonda para viajeros -y señaló un extraño edificio ceniciento que más bien parecía un presidio.

-Pero yo no quiero alojarme, sino salir en el tren.

-Alquile usted un cuarto inmediatamente, si es que lo hay. En caso de que pueda conseguirlo, contrátelo por mes, le resultará más barato y recibirá mejor atención.

-¿Está usted loco? Yo debo llegar a T. mañana mismo.

-Francamente, debería abandonarlo a su suerte. Sin embargo, le daré unos informes.

-Por favor...

-Este país es famoso por sus ferrocarriles, como usted sabe. Hasta ahora no ha sido posible organizarlos debidamente, pero se han hecho grandes cosas en lo que se refiere a la publicación de itinerarios y a la expedición de boletos. Las guías ferroviarias abarcan y enlazan todas las poblaciones de la nación; se expenden boletos hasta para las aldeas más pequeñas y remotas. Falta solamente que los convoyes cumplan las indicaciones contenidas en las guías y que pasen efectivamente por las estaciones. Los habitantes del país así lo esperan; mientras tanto, aceptan las irregularidades del servicio y su patriotismo les impide cualquier manifestación de desagrado.

-Pero, ¿hay un tren que pasa por esta ciudad?

-Afirmarlo equivaldría a cometer una inexactitud. Como usted puede darse cuenta, los rieles existen, aunque un tanto averiados. En algunas poblaciones están sencillamente indicados en el suelo mediante dos rayas. Dadas las condiciones actuales, ningún tren tiene la obligación de pasar por aquí, pero nada impide que eso pueda suceder. Yo he visto pasar muchos trenes en mi vida y conocí algunos viajeros que pudieron abordarlos. Si usted espera convenientemente, tal vez yo mismo tenga el honor de ayudarle a subir a un hermoso y confortable vagón.

-¿Me llevará ese tren a T.?

-¿Y por qué se empeña usted en que ha de ser precisamente a T.? Debería darse por satisfecho si pudiera abordarlo. Una vez en el tren, su vida tomará efectivamente un rumbo. ¿Qué importa si ese rumbo no es el de T.?

-Es que yo tengo un boleto en regla para ir a T. Lógicamente, debo ser conducido a ese lugar, ¿no es así?

-Cualquiera diría que usted tiene razón. En la fonda para viajeros podrá usted hablar con personas que han tomado sus precauciones, adquiriendo grandes cantidades de boletos. Por regla general, las gentes previsoras compran pasajes para todos los puntos del país. Hay quien ha gastado en boletos una verdadera fortuna...

-Yo creí que para ir a T. me bastaba un boleto. Mírelo usted...

-El próximo tramo de los ferrocarriles nacionales va a ser construido con el dinero de una sola persona que acaba de gastar su inmenso capital en pasajes de ida y vuelta para un trayecto ferroviario, cuyos planos, que incluyen extensos túneles y puentes, ni siquiera han sido aprobados por los ingenieros de la empresa.

-Pero el tren que pasa por T., ¿ya se encuentra en servicio?

-Y no sólo ése. En realidad, hay muchísimos trenes en la nación, y los viajeros pueden utilizarlos con relativa frecuencia, pero tomando en cuenta que no se trata de un servicio formal y definitivo. En otras palabras, al subir a un tren, nadie espera ser conducido al sitio que desea.

-¿Cómo es eso?

-En su afán de servir a los ciudadanos, la empresa debe recurrir a ciertas medidas desesperadas. Hace circular trenes por lugares intransitables. Esos convoyes expedicionarios emplean a veces varios años en su trayecto, y la vida de los viajeros sufre algunas transformaciones importantes. Los fallecimientos no son raros en tales casos, pero la empresa, que todo lo ha previsto, añade a esos trenes un vagón capilla ardiente y un vagón cementerio. Es motivo de orgullo para los conductores depositar el cadáver de un viajero lujosamente embalsamado en los andenes de la estación que prescribe su boleto. En ocasiones, estos trenes forzados recorren trayectos en que falta uno de los rieles. Todo un lado de los vagones se estremece lamentablemente con los golpes que dan las ruedas sobre los durmientes. Los viajeros de primera -es otra de las previsiones de la empresa- se colocan del lado en que hay riel. Los de segunda padecen los golpes con resignación. Pero hay otros tramos en que faltan ambos rieles, allí los viajeros sufren por igual, hasta que el tren queda totalmente destruido.

-¡Santo Dios!

-Mire usted: la aldea de F. surgió a causa de uno de esos accidentes. El tren fue a dar en un terreno impracticable. Lijadas por la arena, las ruedas se gastaron hasta los ejes. Los viajeros pasaron tanto tiempo, que de las obligadas conversaciones triviales surgieron amistades estrechas. Algunas de esas amistades se transformaron pronto en idilios, y el resultado ha sido F., una aldea progresista llena de niños traviesos que juegan con los vestigios enmohecidos del tren.

-¡Dios mío, yo no estoy hecho para tales aventuras!

-Necesita usted ir templando su ánimo; tal vez llegue usted a convertirse en héroe. No crea que faltan ocasiones para que los viajeros demuestren su valor y sus capacidades de sacrificio. Recientemente, doscientos pasajeros anónimos escribieron una de las páginas más gloriosas en nuestros anales ferroviarios. Sucede que en un viaje de prueba, el maquinista advirtió a tiempo una grave omisión de los constructores de la línea. En la ruta faltaba el puente que debía salvar un abismo. Pues bien, el maquinista, en vez de poner marcha atrás, arengó a los pasajeros y obtuvo de ellos el esfuerzo necesario para seguir adelante. Bajo su enérgica dirección, el tren fue desarmado pieza por pieza y conducido en hombros al otro lado del abismo, que todavía reservaba la sorpresa de contener en su fondo un río caudaloso. El resultado de la hazaña fue tan satisfactorio que la empresa renunció definitivamente a la construcción del puente, conformándose con hacer un atractivo descuento en las tarifas de los pasajeros que se atreven a afrontar esa molestia suplementaria.

-¡Pero yo debo llegar a T. mañana mismo!

-¡Muy bien! Me gusta que no abandone usted su proyecto. Se ve que es usted un hombre de convicciones. Alójese por lo pronto en la fonda y tome el primer tren que pase. Trate de hacerlo cuando menos; mil personas estarán para impedírselo. Al llegar un convoy, los viajeros, irritados por una espera demasiado larga, salen de la fonda en tumulto para invadir ruidosamente la estación. Muchas veces provocan accidentes con su increíble falta de cortesía y de prudencia. En vez de subir ordenadamente se dedican a aplastarse unos a otros; por lo menos, se impiden para siempre el abordaje, y el tren se va dejándolos amotinados en los andenes de la estación. Los viajeros, agotados y furiosos, maldicen su falta de educación, y pasan mucho tiempo insultándose y dándose de golpes.

-¿Y la policía no interviene?

-Se ha intentado organizar un cuerpo de policía en cada estación, pero la imprevisible llegada de los trenes hacía tal servicio inútil y sumamente costoso. Además, los miembros de ese cuerpo demostraron muy pronto su venalidad, dedicándose a proteger la salida exclusiva de pasajeros adinerados que les daban a cambio de esa ayuda todo lo que llevaban encima. Se resolvió entonces el establecimiento de un tipo especial de escuelas, donde los futuros viajeros reciben lecciones de urbanidad y un entrenamiento adecuado. Allí se les enseña la manera correcta de abordar un convoy, aunque esté en movimiento y a gran velocidad. También se les proporciona una especie de armadura para evitar que los demás pasajeros les rompan las costillas.

-Pero una vez en el tren, ¡está uno a cubierto de nuevas contingencias?

-Relativamente. Sólo le recomiendo que se fije muy bien en las estaciones. Podría darse el caso de que creyera haber llegado a T., y sólo fuese una ilusión. Para regular la vida a bordo de los vagones demasiado repletos, la empresa se ve obligada a echar mano de ciertos expedientes. Hay estaciones que son pura apariencia: han sido construidas en plena selva y llevan el nombre de alguna ciudad importante. Pero basta poner un poco de atención para descubrir el engaño. Son como las decoraciones del teatro, y las personas que figuran en ellas están llenas de aserrín. Esos muñecos revelan fácilmente los estragos de la intemperie, pero son a veces una perfecta imagen de la realidad: llevan en el rostro las señales de un cansancio infinito.

-Por fortuna, T. no se halla muy lejos de aquí.

-Pero carecemos por el momento de trenes directos. Sin embargo, no debe excluirse la posibilidad de que usted llegue mañana mismo, tal como desea. La organización de los ferrocarriles, aunque deficiente, no excluye la posibilidad de un viaje sin escalas. Vea usted, hay personas que ni siquiera se han dado cuenta de lo que pasa. Compran un boleto para ir a T. Viene un tren, suben, y al día siguiente oyen que el conductor anuncia: "Hemos llegado a T.". Sin tomar precaución alguna, los viajeros descienden y se hallan efectivamente en T.

-¿Podría yo hacer alguna cosa para facilitar ese resultado?

-Claro que puede usted. Lo que no se sabe es si le servirá de algo. Inténtelo de todas maneras. Suba usted al tren con la idea fija de que va a llegar a T. No trate a ninguno de los pasajeros. Podrán desilusionarlo con sus historias de viaje, y hasta denunciarlo a las autoridades.

-¿Qué está usted diciendo?

En virtud del estado actual de las cosas los trenes viajan llenos de espías. Estos espías, voluntarios en su mayor parte, dedican su vida a fomentar el espíritu constructivo de la empresa. A veces uno no sabe lo que dice y habla sólo por hablar. Pero ellos se dan cuenta en seguida de todos los sentidos que puede tener una frase, por sencilla que sea. Del comentario más inocente saben sacar una opinión culpable. Si usted llegara a cometer la menor imprudencia, sería aprehendido sin más, pasaría el resto de su vida en un vagón cárcel o le obligarían a descender en una falsa estación perdida en la selva. Viaje usted lleno de fe, consuma la menor cantidad posible de alimentos y no ponga los pies en el andén antes de que vea en T. alguna cara conocida.

-Pero yo no conozco en T. a ninguna persona.

-En ese caso redoble usted sus precauciones. Tendrá, se lo aseguro, muchas tentaciones en el camino. Si mira usted por las ventanillas, está expuesto a caer en la trampa de un espejismo. Las ventanillas están provistas de ingeniosos dispositivos que crean toda clase de ilusiones en el ánimo de los pasajeros. No hace falta ser débil para caer en ellas. Ciertos aparatos, operados desde la locomotora, hacen creer, por el ruido y los movimientos, que el tren está en marcha. Sin embargo, el tren permanece detenido semanas enteras, mientras los viajeros ven pasar cautivadores paisajes a través de los cristales.

