viernes, 3 de julio de 2009

Cielo azul ( La cita / Fragmento del texto)

Esa noche se puso su mejor ropa, un pantalón liso color café, una camisa manga larga color azul y unos zapatos negros enlucidos de punta. Le dijo a su padre cuando se fue, pero no le puso hora exacta a su regreso.
En las escasas citas que él había tenido o participado siempre la distancia lo ayudaba a pensar en algún tema que amenizara la tertulia, pero esta vez y para su mala suerte su invitada vivía al lado. Iván respiró profundo y tocó la puerta. Había planchado con tanto esmero su camisa que se lamentó cuando por obra del nerviosismo se le arrugó al agacharse para atar sus cordones. Él silbaba para disimular esos momentos escabrosos y justo cuando por fin el miedo le consiguió ganar, ella abrió la puerta y apareció disipando los fantasmas, las dudas, los miedos.
Matilde lucia bella y en su boca traía una sonrisa que iluminaba hasta el mismo sol. Por el contrario de Iván, ella no vistió tan formal.
— No cabe duda que eres un extraterrestre— le dijo ella—.
Iván se acomplejó y se sintió un idiota.
Caminaron hasta los columpios ubicados en el patio y conversaron bajo la luz de la luna. Nadie los interrumpió. El momento fue tan ameno que no sintieron pasar las horas, hablaron de sus gustos, de los viajes de Iván, del fútbol y de las motocicletas. También debatieron horas y horas al preguntarse ¿Porque el cielo era azul? Matilde disfrutaba la compañía de Iván, se cautivó y se rió de lo cómico que lucía un niño extraterrestre vestido de adulto.
Iván por su parte olvidó su timidez, se explayó y hablo sin pudor alguno. Si alguien hubiera sido testigo de esa conversación abría contado las veinte veces que Iván dijo mierda. Para la mala fortuna de ellos se abrió la puerta y la voz de la madre de Matilde destempló el momento. Al oír el llamado de doña Mercedes ella le dijo a su acompañante:
— Ven te la presento.
— No gracias, no estoy loco — dijo Iván—.
Total que él sucumbió a los encantos de Matilde y se dejó llevar hasta la puerta en donde los aguardaba la madre.
— Hola, buenas noches— saludó doña Mercedes—.
— Hola— dijo Iván al borde del infarto.

Matilde heredó de su madre la mirada ligera y tranquila y los ojos cafés dulces. Doña Mercedes aun mostraba los vestigios y encantos de su belleza que cautivó en sus tiempos de juventud.
Iván partió una hora después mostrando agradecimiento con sus nuevas amigas. Antes de irse ya había pacto encontrarse con Matilde en los columpios al día siguiente. Aquella noche Iván descubrió a un ser humano muy diferente a los demás, único, descubrió en Matilde la poca seriedad que a veces tienen las mujeres, escuchó hablar de las cosas que tan pocos hombres pueden escuchar, se sintió maravillado.
Matilde logró tener un conexo con Iván, se identificó con él y aun que lo negó sintió un hueco en el estomago cuando aquel extraterrestre pactó una nueva cita. Aquellos niños con el paso del tiempo sentirían el amor cuando es amor.




Francisco Rico Hernández.



(Fragmento del texto tomado del Cielo azul,
Del libro de La casa de la abuela y sus cuatro Generaciones perdidas de francisco Rico Hernández.)
Publicado por Diario de un PEaton en 16:40

5 comentarios:

SaNDra dijo...
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Huellas del pasado dijo...

Ahii Que bonita historia, jajaja me encanto esa parte en la que ella le llama "Extraterrestre" y que bonito, que al momento de ver a una persona asi se esfumen los miedos y las dudas.

Me encantaria saber el final de esta historia.
y que Lindo...una cita en los columpios.


sin mas, me despido...
cuidate.

un besO.!

SaNDra dijo...

Yo duermo cuando usted no lo hace... por lo que veo

marta dijo...

Qué bella historia de un amor que aún estaba por llegar, que seguramente se convirtió en un sentimiento cálido y profundo.
Un beso MUYGRANDE :)

Diario de un PEaton dijo...

Para Ivan, con una bella historia de amor.