jueves, 4 de febrero de 2010

<< ¿De qué somos dueños?>> / La entrevista ( Fragmento del texto)

“ —Dizque llegó un señor y el patrón con una bola de despensas allá pa’ nuestros jacales.
-¿Y qué les dijo? — preguntó Deborah —.
—Hijos de su tal por cual van a votar por éste licenciado y pos como uno es de al tiro ignorante en esos menesteres obedecimos al patrón.
—¿Quién era ése hombre?
— ¿Se refiere al licenciado? Pues la mera verdad no lo vicentié bien, nomás nos dijo que él nos ayudaría sin mercarnos algunas gallinas y despensas, eso a todos nos servía, en especial a mí señorita reportera — narraba el hombre — cuando me casé con muchos esfuerzos me hice de algunos centavos y logré mercarme una chiva, y la tuve y la cuidé como el hijo o nieto que nunca he de tener, para desgracia mía a mi suegra se le ocurrió morirse la semana pasada, no aguantó las heladas. Yo no quería, pero mi mujer se hizo de mañas y me convenció para que vendiera el animal y comprarle la caja a la estúpida de mi suegra que vino a morirse cuando mi chiva gozaba de tener una buena salud. Tuve que venderla y me dolió mas que si hubiera perdido un hijo, pero total los sacrificios no valieron pa’ nada. Recuerdo que mi chiva movía las orejas cuando quería que la pastoreara, sus ubres eran tersas, diría yo que mas suaves que las de mi mujer. No me haga caso señorita pero me da por la tristeza cuando hablo de mi chiva. Pero como le iba diciendo a ése licenciado no lo conocemos la mayoría de los acá.
—¿Entonces les dio despensas y gallinas? — le preguntó Deborah—
—Si, y también un guajolote, ese se lo afianzó doña Enriqueta, dizque porque ella tiene la maña de convencer a los tarugos.
La joven reportera se disponía a lanzarle otra pregunta pero el hombre interrumpió:
—Patrona con su respeto, pos fíjese usted que me da reharta pena lo que le voy a preguntar, pero yo tendré mis razones y usted las suyas ¿Me puedo quejar?
—Claro.
—Tengo mis razones para quejarme del mal estado en que nos dieron esas gallinas derrengadas y que por culecas nunca picotearon el máiz que le regábamos. Tres días después amanecieron muertas con mordidas de comadrejas. Aceptamos que esos nos pasó por porfiados.
—¿Y dígame no les dieron otra cosa?
—La mera verdad no, júimos de al tiro re mensos, hubiéramos pedido guantes para las manos, es que tenemos las palmas rasposas y dicen los decires que hasta el alma. Ahora que lo recuerdo bien hubiéramos pedido aunque sean cinco colchones.
—¿Colchones señor?
—Si.
-¿Usted patrona duerme en colchones?
—Por supuesto.
—La envidio, acá todos nos tiramos en catres rasposos y fríos, ha de ser bonito dormir en la comodidad y calor de un colchón.
—¿Entonces por quién votaron? — preguntó Deborah—.
—Por el güerito, por el licenciado que vino y nos dio las despensas. Así mismo fue patrona — explicaba el hombre—.
—¿Carajo acaso no saben que el voto no se vende y la democracia es un derecho constitucional?
—Sera el sereno pero aquí en cristiano la democracia no sirve, disculpe patrona, somos una bola de hambrientos y derrengados que ni ardiendo en leña se nos prendería la suerte. Con esto le aclaro que lo único que queremos es comer todos los días. ”



Francisco Rico Hernandez.


Nota:
Sacado De la Casa de la Abuela y sus Cuatro Generaciones
Perdidas. de Francisco Rico Hernandez.

1 comentario:

Mendey dijo...

Esos libros escondidos son los que te dejan un mejor mensaje me encanta saludos :)

veo que compartimos gustos similares no sabes cuando amo a Piaf! ♥