-¿Y eso qué objeto tiene?

-Todo esto lo hace la empresa con el sano propósito de disminuir la ansiedad de los viajeros y de anular en todo lo posible las sensaciones de traslado. Se aspira a que un día se entreguen plenamente al azar, en manos de una empresa omnipotente, y que ya no les importe saber adónde van ni de dónde vienen.

-Y usted, ¿ha viajado mucho en los trenes?

-Yo, señor, sólo soy guardagujas1. A decir verdad, soy un guardagujas jubilado, y sólo aparezco aquí de vez en cuando para recordar los buenos tiempos. No he viajado nunca, ni tengo ganas de hacerlo. Pero los viajeros me cuentan historias. Sé que los trenes han creado muchas poblaciones además de la aldea de F., cuyo origen le he referido. Ocurre a veces que los tripulantes de un tren reciben órdenes misteriosas. Invitan a los pasajeros a que desciendan de los vagones, generalmente con el pretexto de que admiren las bellezas de un determinado lugar. Se les habla de grutas, de cataratas o de ruinas célebres: "Quince minutos para que admiren ustedes la gruta tal o cual", dice amablemente el conductor. Una vez que los viajeros se hallan a cierta distancia, el tren escapa a todo vapor.

-¿Y los viajeros?

Vagan desconcertados de un sitio a otro durante algún tiempo, pero acaban por congregarse y se establecen en colonia. Estas paradas intempestivas se hacen en lugares adecuados, muy lejos de toda civilización y con riquezas naturales suficientes. Allí se abandonan lores selectos, de gente joven, y sobre todo con mujeres abundantes. ¿No le gustaría a usted pasar sus últimos días en un pintoresco lugar desconocido, en compañía de una muchachita?

El viejecillo sonriente hizo un guiño y se quedó mirando al viajero, lleno de bondad y de picardía. En ese momento se oyó un silbido lejano. El guardagujas dio un brinco, y se puso a hacer señales ridículas y desordenadas con su linterna.

-¿Es el tren? -preguntó el forastero.

El anciano echó a correr por la vía, desaforadamente. Cuando estuvo a cierta distancia, se volvió para gritar:

-¡Tiene usted suerte! Mañana llegará a su famosa estación. ¿Cómo dice que se llama?

-¡X! -contestó el viajero.

En ese momento el viejecillo se disolvió en la clara mañana. Pero el punto rojo de la linterna siguió corriendo y saltando entre los rieles, imprudente, al encuentro del tren.

Al fondo del paisaje, la locomotora se acercaba como un ruidoso advenimiento.

FIN


Juan José Arreola.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Caballero en edad de merecer.



En Orizaba tengo mas de lo que quiero,
pero lo que quiero nadie me lo puede dar.
SOlicito mujeres con fines pocos serios,
acepto Feministas sin pancartas, enamoradas del
amor.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Sinceridad literal

- ¿Y estuvo bueno el libro?
- Si.
-No me aburrió. Eres un buen escritor.

Al menos hoy me gané un lector mas. Seguiré escribiendo.






Francisco Rico.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Acotaciones.

Cuando el abandono sea la causa del insomnio
acuéstate sobre ella, has de estrellas un camino.
Cuando tu dictador sea la comisura de unos labios,
mándalos a callar. Comételos.
Si le falta sal a la herida y ya no hay indulgencias
que pagar, que te de por reír,
juégale un polvo a la vida. Busca el guiño de la excepción.
Tus amantes son puritanas de esquina,
cofradías llenas de calentura, amores incivilizados.
Al Son del tic-tac de las horas perdidas y de las noches
ahogadas de alcohol, espérame Lola en tu hoyo del pecado.
Las madrugadas son para gentes que ya no esperan nada,
que evocan las palabras de amor en el parque Juárez,
que van sufriendo con los años el virus de la resignación.
Así mis ojos se van cerrando cuando se me ocurre besar,
y mis manos ya no suelen ser las mismas cuando ciegas
sufren el derroche de acariciar.
Pobre de mí que plancho cada quince días mi corazón,
que voy estrenando la urdía emoción
de empezar de nuevo.




Francisco Rico Hernandez.
24 de octubre del 2009

lunes, 9 de noviembre de 2009

Kumbala.

Digo que tu espalda es un mapa
Por el cual me conduzco a la imaginación.
Digo que tu cuello guarda el aroma
a naranjas, suavidad perfecta, sensibilidad oculta.
Digo que eres los días del desosiego, latidos al aire ciego,
Horas al azar, veranos llenos de vida.
Digo que vuestros labios son la distinción del vino tinto,
Levitación pulcra de mi alma.
Digo que sobre tus pies descansa mi paciencia,
Espíritu que se reencuentra.
Digo que tu risa se lleva el escándalo
De mi felicidad, la virilidad del aura.

Maldigo tu ausencia cuando no te llevas
Mis brazos, intestinos del corazón,
Candados de agua hirviendo.
El silencio tuyo es el acabose
Del aire, un saxofón con malestar.

Kumbala ambos sabemos que desconocemos al mundo
¿Acaso alguna vez el mundo ha preguntado por nosotros?
No tengo el miedo de las prisas
Cada vez que se te ocurre partir ¿Para qué?
Si morir es imprudente
Cuando las flores se marchitan.





Francisco Rico Hernández.
18 de octubre del
2009.
Puerto de Veracruz, Veracruz.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Razones.

Comenzaría hablando de lo principal, eso que a veces tardamos en decir, lo primero.
Dicen que los sueños son mentiras de verdad, que mas vale soñar para así limpiamente crear e imaginar. Pero para ser sincero un escritor necesita soñar despierto, observa los detalles y vincularse con el público a través de sus sentimientos, miedos, y locuras.
Creo que siempre fui un lector muy ingenuo; siempre me dio miedo enamorarme de una chica como Remedios, la bella, aquella mujer de hermosura de fábula que García Márquez narraba en el sensacional Macondo, además nunca creí demasiado que el coronel Aureliano buen día perdiera el gusto por el circo y en cambio se fascinara tanto con el hielo y las guerras. Era un extraterrestre Alejo el mismo que comentaba Benedetti en su Buzón del Tiempo, éste chico esporádico ante el mundo y hasta ajeno a él en muchas circunstancias pensó que la virginidad de su antigua novia fue la causante de la ruptura amorosa, que genial hubiera sido que mis antiguas novias pusieran como pretexto la virginidad, seria como para volverme mas loco de lo que estoy.
Hay pueblos mágicos que son inverosímiles a las creencias de cada ser humano, donde el viento barra con las calles, hasta con el pensamiento. Así es Comala la que nos narra un tal Juan Rulfo, un pueblo de ánimas perdidas y angustiadas por el yugo de un hombre, mismo que llevo la debacle del pueblo ante la muerte de su gran amor Susana. Lastima que Rulfo no nos contó cual es la formula secreta del amor y si las razones del odio empotrado en “Diles que no me maten”, y la paciencia ante las desgracias como en el cuento de “Es que somos muy pobres”
Yo si creí que las putas deberían de ser canonizadas como alguna vez lo escribió Jaime Sabines, por igual no se si estaría de acuerdo conmigo, pero Los Amorosos fue un poema bíblico del amor, un tormentoso y confabulatorio testamento ante la partida dolorosa del verdadero amor. Y que decir de Octavio Paz y la fuerza de sus palabras, tanto así como Los Novios, y Libertad Bajo Palabra, sin olvidarse de Sol y Águila.
Pero deben de creerle a Héctor Aguilar Camín cuando dijo que Julia se perdió ante la Decadencia del Dragón. Nunca volvió a jugar con su payasito después de talonear en una avenida del DF trastornado. Y con esto fui creciendo, con los escritos irreverentes de Emiliano Pérez Cruz “Todos tienen premio, todos”, con Mario Vargas Llosa y “Las travesuras de la niña mala”, con los guiones de Emilio Carballido como “Acapulco los lunes”
Sin lugar a dudas a pesar del malestar con el que vi nacer este oficio resultó ser ante la egolatría y el buen gusto, un escaparate para la locura y sobresaltos del encierro, aventura o premeditación. Cada vez que voy a escribir trato de pensar siempre en el primer párrafo, lo demás es por el simple gusto de escribir.
Ahora con el primer libro de cuentos que estoy rescribiendo me siento como una mujer en cinta que espera dar luz sin prisas ni quebrantos. Aliviándome ante cada verso compuesto o descompuesto que escribo en viajes, en terminales de autobuses, en cafés, en bares, en restaurantes, en moteles, en mi habitación, en el mar, o en lugar donde me sorprenda la inspiración, patrón que sin lugar a dudas no es mas pobre que un servidor.
Total esperando contar con un buen argumento ante la maravilla del amor terminé por lo menos ya 3 cuentos y reescribí otros 4 mas en diferentes ciudades; Puebla, Veracruz, Xalapa, Tlacotalpan, Orizaba, Catemaco, Minatitlán, Ciudad Mendoza, Tecamachalco, San Cristóbal de las Casas y Cosamaloapan. En todas ellas me he robado un ratito de ellos mismos, de la chica que me acompañó en mi cumpleaños y luego me abandono un día de otoño, de la señora guatemalteca que conocí y que procuro enseñarme el arte de la narrativa, y sin olvidarme de Puebla y Carlos Bárcenas, y las entrevista improvisada que le hice a Pedro Ángel Palou en Xalapa. Sin contar los hoteles de cinco estrella que conocí en Chiapas y el suelo en el que dormí en Tlacotalpan y los días trastornados e impúdicos de Catemaco y los días de temple en Orizaba.
De todos esos viajes me he aprovechado, los he sacudido, y llevo conmigo lo mejor en mi blog trotamundos que no se despega de mi, el día que lo hago terminara el peregrinar de mis palabras en este mundo de la hoja en blanco.

viernes, 30 de octubre de 2009

VINAGRE Y ROSAS.


JOAQUÍN SABINA ESTRENA LA CANCIÓN TIRAMISÚ DE LIMÓN COMO PRIMER SINGLE DE SU NUEVO ÁLBUM VINAGRE Y ROSAS, QUE SE PUBLICA EL 17 DE NOVIEMBRE



Cuatro años sin canciones de Joaquín Sabina son muchos años. Para romper este silencio que nos ha dejado durante tanto tiempo más solitarios sin su música, el 17 de noviembre se publica el álbum Vinagre y rosas con 13 nuevas canciones del emblemático autor y cantante. Como adelanto, llega el primer single Tiramisú de limón, una canción con letra de Joaquín Sabina y música de Pereza, que también la ha producido y la ha tocado. Leiva se ha hecho cargo de la batería, bajo, guitarras acústicas y eléctricas, pandereta y coros. Rubén de la guitarra eléctrica y coros. Es la primera vez que Joaquín Sabina y Pereza trabajan juntos en un álbum del cantautor, una unión explosiva para una gran canción, de las que uno no se saca de la cabeza.
“Hice un solo desafinado con las cenizas del amor, las verbenas del pasado gangrenan el corazón” canta Joaquín Sabina en Tiramisú de limón, una canción en medio tiempo que comienza con cierto aire porteño y después aparece bañada por el rock, con un sonido compacto y potente, enriquecida con el acordeón de César Pop y unos coros en los que aparecen Joan Manuel Serrat, Guti, Pancho Varona y Antonio Gª de Diego. Y una letra de esas a las que Joaquín Sabina nos tiene acostumbrados: “Acórtate la falda nueva, despiértate al oscurecer, túmbate al sol cuando llueva, no desordenes mi taller”.
Tiramisú de limón es el primer single de Vinagre y rosas, un álbum con canciones producidas (excepto Tiramisú de limón y Embustera, con Pereza en la producción) por Antonio Gª de Diego, Pancho Varona y José A. Romero, inseparables colegas, compañeros y equipo músico habitual de Joaquín Sabina. Viudita de Clicquot, Cristales de Bohemia, Parte metereológico, Ay! Carmela, Virgen de la Amargura, Agua pasada, Vinagre y rosas, Embustera, Nombres impropios, Menos dos alas, Crisis, Blues del alambique... Y como bonus track, Violetas para Violeta. Son las canciones de Vinagre y rosas, un álbum que se publica simultáneamente en dos formatos diferentes: en edición Libro-CD con dibujos y textos de Joaquín Sabina y en edición CD estándar.

Coincidiendo con la publicación de Vinagre y rosas el 14 de noviembre, Joaquín Sabina comienza una gira de presentación del álbum, cuyo primer concierto será el 20 de noviembre en el Multiusos Sánchez Paraíso de Salamanca. Las entradas para este concierto se agotaron en cinco días, lo que ha obligado a programar una segunda actuación el 21 de noviembre.



Vinagre y rosas rompe casi un lustro de silencio de Joaquín Sabina y su publicación tiene carácter de acontecimiento. Es el disco más esperado del año y llega el 17 de noviembre con Tiramisú de limón como adelanto y Pereza en el ajo. Sabina, siempre Sabina.


PRIMERAS GIRAS DE VINAGREYROSAS.

20/11/2009 Salamanca Pabellon Multiusos Sanchez Paraiso

21/11/2009 Salamanca Pabellon Multiusos Sanchez Paraiso

24/11/2009 Vigo Pabellón de las Traversas

26/11/2009 Zaragoza Auditorio – Sala Mozart

27/11/2009 Zaragoza Auditorio – Sala Mozart

29/11/2009 Valencia Palacio de Congresos

30/11/2009 Valencia Palacio de Congresos

03/12/2009 Pamplona Pabellón Anaitasuna

04/12/2009 San Sebastián Kursaal

06/12/2009 Bilbao Euskalduna

08/12/2009 Roquetas de Mar (Almería) Auditorio Municipal

09/12/2009 Roquetas de Mar (Almería) Auditorio Municipal

11/12/2009 Córdoba Pabellón Vistalegre

15/12/2009 Madrid Palacio de los Deportes

17/12/2009 Barcelona Palau Sant Jordi

19/12/2009 Granada Palacio de Congresos

22/12/2009 Málaga Pabellón Martín Carpena

15/01/2010 Trelew (Argentina) Trelew (Argentina)

20/01/2010 Buenos Aires (Argentina) Estadio Boca Juniors

29/01/2010 Mar de Plata (Argentina) Mar de Plata (Argentina)

02/02/2010 Montevideo (Uruguay) Estadio Centenario

05/02/2010 Córdoba (Argentina) Córdoba (Argentina)

07/02/2010 Rosario (Argentina) Estadio Newell

11/02/2010 Neuquen (Argentina) Casino Magic

martes, 27 de octubre de 2009

Entregan a UNAM el “Príncipe de Asturias”

Al recibir el galardón, el rector de la institución, José Narro, exige más recursos para la educación
OVIEDO, ESP.

El rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro, reivindicó este viernes el derecho a la educación, tras denunciar que "en muchos sitios no sea una prioridad o que se le escamoteen los recursos para su generación y transmisión".



Foto: AFP"La educación es vía de superación humana, por eso duele que en el mundo hoy vivan cerca de 800 millones de personas que no saben leer ni siquiera escribir
José Narro, rector de la UNAMLa educación es vía de superación humana, por eso duele que en el mundo hoy vivan cerca de 800 millones de personas que no saben leer ni siquiera escribir", dijo Narro, al recibir en el Teatro Campoamor, de esta ciudad, el prestigioso premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades de manos del príncipe Felipe.

Narro recordó a todos y cada uno de los que han pasado por la UNAM, porque "la distinción es de todos ellos y de las generaciones que hicieron la historia, incluidos aquellos extraordinarios hombres y mujeres del exilio español que nos enriquecieron hace 70 años".

Durante su discurso, cuestionó el desinterés de "algunos en la educación", y reivindicó una vez más el derecho a acceder a ella. El rector también abordó la actual crisis económica mundial.

Dijo que hay que aprovechar el fracaso del sistema financiero, para proponer nuevos esquemas de desarrollo que permitan a los jóvenes recuperar la esperanza en un futuro más alentador.

"El gran reto consiste en alcanzar un progreso donde lo humano y lo social sean lo verdaderamente importante", dijo. En el teatro se encontraban sus antecesores en el cargo: Juan Ramón de la Fuente, Guillermo Soberón, Jorge Carpizo, Octavio Rivero, José Sarukhán y Francisco Barnés de Castro.


LOS GANADORES
Norman Foster: Premio Príncipe de Asturias de las Artes


David Attenborough: Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales


Martin Cooper y Raymond Samuel Tomlinson: Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica


Yelena Isinbayeva: Premio Príncipe de Asturias de los Deportes


Organización Mundial de la Salud: Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional


UNAM: Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades


Ismaíl Kadaré: Premio Príncipe de Asturias de las Letras


Ciudad de Berlín en el XX Aniversario de la caída del muro : Premio Príncipe de Asturias de la Concordia
Felipe de Borbón destacó la labor de la UNAM "más allá de las aulas", su pasión "por el conocimiento y el amor a la enseñanza en libertad", y su contribución a "vertebrar, abrir y modernizar una sociedad que sin su existencia sería menos próspera y menos vital".

"Ha contagiado a la sociedad mexicana el culto a la justicia, a la tolerancia y a la democracia". Por último recordó su generosidad "con nuestros compatriotas que tras la Guerra Civil se vieron obligados a exiliarse a tierras americanas en condiciones difíciles y amargas".

Pero durante la velada de ayer no se habló sólo de educación. La doctora Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), quien recibió el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, denunció las desigualdades existentes en el mundo y dijo que "casi siempre resultan mortales en temas de salud".

"En la actualidad hay en el mundo enfermedades mortíferas como el sida, la malaria y la tuberculosis que no están aún bajo control", dijo.

De todos los premiados la más admirada fue la saltadora de pértiga, la rusa Yelena Isinbayeba (Deportes), que apareció con un sexy vestido largo con la espalda al aire y no paró de hacer reverencias tras recoger el premio.

Los más aplaudidos los estadounidenses Raymond S. Tomlinson y Martin Cooper (Ciencia e Innovación Tecnológica), inventores del correo electrónico y de la arroba. El más elegante el arquitecto británico Norman Foster (Artes); y el más tierno el naturalista David Attenborough (Ciencias Sociales).


El Nacional

miércoles, 21 de octubre de 2009

García Márquez, investigado por guerrillero.

Vincula expediente mexicano al escritor colombiano
Con la izquierda latinoamericana desde su llegada
A nuestro país en los años 60’s,
La investigación estuvo a cargo de
La desaparecida Dirección Federal de Seguridad (DFS).

DISTRITO FEDERAL/ MEXICO.
El UNIVERSAL.

El escritor colombiano Gabriel García Márquez, residente en México desde los años 60 y ya entonces ligado con la izquierda latinoamericana, posee un historial creado por la desaparecida Dirección Federal de Seguridad.
Los documentos hasta ahora inéditos de los servicios de inteligencia mexicanos revelan las actividades del premio Nobel desde que llegó al país, hasta la década de los años 80, época en la que los espías reportaron la manera en la que el autor de Cien años de soledad contactó a François Mitterrand y Regis Debray, consejero del presidente de Francia, con lideres políticos latinoamericanos, en especial de El Salvador, Chile y Colombia.
Era obvio que estaba fichado y sujeto a una vigilancia atenta desde los años 70’ cuando ya tenia su residencia como inmigrante en México, primero por el gobierno de Luis Echeverría (1970-1976) y después por el de José López Portillo (1976-1982).

Las actividades de Gabriel García Márquez, “Gabo”, como intermediario entre militares de la izquierda latinoamericana y el equipo de Mitterrand son uno de los episodios más amplios que consignan los documentos de la DFS, que estuvo a cargo de Miguel Nazar Haro, quien mantenía relativamente bien informados a gobernación y a Los Pinos.
Estos reportes están en custodia del Archivo General de la Nación.
De acuerdo con las evidencias de la DFS, el acecho al colombiano no llegó a penetrar su circulo intimo.
A lo más que alcanzó fue a intervenir sus conversaciones a través del teléfono.

lunes, 19 de octubre de 2009

A TI (Inventario de poemas)



YA ERA TIEMPO.

Ya era tiempo que se mesclaran la nieve
Y la tierra,
La mariposa y el grillo,
El ruido de los transeúntes de la ciudad con
El aire fresco y libre que corren en los cañaverales,
Dos bocas y dos corazones.
Ya era tiempo que estuvieras conmigo,
Qué casualidad te había esperado desde antes
De nacer, desde antes de amar.

Francisco Rico Hernández.
Orizaba, Veracruz.
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ME CURO.

Me curo de los fantasmas de la incertidumbre que vienen descalzos al filo del alba.
Me curo de comerme flores marchitas que me ofrecen mujeres insulsas en el entresuelo de los camastros del placer fríos y tristes.
Me curo de buscarle los pasos a los futuros sin domicilios y estragos de la imaginación.
Me curo de los ángulos, de las tentativas de la geometría y ensalmos de la ciencia.
Me curo de los feligreses que alaban a figuras secas y sin ninguna gota de vida.
Me curo del árbol que esta creciendo y que me niega el fruto prohibido.
Me curo de los policías, de los que cobran la renta, de los chismes, de la coca-cola, de los tacos, corrupción, gripe, prisas, mocos.
Me curo de los sobresaltos de la pasión sorda y besos salados que despabilan corazones aburridos de latir.
Me curo de las putas sin nombres y de las carteras violadas en las noches donde el sueño no aparece y el desosiego reina.
Me curo de los milagros perezosos y del sol que me quema la fe.
Me curo de las heridas que se curan con arena, de los zapatos rotos, del carmín del noviazgo de un sólo día.
Me curo de las palomas que me cagan en los octubres de devaneo y de la soledad que es mi amante y que desnudo cuando puedo.
Se curan, nos curamos, algunos, ellos no, ustedes si, éste no, él si, tú como aquel prefiere curarse los espantos de los amores sin consuelos y sin caducidad perfumados de mentiras que enaltecen la pobreza del amor.
Algunos no se curan de sonrisas sardónicas intempestivas que cortan y desgarran la piel de la inocencia.
Ellos no se curan de deudas cuando abren los ojos a la incompatibilidad de la verdad.
Ustedes se curan de inconsciencias y de panes de trigal.
Éste no se cura de peleas y amistades postergadas a la eternidad.
Él si se cura de promesas de cristal y boletos de viajero expreses.
Y yo no me curo de los laberintos de palabras que dicen tu boca y de los lunares de tu cuello, de los besos tuyos en mi manos y del perfume del recuerdo que se quedo conmigo.

francisco Rico Hernandez.
Cosamaloapan, Veracruz.
Octubre del
2008.
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CUANDO UNO ESTA ENAMORADO.

Cuando uno esta enamorado la noche dura un poco más.
Cuando uno esta enamorado los cuerpos se transforman a la virtud de la inconsciencia,
Cuando uno esta enamorado ya no hay espacios desocupados,
y el tiempo es solo un pretexto.
Cuando uno esta enamorado lo tangible lo vuelve loco,
sordo e inmune.
Cuando uno esta enamorado a prende a sobrevivir
muerto de amor estando vivo.

Francisco Rico.

Tecamachalco, Puebla.
Noviembre del 2008.
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Dos horas después.

Justamente hoy en la noche a las diez de la mañana me acordé de ti.
De pronto me vi soñando despierto mientras navegaba en un tren por el cielo. Muchas veces el dulce olor de café que tiene tu cuerpo me lleva a la nostalgia y no se me ocurre otra cosa más que ponerme azulmente herido.

Justamente ayer me acordé de ti y de pronto me dieron las ganas de tocarte, un rock and roll completo de emociones.
Apenas estaba yo pisando otro suelo, y sentía que al caminar contigo de la mano nadie podía parar nuestro camino. Muchas veces me había apretado el corazón y mordido la lengua cuando no quería ahuyentar al miedo, pero apareciste tú y así me sentía luego, luego el rey del mundo. ¿De qué hablamos cuando nos estorban las palabras? Cantamos a caso canciones de labios húmedos, de ojos cerrados, encontramos en ese instante emociones que despabilan al alma.
De vez en cuando recuerdo la sopa que no te comiste, tu agenda de Octavio Paz, los recuerdos de tu abuelo fumando su pipa, se me susurra al oído un deslenguado Brazos de sol. Ahora se que mi colección de ciudades me las van cobrando, te recuerdo rubia morena, mas guapa que ninguna, manguito de manila, carterita para el buen ladrón (yo).
Aun huelo el humo del cigarro tatuado en el aire de aquel café Lindo en la noche en que me vi envuelto en la locura febril de amarte apresuradamente. Estoy seguro que si el mesero no nos hubiera interrumpido como se esmero en hacerlo a lo largo de sus frecuentes intentos, yo te hubiera besado más de lo que esa noche te besé. Y aunque me sobraban más de seis cervezas, no puede evitar la noche trasnochada de echarte de menos, ya que le faltaban dos estrellas al cielo de esa noche, y las bajaron a ese hotel adonde me fui a meter y que me regalaba la urdía razón de tener dos camas vacías.

Me arrepiento de no haberte pedido un beso de más, de aun no aprender a jugar póker, a mi no me robaron el mes de abril, a mi me robaron el siglo XXI, me manché de los desamores que huelen, me iré con el lánguido argumento de la vida; dos horas después de amanecer.
Francisco Rico.
JULIO DEL 2009
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NUBES DE OTOÑO.

Aquí, es irreconocible la virtud del pasado, donde antes vos eras un poco más feliz.
Desafiaste los expresos de la fortuna, y aunque nunca quisiste reconocer ese "Me Tienes Entre Tus Manos" que una vez escribió Sabines eras siempre la misma cosa, frágil como la yerbabuena, suave como la respiración del gato, ese que nos maullaba cada vez que nos encontraba besándonos, el testigo del amor.
Recuerdo que recuerdo tus labios entreabiertos diciéndome en un perfecto italiano "Ti amo", tu escote magnifico, la prohibición de los encuentros presurosos del amor, del sexo.
Es como estar en guerra, eso a lo que tú llamaste " Un receso" Ya ves un mentiroso es peor que una hepatitis c, un cuento sin hadas.
Te cuento que de vez en cuando recaliento la sopa de tus besos, nada me cuesta mas trabajo que eso, Nena cuantas veces no quise regalarte el color del aire.
A veces quisiera escribirte un Blues, pero luego, luego recuerdo que no se tocar la guitarra, y me siento triste, por no ponerle una canción a tu abandono.


Aun tengo miedo de encontrarte de seguro lo sabes, me fumo mas de una cajetilla cuando pienso en ti, no tengo desconsuelos en los bares cuando el desvelo y el desosiego me invaden. Ahí en la mesa del bar al que fuimos en Septiembre pienso regresar, aunque reniegue la ironía de las vueltas del colirio, de la emancipación de los besos, de los sobresaltos de la pasión.
Eso de la nostalgia me es peor que un dolor de muelas, vos sabes que soy muy frágil a pesar de que no lo aparento...

p.d me prestas unos brazos de sol?


Francisco Rico
19 de julio.
Orizaba Veracruz.
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HAY AMORES.

Hay amores de un día que no se olvidan en años,
Hay amores que suavecito te van clavando los
cuchillos de la perdición,
Hay amores tan culpables como el inocente
que apedrea el zaguán de la fe del corazón.
Hay amores de blues de veranos que se escuchan
cuando se suele extrañar.

Hay amores que matan, que no perdonan,
que te cobran recibos de tanto esperar,
Hay amores que matan, que te van acabando,
que buscan el grifo del agua para poder escapar,
Hay amores tan dolores.

Hay amores con aroma a cigarros que se apagan
un día y que se vuelven a fumar,
Hay amores tan mentirosos que te duermen con
cuentos de hadas y te besan la frente por si
se te ocurre despertar.
Hay amores que si valen la pena, pero son tan ajenos
a mi realidad.

Hay amores que matan, que te hierven la sangre,
hay amores que Marisa no sabe apreciar,
Hay amores tan puros, hay amores sencillos,
de ilusiones, hay amores tan míos, hay amores tan
dolores que duran una eternidad.

Francisco Rico Hernández.
28 de julio del 2009.
Orizaba, Veracruz
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Acuérdate.

Acuérdate bien cuando aquella noche al filo de las once, íbamos caminando por las calles, si, claro que nos tomamos de la mano mientras cantábamos "Yo quiero ser una chica Almodóvar". No tenías porque asustarte cuando aquel perro te ladró, sabias que estaba yo ahí para defenderte. Nunca supe que hacer cuando trataste de bailar y lo único que se me ocurrió fue bailar contigo sin música en plena acera, y terminamos besándonos debajo de esa farola que nos alumbraba el alma.

Decía un poeta, que los amores a primera vista son los únicos que valen, y lo supe de inmediato cuando te vi por primera vez sentada a lado mío, y lo asenté cuando entablamos aquella conversión de minutos.
Por eso cuando llegamos a esa esquina y escuchamos los trenes enseguida supe que los amorosos se despiden dolorosamente entre trenes...
Cuando me enredé en tu cintura con la sana intención de no dejarte ir recuerdo que me besaste, y me abrazaste y nos miramos." Tu mirada me hizo sentir el abordaje del amor, sensaciones de ternura." Después al escuchar tus pasos lejanos y decidida de irte no aguante, y lo sabes, y de nuevo fui a ti, como un niño que no abandona sus sueños, como un hombre sin mas religión que el cuerpo tuyo Bella. Te besé, recuérdalo, y nos miramos, y terminamos por hundirnos en el hueco que deja la ansiedad.
Siempre recuerdo cuando cerré los ojos, si, los cerré después de que vi que tu cuerpo se alejaba y se convertía en la ausencia.
Bella, eres bella porque de algún modo me lo dicen tus ojos, tus labios....
Nunca olvidaré los detalles tuyos que se convirtieron en los muy míos, ahora casi siempre nunca paro de viajar hacia ti, claro solo con la imaginación.

Te veías mas hermosa besándome..."

Cosamaloapan, Veracruz.
Francisco Rico
Septiembre del
2009.






----- P.d, Feliz Cumpleaños.
"Nuca supe que los seres humanos crecieramos
mas rapido que los poemas".

jueves, 15 de octubre de 2009

La Recámara Secreta

Son bellas las dos hadas que vuelan
en la atmósfera del humo, en el santo sacramento
del pan y del vino se acomodan, en la recámara secreta
de la noche comparten los abriles de su perdición y
desosiegos de los viernes en las altas horas.
Casi siempre juntas van de la mano, y cuando
hay frío o llueve se desnudan entre besos y caricias.
Julietas sin prisas de Romeros, margaritas desojadas,
noches lambidas, cenicientas sin pares, lunas menguantes
en los vientres, vísperas huérfanas del tiempo,
montes de Venus contra las leyes, traje de luces,
gatitas en cueros, almas sin domesticar, tragos a la Madonna y
a la Spears, tienen academias de corte y confección del amor.
Primores de algodón.
Ahora que están las estrellas con sus nombres,
y el olvido tan lejos deberían descubrirse entre miradas,
desabrochar escotes como un mandamiento, asaltar la razón
en la blasfemia de una oración. De seguro con eso Lennon
les compondrá una canción.
Aquí estoy en tablas en el ajedrez y las miro de cerca
aclarando el azar de las señoritas, vendiendo madrugadas
al día siguiente, contándole a la gente una falsa intelectualidad.
Mientras ustedes pueblan de besos sus bocas y se van prometiendo
jardines con chocolates y terrones de azúcar yo me fumo
a la buena salud otro cigarrillo, y me quedo sentado en la
banca de la segunda división.



Julio del 2009.
Francisco Rico Hernandez.

jueves, 8 de octubre de 2009

HOTEL


Recuerdo que era noviembre. Si, ese mes era, porque recuerdo que en la recepción del hotel condenado a dos estrellas al que fui me robé de la ofrenda un dulce.
A la señora que mostraba los estragos del desvelo en su rostro le pagué el peaje barato que me daba la entrada al paraíso, ella me asignó el cuarto numero siete y entonces pensé: — Es el número de la suerte. Desafortunadamente olvidé por error el nombre de aquel lugar, templo del morbo y descanso para los viajeros pobres en busca de nada. Sólo se que estaba ubicado en el callejón Pino Suárez, son de esos que casi nadie camina en las horas del desvelo. El hotel era de cuatro pisos, con luces de neon en la recepción, misma que tenia espejos colgados en cualquier espacio en la pared y un anuncio de Coca-Cola en una lamina oxidada.
Mientras subía las escaleras estaba pensando si lo que iba hacer a mi edad era lo correcto. Entonces para no hacerle caso a la moral encendí un cigarro de mi cajetilla nueva. Al llegar al segundo piso caminé por el pasillo sombrío y abigarrado, a consecuencia de los nervios la llave de la habitación se me cayó antes de meterla al cerrojo.
— Mierda — dije—.
Las levanté y a continuación me dispuse a abrir la puerta. Al entrar al cuarto encendí el apagador y me encontré de frente con un ambiente triste, con una cama compartida con tantas gentes, con un olor a nada, con el cementerio exacto de amores claudicados y el lugar de receso de aventuras fervientes. Me encontré con el espacio vacío de mil vidas vividas. En el cuarto de hotel había dos sillas, una cama individual, un baño pequeño y un buró de madera apolillado con un cenicero con el nombre de otro hotel. Deslicé las cortinas de la ventana y miré hacia la calle y me distrajo un gato negro que me miró fijamente. Tuve que alejarme de la ventana por aquella sensación que me dio al ver al gato. Me acosté en la cama y para entonces encendí otro cigarro y evoqué algunas aventuras que años atrás realicé en cuartos como este con tanto fervor. No había notado que un espejo se establecía en el techo, justamente arriba de la cama, creo que para elevar los egos de los amantes de una hora. Me sentí un poco avergonzado por estar mas solo que un espantapájaros en el lugar más indicado para realizar el ejercicio básico de buscar en el sexo las sobras de los amores caducados.
Para entonces mi celular sonó al ritmo de Barbie súper Star de Joaquín Sabina.
— Hola — dije —.
— Te habían dicho que estás loco — agregaba ella — a tu edad como se te ocurren
tantas pendejadas.
— Vas a venir ¿Si o no?
— Esta bien, en cinco minutos llego — finalizó Isis—.

En la puerta, con una puntualidad estricta se escucharon los llamados de Isis. Me apresuré a abrirle la puerta y cuando la vi le dije:
— Tu puntualidad me asusta.
— No todos somos como tú de impuntuales.
— Te ves terriblemente bella — apunté—.
— Dime algo que no sepa — dijo con desden ella—.
— ¿Y dime como supiste en que cuarto estaba yo?
— Pregunté por ti en recepción, eres el único pendejo que viene a un lugar como este y solo.
— Se llama hotel Isis, y ahora tú estas conmigo, pasa.
Ella entró al cuarto y apenas se atrevió a mirar el lugar. Isis no lucia tan hermosa como le dije, pero para ser sincero si era muy bonita. Llevaba puesto un vestido de gala color lila escotado de una sola pieza, unas zapatillas doradas que combinaban con su bolso de mano, el aroma de su perfume de Carolina Herrera que tenia impregnaba un olor diáfano a flores frescas, su cabello lo tenia suelto, y las uñas de sus manos eran perfectas, con sus ojos de atardecer y su maquillaje sutil mostraba su belleza al natural; una belleza de Caribe, diría yo. Isis se acomodó en una silla mientras yo la miraba aun ubicado detrás de la puerta sin saber que decirle.
— ¿Quieres que pidamos unas cervezas o una botella de tequila? — me preguntó —.
— Tequila, hoy no tengo ganas de vomitar.
— Me parece bien.
— Espérame un momento bajaré a pedir la botella y unos vasos y hielo— le dije—.
— Toma mi tarjeta de crédito, es que no tengo mucho efectivo— agregó ella—.
— No jodas, ¿Crees que en un lugar como este aceptan tarjetas de crédito?
— No verdad.
— No.
— Perdón no te enojes, además esta noche contigo no quiero pelear, hoy no. — me dijo Isis—.
— No te preocupes no lo haremos.
Ella me sonrió sinceramente y entonces salí de la habitación y bajé comprar las cosas a la recepción.
Antes de partir de nuevo al cuarto la señora me preguntó sin miramientos; ¿Quiere usted condones joven? Me detuve un momento a pensar en lo que me había preguntado, y saliéndome de la abstracción me atreví a lanzarle la respuesta tímidamente: No, gracias.
Cuando llegué al cuarto Isis me dijo que esta noche podría ser muy larga. Después nos
servimos el tequila con refresco acompañado por un par de peces de hielo. Brindamos y nos bebimos la primera copa en un sólo sorbo. Saqué mí cajetilla y encendí un cigarro.
— ¿Quieres un cigarro?
— No, gracias ya dejé de fumar.
— Me parece perfecto— le dije—.
— Gracias por preocuparte por mi salud — me agradecía —.
— No era eso. Digo que me parece perfecto que ya no fumes, así no tendré que compartir mis cigarros.
— Eres un idiota — finalizó Isis—.
Si ella me hubiera preguntado el motivo por el cual estaba conmigo en un hotel, yo no hubiera encontrado la justificación adecuada que me exonerara de cualquier cargo con culpa. Sin embargo sabia con mucha lucidez que este lugar era el idóneo para que los dos estuviéramos solos, mas unidos que nunca, este hotel de mala muerte para mi era la boca de Dios. Ahí no había nada de prisas, miedos, muertes, hambre, mentiras, menstruación. No alcancé a notarlo antes pero vislumbré que en el dedo medio de la mano izquierda tenía un anillo de oro, ella notó que mi vista descubrió su prematuro secreto, mientras se lo sacaba del dedo me dijo:
— Justamente hoy me pidió que fuera su esposa.
— Tú lo has dicho Isis, justamente e inconvenientemente hoy.
— Aun no sé si lo amo.
— ¿Es abogado verdad? — le pregunté—.
— Si — contestó un poco confundida—.
— Dicen que los abogados saben poco de amor, pues el amor se cohíbe en los juzgados — agregué—.
Entonces ella se atrevió a decirme el mejor piropo de toda la noche: — Eres un hijo de puta.

No podría creer que esa mujer que no pasaba de los veintidós años tuviera una propuesta tan indecorosa como la propuesta del matrimonio. Nos servimos otra copa de tequila, y algo había ahí que me inspiraba el desgarramiento de mi timidez.
— Fúmate un cigarro, te hará bien— insistí—.
— Creo que tienes razón, dame un uno.
Yo había sido el culpable de que ella aprendiera a fumar. Años atrás una noche, en un portón que no era el de su casa ni el de la mía le confesé inoportunamente que me gustaba, le propuse de la manera menos indicada que fuera mi novia, Isis por esos años no se atrevió a responderme, sólo me pidió un cigarro y sin darnos cuenta entre los dos nos acabamos una cajetilla hablando de lo que sentíamos. Desde ese momento comenzó a fumar.
— ¿Porqué lo nuestro no funcionó?
— Tú lo arruinantes — afirmó ella—.
— ¡Yo!
— Si tú compañerito. Éramos buenos amigos, nos entendíamos, me escuchabas, me escribiste poemas. Pero después los dos no nos aguantábamos, discutíamos mucho, por culpa de nuestro carácter que son incompatibles. Además que le gustabas a mi prima.
— Mierda no sólo fue mi culpa, usted señorita también la cagó. Eras un crucigrama para mí. Además no exageres sólo te escribí dos poemas — aclaré —.
— Mejor cállate, no quiero discutir contigo como siempre. Además te informó que hubo otra cosa por la que no fuimos novios, ese pequeño detalle fue el hecho que eras muy mujeriego— añadió con remilgos—.
— No jodas Isis, te repito hasta la noche de luna que Merari sólo era mi amiga.
— Por favor francisco no me hagas reír, eres hasta descarado.
— Te informo que ya soy mas maduro que antes.
— Esta bien — dijo ella—.
La noche se hacia mas vieja, y las horas del desvelo y de los excesos hicieron acto de presencia en los cuartos vecinos. Me levanté de la cama en donde estaba sentado y tomé el cenicero lleno de colillas y lo vacié en el cesto del baño. Isis se sirvió otra copa de tequila y empezó con su clásico jueguito de halarse el cabello, luego me miró, cruzó las piernas y sensualmente me pidió que le encendiera el cigarrillo. Lo hice mientras me temblaban las manos. Después me senté en la cama y me quité el abrigo, ella tuvo el descaro de invadir mi espacio y se sentó en la cama, junto a mí. Sabía que ese acto de locomoción correspondía al evento pronosticado por el cual estábamos en aquel lugar. Isis me tomó de la mano y me susurró sin preámbulos al odio:
— Háblame de ella, de la bella.
— Me estremecí.
— No — apunté con autoridad—.
— Ha estas horas aquí, eso seria lo mas decente y romántico — me dijo—.
— Te puedo contar de muchas cosas; de la puta de mi vecina, de las preocupaciones que no tengo, te puedo hablar de literatura, de los abogados y hasta de política, pero por favor no me pidas que te hable de la bella.
— Es ahora o nunca — sentenció—.
Cuando me disponía por fin hablarle de la bella el momento fue destemplado por los ruidos que venían de la puerta. Presuroso atendí el llamado. Cuando abrí la puerta lo reconocí a primera vista aunque se hubiera dejado el cabello largo, era César y le dije:
— Carajo hubiera preferido que me partiera un rayo.
— Buenas noches Julianito — dijo con ánimos de fiesta—.
— ¿Y tú impúdico animal adicto a la inmoralidad como supiste que estaba yo aquí? — le pregunté —.
— Me llamó a mi móvil Isis, y me dijo que viniera. Cabrón se que te gusta dejar nombres falsos, pero el que dejaste esta vez en recepción me pareció muy gay, no mames “Julián”, que maricon me saliste — me dijo burlándose César—.
Isis se rió brevemente y a continuación César pasó y nos preguntó que carajos hacíamos los dos solos en un hotel, con tequila, cigarros, y cuestionó por ende el porque Isis estaba en la cama sentada despeinada y yo sin mi abrigo. No le di explicaciones ni ella tampoco.

— ¿Que hacemos para que valga la pena este desvelo? — preguntó César—.
— Quiero que “Julianito” — decía Isis mientras se burlaba — nos cuente ahora si de la bella.
— No hay gran cosa que contar, porque no mejor nos emborrachamos hasta perder el conocimiento — propuse—.
— Ni madres cabrón. Tú algo tienes, desde que regresaste de Xalapa estas más raro que de costumbre — me dijo César—. Tienes que contarnos acerca de la bella.
— Sabias César que Isis se va a casar — interrumpí—.
— ¿En verdad?
— No mames cabrón, no cambies el tema — apuntó Isis enfadada—.
— ¿En verdad te vas a casar Isis? — volvió a preguntar César—.
— Según ella, pero cometería un gran error si se casa con él, ni siquiera esta convencida de hacerlo — agregué—.
— Si estoy convencida, pero aun no se si lo amo — dijo Isis confundida—.
— Ves Cesar lo que te digo, como entender a las mujeres si ellas mismas se contradicen. Esta mujer, ¿Acabas de escuchar su confuso argumento?
— Los hombres son unos pendejos, ustedes tienen en su naturaleza la capacidad de arruinarlo todo y precipitar los hechos con sus prisas — aclaraba ella— si las cosas salen mal nos culpan. Nosotras siempre pedimos a hombres que nos escuchen, que sean tiernos y que nos hagan sentir respetadas y amadas.
— ¿Entonces por que luego andan de novias con cada barbaján? — preguntó Cesar—.
— No les digo que los hombres son unos brutos, eso es lo que “pedimos”, pero no muchas veces es lo que necesitamos, lo que queremos es un hombre que nos haga sentir mujer en todos los aspectos — nos dijo Isis —. Pero claro también tienen que ser tiernos y amarnos.
— No mames de cual te fumaste Isis, como es eso que lo que piden las mujeres a veces no es lo que necesitan — dijo mi amigo —.
— Yo si lo entiendo. Las mujeres son un misterio, un dulce misterio, por eso me gustan tanto — finalicé—.
Para entonces César se había servido una copa de tequila, encendió un cigarro y caminó rumbo a la ventana y contempló la avenida desabitada, por mi parte me recosté en el hombro de Isis y me sentí más cómodo, ella deslizó su mano en mi antebrazo y se sorprendió de la suavidad de mi piel. Mi amigo se bebió otra copa de tequila y encendió otro cigarrillo. Tenia claro que aquel cuartucho mismo que estábamos compartiendo con tantas gentes que alguna vez estuvieron antes que nosotros, el cual se acostumbró por el paso de los años a escuchar innumerables historia ya caducadas por el tiempo tenia en amparo a un trío de seres humanos que no encontraban un escaparate maravilloso para ser felices a plenitud.
— Saben me estoy acordando de La canción de las noches perdidas de Joaquín Sabina — dije—.
— Tú y tu puto Joaquín Sabina ya me tienes harto con ese maricon — apuntó César—
— Dinos si siempre nos vas a contar de la bella.
— Si, pero no toda la historia, prometí que seria lo que vivimos ella y yo un secreto.
— Que político me saliste — dijo César—.
— A mi me parece romántico — apuntó ella—.
Enseguida les empecé a narrar mi historia, omitiendo en verdad muchos detalles y eventualidades que prometí no contar. Entre algunas cosas que les dije fue que nos fumamos dos cajetillas, por igual forma les conté que mientas caminaba con ella de la mano y la besaba mi alma desvariaba de alegría, que con tan sólo respirar su cuello lugar de paz y de sus lunares yo me sentía insultantemente feliz. También agregué que bailamos salsa en la calle y que le regalé una rosa en el café que frecuentamos y que tuvimos el acuerdo gentil de enviarnos cartas por el correo postal.
— Que romántico — me dijo Isis mientras me tomaba del hombro—.
— Que loco eres — concluyó mi amigo—.
Después escuchamos unos alaridos de placer que provenían del cuarto vecino, Cesar se apresuro a abrir la puerta y atento escuchaba los gemidos intermitentes. Isis se empezó a carcajear y yo reprimí a mi amigo, a él no le importó lo que le dije, por eso le hice la broma de tocar la puerta del cuarto del placer y corrí a prisa a nuestra habitación y cerré la puerta dejándolo a fuera. — Eso le pasa por caliente, le dije a Isis.
Entre ella y yo nos acabamos lo que sobraba de la botella, impasibles a las rogativas de Cesar por entrar. Que noche tan inesperada y hasta extraña la que pasamos en ese hotel de dos estrellas. Todo estaba bien, hasta que Isis rompió el encanto.
— Mierda, no puedo ser todas las mujeres en una. Mi madre desea que fuera mejor hija, que fuera mejor estudiante, y ahora me presionan con eso del matrimonio. Necesito un espacio para mí. Sabes por eso también acepte tu invitación.
— No quiero te pongas triste, tu eres una gran persona con una capacidad intelectual y espiritual inmensa sin lugar a dudas puedes con esos menesteres — le dije—.
— No es que no me sienta capas, simplemente que tengo un poco de miedo a despertar agresivamente a una realidad que desconocía — me dijo—.
— Sabes que cuentas conmigo, yo te quiero mucho.
Ella me miró como ya hacia tiempo había dejado de mirarme. Yo la tomé de la mano y entonces cuando todo era sublime, Isis vomito. Yo me alejé de ella y corrí a abrirle la puerta a César.
— ¿Adónde esta Isis?
— En el baño.
— Vomitando.
— Si.
Yo me sentía un poco confundido, y por igual estaba sintiendo los estragos del tequila y del desvelo, eran las cuatro de la madrugada.
— No dejo de pensar en la bella.
— ¿En verdad?
— Si. Estoy demasiado involucrado, la quiero mucho, la quiero volver a ver.
— ¿Y no estarás bautizando de amor, lo que de seguro es compañía? , tal vez es como las demás mujeres de mentirosas — me dijo—.
— No creo. Yo se que aun hay mujeres que valen la pena por estos días en este mundo tan convulsionado. Es especial. No se explicártelo pero en un día normal, nosotros dos lo hicimos especial, fue una magia mutua que no estaba planeada y que más sin embargo se apareció. Fue sencillamente maravilloso haber compartido un pedazo de mi vida con ella, con la bella.
— Ojala.
Para entonces Isis había regresado y empezamos a contar un poco de nuestras vidas vividas en un tiempo de hace años atrás. Al terminar la reunión en un amanecer azul, nos despertamos a la realidad y dejamos aquel cuartucho de hotel que guardaría por el resto de su vida esa noche mágica y sensacional que pasamos.
— ¿Porque escogiste como reunión un hotel? — preguntó ella—.
— Digamos que para mi son los lugares mas oportunos, solos, grises, esporádicos, y en donde todos vienen con la seguridad que una mañana al despertar no se acordaran de nada— respondí— es un lugar que ami me gusta por que ahí la soledad te da las alas para volar al mundo de la literatura, es algo muy raro, para explicar.
— Acuérdate que fue en noviembre que venimos — dijo Cesar—.
— Si.
— ¿Y como se llama este hotel? — preguntó mi amiga—.
— No, eso si no lo preguntes — le dije—.
— ¿Porque? — Preguntó Cesar—.
— Porque la memoria luego encuentra caminos de regreso.


Francisco Rico Hernandez.

martes, 6 de octubre de 2009

sábado, 3 de octubre de 2009

Macario

Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas. Anoche, mientras estábamos cenando, comenzaron a armar el gran alboroto y no pararon de cantar hasta que amaneció. Mi madrina también dice eso: que la gritería de las ranas le espantó el sueño. Y ahora ella bien quisiera dormir. Por eso me mandó a que me sentara aquí, junto a la alcantarilla, y me pusiera con una tabla en la mano para que cuanta rana saliera a pegar de brincos afuera, la apalcuachara a tablazos... Las ranas son verdes de todo a todo, menos en la panza. Los sapos son negros. También los ojos de mi madrina son negros. Las ranas son buenas para hacer de comer con ellas. Los sapos no se comen; pero yo me los he comido también, aunque no se coman, y saben igual que las ranas. Felipa es la que dice que es malo comer sapos. Felipa tiene los ojos verdes como los ojos de los gatos. Ella es la que me da de comer en la cocina cada vez que me toca comer. Ella no quiere que yo perjudique a las ranas. Pero, a todo esto, es mi madrina la que me manda a hacer las cosas... Yo quiero más a Felipa que a mi madrina. Pero es mi madrina la que saca el dinero de su bolsa para que Felipa compre todo lo de la comedera. Felipa sólo se está en la cocina arreglando la comida de los tres. No hace otra cosa desde que yo la conozco. Lo de lavar los trastes a mí me toca. Lo de acarrear leña para prender el fogón también a mí me toca. Luego es mi madrina la que nos reparte la comida. Después de comer ella, hace con sus manos dos montoncitos, uno para Felipa y otro para mí. Pero a veces Felipa no tiene ganas de comer y entonces son para mí los dos montoncitos. Por eso quiero yo a Felipa, porque yo siempre tengo hambre y no me lleno nunca, ni aun comiéndome la comida de ella. Aunque digan que uno se llena comiendo, yo sé bien que no me lleno por más que coma todo lo que me den. Y Felipa también sabe eso... Dicen en la calle que yo estoy loco porque jamás se me acaba el hambre.
Mi madrina ha oído que eso dicen. Yo no lo he oído. Mi madrina no me deja salir solo a la calle. Cuando me saca a dar la vuelta es para llevarme a la iglesia a oír misa. Allí me acomoda cerquita de ella y me amarra las manos con las barbas de su rebozo. Yo no sé por qué me amarra mis manos; pero dice que porque dizque luego hago locuras. Un día inventaron que yo andaba ahorcando a alguien; que le apreté el pescuezo a una señora nada más por nomás. Yo no me acuerdo. Pero, a todo esto, es mi madrina la que dice lo que yo hago y ella nunca anda con mentiras. Cuando me llama a comer, es para darme mi parte de comida, y no como otra gente que me invitaba a comer con ellos y luego que me les acercaba me apedreaban hasta hacerme correr sin comida ni nada. No, mi madrina me trata bien. Por eso estoy contento en su casa. Además, aquí vive Felipa. Felipa es muy buena conmigo. Por eso la quiero...
La leche de Felipa es dulce como las flores del obelisco. Yo he bebido leche de chiva y también de puerca recién parida; pero no, no es igual de buena que la leche de Felipa... Ahora ya hace mucho tiempo que no me da a chupar de los bultos esos que ella tiene donde tenemos solamente las costillas, y de donde le sale, sabiendo sacarla, una leche mejor que la que nos da mi madrina en el almuerzo de los domingos... Felipa antes iba todas las noches al cuarto donde yo duermo, y se arrimaba conmigo, acostándose encima de mí o echándose a un ladito. Luego se las ajuareaba para que yo pudiera chupar de aquella leche dulce y caliente que se dejaba venir en chorros por la lengua... Muchas veces he comido flores de obelisco para entretener el hambre. Y la leche de Felipa era de ese sabor, sólo que a mí me gustaba más, porque, al mismo tiempo que me pasaba los tragos, Felipa me hacia cosquillas por todas partes.
Luego sucedía que casi siempre se quedaba dormida junto a mí, hasta la madrugada. Y eso me servía de mucho; porque yo no me apuraba del frío ni de ningún miedo a condenarme en el infierno si me moría yo solo allí, en alguna noche... A veces no le tengo tanto miedo al infierno. Pero a veces sí. Luego me gusta darme mis buenos sustos con eso de que me voy a ir al infierno cualquier día de éstos, por tener la cabeza tan dura y por gustarme dar de cabezazos contra lo primero que encuentro. Pero viene Felipa y me espanta mis miedos. Me hace cosquillas con sus manos como ella sabe hacerlo y me ataja el miedo ese que tengo de morirme. Y por un ratito hasta se me olvida... Felipa dice, cuando tiene ganas de estar conmigo, que ella le cuenta al Señor todos mis pecados. Que irá al cielo muy pronto y platicará con Él pidiéndole que me perdone toda la mucha maldad que me llena el cuerpo de arriba abajo. Ella le dirá que me perdone, para que yo no me preocupe más.
Por eso se confiesa todos los días. No porque ella sea mala, sino porque yo estoy repleto por dentro de demonios, y tiene que sacarme esos chamucos del cuerpo confesándose por mí. Todos los días. Todas las tardes de todos los días. Por toda la vida ella me hará ese favor. Eso dice Felipa. Por eso yo la quiero tanto... Sin embargo, lo de tener la cabeza así de dura es la gran cosa. Uno da de topes contra los pilares del corredor horas enteras y la cabeza no se hace nada, aguanta sin quebrarse. Y uno da de topes contra el suelo; primero despacito, después más recio y aquello suena como un tambor. Igual que el tambor que anda con la chirimía, cuando viene la chirimía a la función del Señor. Y entonces uno está en la iglesia, amarrado a la madrina, oyendo afuera el tum tum del tambor... Y mi madrina dice que si en mi cuarto hay chinches y cucarachas y alacranes es porque me voy a ir a arder en el infierno si sigo con mis mañas de pegarle al suelo con mi cabeza. Pero lo que yo quiero es oír el tambor. Eso es lo que ella debería saber.

Oírlo, como cuando uno está en la iglesia, esperando salir pronto a la calle para ver cómo es que aquel tambor se oye de tan lejos, hasta lo hondo de la iglesia y por encima de las condenaciones del señor cura...: "El camino de las cosas buenas está lleno de luz. El camino de las cosas malas es oscuro." Eso dice el señor cura... Yo me levanto y salgo de mi cuarto cuando todavía está a oscuras. Barro la calle y me meto otra vez en mi cuarto antes que me agarre la luz del día. En la calle suceden cosas. Sobra quién lo descalabre a pedradas apenas lo ven a uno. Llueven piedras grandes y filosas por todas partes. Y luego hay que remendar la camisa y esperar muchos días a que se remienden las rajaduras de la cara o de las rodillas. Y aguantar otra vez que le amarren a uno las manos, porque si no ellas corren a arrancar la costra del remiendo y vuelve a salir el chorro de sangre. Ora que la sangre también tiene buen sabor aunque, eso sí, no se parece al sabor de la leche de Felipa... Yo por eso, para que no me apedreen, me vivo siempre metido en mi casa. En seguida que me dan de comer me encierro en mi cuarto y atranco bien la puerta para que no den conmigo los pecados mirando que aquello está a oscuras.
Y ni siquiera prendo el ocote para ver por dónde se me andan subiendo las cucarachas. Ahora me estoy quietecito. Me acuesto sobre mis costales, y en cuanto siento alguna cucaracha caminar con sus patas rasposas por mi pescuezo le doy un manotazo y la aplasto. Pero no prendo el ocote. No vaya a suceder que me encuentren desprevenido los pecados por andar con el ocote prendido buscando todas las cucarachas que se meten por debajo de mi cobija... Las cucarachas truenan como saltapericos cuando uno las destripa. Los grillos no sé si truenen. A los grillos nunca los mato. Felipa dice que los grillos hacen ruido siempre, sin pararse ni a respirar, para que no se oigan los gritos de las animas que están penando en el purgatorio. El día en que se acaben los grillos, el mundo se llenará de los gritos de las ánimas santas y todos echaremos a correr espantados por el susto. Además, a mí me gusta mucho estarme con la oreja parada oyendo el ruido de los grillos. En mi cuarto hay muchos. Tal vez haya más grillos que cucarachas aquí entre las arrugas de los costales donde yo me acuesto. También hay alacranes. Cada rato se dejan caer del techo y uno tiene que esperar sin resollar a que ellos hagan su recorrido por encima de uno hasta llegar al suelo. Porque si algún brazo se mueve o empiezan a temblarle a uno los huesos, se siente en seguida el ardor del piquete. Eso duele.
A Felipa le picó una vez uno en una nalga. Se puso a llorar y a gritarle con gritos queditos a la Virgen Santísima para que no se le echara a perder su nalga. Yo le unté saliva. Toda la noche me la pasé untándole saliva y rezando con ella, y hubo un rato, cuando vi que no se aliviaba con mi remedio, en que yo también le ayudé a llorar con mis ojos todo lo que pude... De cualquier modo, yo estoy más a gusto en mi cuarto que si anduviera en la calle, llamando la atención de los amantes de aporrear gente. Aquí nadie me hace nada. Mi madrina no me regaña porque me vea comiéndome las flores de su obelisco, o sus arrayanes, o sus granadas. Ella sabe lo entrado en ganas de comer que estoy siempre. Ella sabe que no se me acaba el hambre. Que no me ajusta ninguna comida para llenar mis tripas aunque ande a cada rato pellizcando aquí y allá cosas de comer. Ella sabe que me como el garbanzo remojado que le doy a los puercos gordos y el maíz seco que le doy a los puercos flacos. Así que ella ya sabe con cuánta hambre ando desde que me amanece hasta que me anochece. Y mientras encuentre de comer aquí en esta casa, aquí me estaré. Porque yo creo que el día en que deje de comer me voy a morir, y entonces me iré con toda seguridad derechito al infierno. Y de allí ya no me sacará nadie, ni Felipa, aunque sea tan buena conmigo, ni el escapulario que me regaló mi madrina y que traigo enredado en el pescuezo... Ahora estoy junto a la alcantarilla esperando a que salgan las ranas.

Y no ha salido ninguna en todo este rato que llevo platicando. Si tardan más en salir, puede suceder que me duerma, y luego ya no habrá modo de matarlas, y a mi madrina no le llegará por ningún lado el sueño si las oye cantar, y se llenará de coraje. Y entonces le pedirá, a alguno de toda la hilera de santos que tiene en su cuarto, que mande a los diablos por mí, para que me lleven a rastras a la condenación eterna, derechito, sin pasar ni siquiera por el purgatorio, y yo no podré ver entonces ni a mi papá ni a mi mamá que es allí donde están... Mejor seguiré platicando... De lo que más ganas tengo es de volver a probar algunos tragos de la leche de Felipa, aquella leche buena y dulce como la miel que le sale por debajo a las flores del obelisco...



juan Rulfo.
DEL libro / EL LLANO EN LLAMAS.

viernes, 2 de octubre de 2009







Tu vientre es el milagro cumplido, caliente
Como tus labios.
Estas enfrente de mí y el aire que sale de
Mi nariz se quiebra, se mete en pedacitos
Por tu boca para marcar como territorio
Mío; tu cuerpo.

Te miro desnuda y sé que tu cuerpo
Está hecho para mí, como el sol al día.
Tus pezones de inmaculada me amenazan
Y se deleitan con mi lengua provisora de
Paz.
Tu respiración intermitente me acelera el
Corazón, y a veces me arrepiento de pensar
En ti y en todas.

Como hablarle a tu cuerpo, como enseñarle a
Leer mis caricias, mis besos.
¿Cómo alimentar a tu cuerpo?, me pregunto.
Con lirios de abrazos, con rosas de besos, con
Agua de primavera.
Amo a tu cuerpo, tu infinito cuerpo de
Hembra de fabula, de ser divino.
A tu cuerpo lo resumo en una palabra: mío.

Le agradezco a Dios porque todos los días
Puedo huir del mundo y sus complejos metido
En tu bendito cuerpo.

Posdata; sabes que aun tengo
ese colchon de nubes y esta
guardado para ti.

Francisco Rico Hernández

miércoles, 30 de septiembre de 2009

La Muerte es una Joda

Gerardo:
qué tal? Estoy en México, distrito federal, o mejor dicho DF, para evitar la rima en prosa, algo que, según recuerdo, figura entre tus alergias de lector. Hace quince días que llegué y tal vez me quede (ya te indicaré más adelante el porqué de esa inseguridad) quince días más. Como siempre que me sumerjo en esta combinación de historia precolombina y contaminación poshispana, ya me desmayé en dos ocasiones (una vez fue en la bañera y otra junto a la cama de este simpático hotel de tres estrellas), sin que nadie acudiera a socorrerme, y al cabo de cinco o diez minutos (no llevo conmigo un desmayómetro) resucité sin mayores consecuencias físicas. Y digo físicas, porque cada vez que me desmayo en México (en otros puntos del planeta sólo me desmayé una vez: a la vista del óleo con los zapatos de Cezanne, pero fue de emoción incontrolada), digo que cada vez que me desmayo en México DF, tengo la impresión de que en el alma me sale una verruga. Vos que sos licenciado en psicología tal vez puedas responderme: existen las verrugas virtuales? Ustedes no las llaman así, ya lo sé, sería demasiado comprensible para vuestros inermes pacientes, pero yo, como no-licenciado en psicología, las llamo verrugas y se acabó.
De esta ciudad, en la que uno tiene la impresión de que vive media humanidad y que siempre está cubierta de humo o de bruma o de neblina, me gusta la gente, ufana y desenvuelta, con un enigmático mohín indígena, habituada al inevitable deterioro de sus pulmones y a la comparecencia pretérita y actual (y casi seguramente venidera) de los vecinos del norte que les robaron buena parte de su territorio. Los yanquis son en México la otra contaminación. Los aman y los odian. Es tan raro, che. Tengo aquí amigos entrañables a los que nunca les digo ni les escribo semejantes pelotudeces, acaso injustas. Sé que no escribís a los amigos (y menos aún a los enemigos), me consta que sos un estreñido postal, pero ahora que la humanidad se ha vuelto cibernauta, podrías agenciarte un modesto Windows 95 (todavía no el 98) para hacerme saber, en uso u abuso del e-mail, de tu vida y milagros, de tu tenaz y casi fanática solteronía, de tu siempre actualizada profesión, que tanta atracción ejerce sobre inexpertos catalanes y madrileños. Ya sé que los analistas porteños han copado el mercado peninsular, pero vos te metiste de a poco en ese ruedo casi exclusivo y ya tenés más pacientes (y sobre todo impacientes) que los coleccionados por el viejito Freud en su largo campeonato.
Pero ahora te estampo una consulta en serio, cuya respuesta a distancia confío no genere honorarios, debido 1) a nuestra larga, fecunda y leal amistad, 2) a que los giros bancarios suelen extraviarse, y 3) a que nunca creí demasiado en el psicoanálisis. Carajo, pensarás con toda razón, y entonces para qué me consulta este tilingo?. Bueno, en realidad este tilingo te consulta, no como reputado profesional, sino como amigo del alma, alma que en mi caso es más tacaña que mi esqueleto, pero mucho más sabia. La pregunta es la siguiente: A qué altura de la existencia puede aparecer la obsesión de la muerte? Pavada de pregunta no? Te confieso que nunca tuve ese metejón premortuorio. Siempre me desenvolví como si fuera eterno, es decir inmorible, un neologismo que me parece más adecuado a mi caso. Nunca padecí esa angustia, mejor dicho, nunca hasta hace dos meses, o sea hasta mis 54 años recién cumplidos, cuando detecté un dolorcito estúpido en mi flanco izquierdo, y, por segunda vez en mi vida (la primera fue a los doce años, cuando tuve la tos convulsa) fui atendido por un médico, quien, tras hacerme varios análisis clínicos y ecografías, me volvió a citar en su consultorio, y allí, tras repatingarse como un gorila en un sofá francamente repulsivo y dedicarme una sonrisa odiosa, me espetó, escuetamente y sin anestesia, que el resultado de tantos exámenes era que yo tenía cáncer, y luego, sin darme ni un minuto de tregua, completó su diagnóstico augurándome que en el mejor de los casos me quedaban unos seis meses de roñosa vida. Qué tal, pibe? Por eso me vine a México DF, ansioso por desmayarme por última vez en tierra de Pancho Villa y del subcomandante Marcos.
Ante semejante futuro ignominioso tal vez te sorprenda el tono bienhumorado y hasta jodón de mi misiva, pero no me creas. Es puro teatro. Desde cualquier ángulo que la mires, la muerte es una joda. En el fondo me siento como un escombro finisecular y prematuro. Te diré que lloro promedialmente cinco horas por noche. A veces seis. Mi última confianza es que mi próximo desmayo mexicano no me despierte en esta confortable habitación 904 sino a la vera de San Pedro. Porque sigo convencido de que Dios no existe pero San Pedro sí. A la espera de tu carta de consuelo, aquí va un abrazote casi póstumo de tu amigo de siempre y hasta nunca.
JUAN ANDRÉS.


Mario Benedetti.

martes, 29 de septiembre de 2009

Acuerdate.

Acuerdate bien cuando aquella noche al filo de las once, íbamos caminando por las calles, si, claro que nos tomamos de la mano mientras cantábamos "Yo quiero ser una chica almodovar". No tenias porque asustarte cuando aquel perro te ladró, sabias que estaba yo ahí para defenderte. Nunca supe que hacer cuando trataste de bailar y lo único que se me ocurrió fue bailar contigo sin música en plena acera, y terminamos besandonos debajo de esa farola que nos alumbraba el alma.

Decía un poeta, que los amores a primera vista son los únicos que valen, y lo supe de inmediato cuando te vi por primera vez sentada a lado mio, y lo asenté cuando entablamos aquella conversión de minutos.
Por eso cuando llegamos a esa esquina y escuchamos los trenes enseguida supe que los amorosos se despiden dolorosamente entre trenes...
Cuando me enredé en tu cintura con la sana intención de no dejarte ir recuerdo que me besaste, y me abrazaste y nos miramos." Tu mirada me hizo sentir el abordaje del amor,sensaciones de ternura." Después al escuchar tus pasos lejanos y decidida de irte no aguante, y lo sabes, y de nuevo fui a ti, como un niño que no abandona sus sueños, como un hombre sin mas religión que el cuerpo tuyo Bella. Te besé, recuerdalo, y nos miramos, y terminamos por hundirnos en el hueco que deja la ansiedad.
Siempre recuerdo cuando cerré los ojos, si, los cerré después de que vi que tu cuerpo se alejaba y se convertía en la ausencia.
Bella, eres bella porque de algún modo me lo dicen tus ojos, tus labios....
Nunca olvidaré los detalles tuyos que se convirtieron en los muy mios, ahora casi siempre nunca paro de viajar hacia ti, claro solo con la imaginacion.

Te veías mas hermosa besandome..."


Francisco Rico

lunes, 28 de septiembre de 2009

Cronica de un viaje.

“Hay veces que uno emprende aventuras y viajes a lugares que no conoce, es bien raro hacer esos viajes y más cuando suele ser el día en que naciste. Los amigos y tu familia no entienden tu repentina decisión de marcharte prometiendo que volverás un día, pero que volverás. No haces otra cosa que sentirla a ella a pesar de las distancias. Sabes que cuando llegas a la estación la veras, y ella a ti. Te da por sentir ese revoloteo de sentimientos en tu panza, y luego, luego tienes ganas de vomitar de la emoción.”

Lo recuerdo, había emprendido el viaje para coincidir con ella, el día de san Miguel de arcángel, un tal 29 de septiembre. Había seguido las recomendaciones de la señorita de la ventanilla que un día atrás me atendió en la terminal de autobuses y me aclaró que lo mas oportuno seria no comprara el boleto en ese momento, ya que las carreteras estaban inundadas e intransitables, que lo que debería de hacer era comprarlo al día siguiente.
Por esa razón llegué a la estación con una hora de anticipación en medio de una madrugada angelical. Volví a comprar el boleto numero 9. Y cuando me embarqué en el autobús lleno de optimismo sentí un apoyo con una frase de amor que había llegado a mi celular. No pude dormir en todo el viaje, y por la ventanilla vislumbraba el amanecer en la cuenca del papaloapan, era mágico, había unas nubes teñidas de un dorado nostálgico, y un sol enorme que salía bostezando al mundo, a las nubes se las llevaba el viento, y sobre el rio volaban algunas mariposas. Luego ahí esta el mar, un mar tranquilo que miraba de lejos y que me daba paz.
El conductor amenizaba el viaje con música, la misma que me daba por imaginarme un mundo con La Bella, tenia ganas de verla, y que volara el autobús,— Maldición porque no me compré un boleto de avión, pensé desilusionado.
Total que llegué al puerto a las nueve de la mañana, como la carretera que me llevaría al lugar exacto donde encontraría a La bella esta inundada tuve que transbordar. Por eso mi primera parada fue el puerto. Había una ventanilla exprés sólo para estos viajes de amor. Después de comprar el boleto tuve que esperar en contra de mi voluntad una hora a que el autobús llegara.
Viví un tedio escabroso en la terminal, había una multitud de personas formadas en fila india que avanzaban lentamente hacia las ventanillas. En el muro de la pared que tenia enfrente había un cartel de Maelo Ruiz que anunciaba su concierto en los próximos días, por igual se encontraba otro cartel que invitaba al público a la presentación del ballet Ruso de Moscú. En punto de las diez de la mañana abordé el último autobús que me pondría en el mismo lugar que el de La Bella. Mientras emprendíamos el viaje en plena carretera me dio por verme en la necesidad de armar un buen argumento que dijera algo mas que un “Hola Bella, un gusto en verte” no sabia que coños le iba yo a decir a esa mujer que me había convertido en un extraterrestre enamorado. Luego me calmé un poco y decidí ver la película que nadie estaba viendo. La mayoría de los pasajeros dormía. No sentí la primera hora de viaje, pero la segunda hora vino a romperme la cordura. A la señora que viajaba con sus dos pequeños hijos en los asientos de atrás le pregunté:
—¿Disculpe, cuando falta para llegar?
—Normalmente el viaje dura menos de dos horas— dijo—.
—Vamos retrasados — dije—.
—Si, pero no se preocupe joven llegaremos pronto.
No podía concebir esos retrasos ocasionales ya que había pactado una hora exacta con La Bella, el violar ese pacto con una hora de retraso me hacia sentirme exasperado.
—Mierda— dije. Y volví a recortarme para tratar de encontrar un remido para aquellas astucias de las horas.
Cuando entramos a la ciudad y vi el anuncio de Bienvenidos mi corazón se hinchó de felicidad. Estaba a un par de minutos de verme con la mujer con la que había soñado.
Estiré los músculos, dibujé una sonrisa en mi cara, y bajé del autobús.
Caminé por los andenes hasta llegar a los baños de la estación, saqué de mi mochila trotamundos un abrigo y me lo puse. Cuando me puse sobre el tocador del baño me lavé la cara, y me enjuague la boca además de peinarme y giñarle el ojo al espejo.
Mientras caminaba hacia la sala de espera me froté las manos tratando de quitarle el frio a mis manos, había cambiado en un par de horas de un clima caluroso a uno gélido.

Total que acostumbrado o no a esos climas salí de la estación y me fui al lugar centro en donde nos quedamos de ver la Bella y yo. No estaba. No supe que hacer. Y la busqué con los ojos llenos de pánico por no encontrarla. No estaba en las bancas de la afuera en las cuales nos quedamos de ver, tampoco en el pequeño parquecito de enfrente, ni mucho menos por el túnel en donde salían los taxis y a los cuales fui con la misión de encontrarla. Nada ni rastro de la Bella.
A mi mente llegó la certidumbre de que por culpa de los retrasos la Bella se había marchado de allí encolerizada, y eso era lo más obvio pues no la encontré en el lugar en donde pactos vernos.
Cuando regresaba desilusionado a la sala de espera y con la firme convicción de irme, la vi de lejos sentada en una de las bancas de afuera, estaba fumando un cigarrillo y tenía las piernas cruzadas. Estaba vestida con un pantalón de mezclilla y una camisa blanca ligera y tenía una chaqueta de cuero y unos lentes ray-ban puestos, su cabello de sirena lo tenía amarrado. Estaba irremediablemente bella, tenía una presencia sublime y una personalidad seductora. La Bella me esperaba y yo estaba consiente de ello, no había mas cuerpo en el mundo para mi que el de la Bella.
No me dirigí inmediatamente hacia ella, entré sin que me viera a la sala de espera y ahí me compré una cajetilla de cigarros para calmar los nervios y anestesiar la cabrona timidez. Mientras fumaba un cigarrillo, exhalaba el aire y pensaba que lo a continuación sucedería jamás lo iba a olvidar.
Apagué el cigarrillo y caminé lentamente hacia el lugar de la Bella, cuando la vi ella alzó la vista y me miró suavemente, se levantó de la banca y me sonrió y yo le dije:
— Hola.


Francisco Rico.