martes, 4 de agosto de 2009

Un Dia normal.

Estábamos sentados en una acera, en ella un predio abandonado que años después se convertirá en un salón de eventos sociales.
Me tomé la cabeza de lado a lado con ambos brazos y mirando al suelo dije: —Necesito hacer algo con respecto al cumpleaños de Mary. Tenía la clarividencia al margen de la situación.
Cesar mi amigo, me miró con la mirada de un sordo, y esperó a que yo dijera algo:
— Mierda— apunté—.
Tenia que ser algo muy diferente a los regalos que ella posiblemente recibiría, y es que para mi Marysol no es cualquier cosa, lo malo es que yo nunca he sabido que soy yo para ella. — No importa, quien por su gusto muere, hasta la muerte disfruta—, pensé. Nunca fraguamos un plan espléndido que me llevara a los brazos de Marysol como una vez lo soñé, pero pienso yo que no haya nada mejor que improvisar.
Al día siguiente fui a casa de Cesar con una mochila al dorso en la cual tenía un centenar de cosas; hojas, tijeras, pegamento, revistas viejas, polvo de estrellas y un Cd de Ricardo Arjona para amenizar la situación fuera de la realidad.
Comenzamos haciendo la carta, pero esta tarea casi nos deja ciegos y nos hizo decir veinte groserías. El objetivo era recortar cada letra para formar palabras bellas que adornaran su entorno de luz. Recuerdo que mi exasperación no me dejó en paz toda esa tarde, en el terrible calor de las cuatro Cesar escrupulosamente me ayudaba con la maquina de escribir a proseguir con la carta ideal que estaba decorada con letras recortadas y letras de tinta de maquina. Al principio no tenia la menor idea de cómo comenzar, entonces astutamente me robé una frase siniestra de Arjona Del pasado, lo cambiaria todo con tal de reconstruirlo de nuevo para volverlo a vivir. Era una frase que abarcaba poco y decía mucho. Lo cruel fue lo último, termine despidiéndome de puño y letra con toda la pena del mundo y con toda firme intención de decirle que la amo sin que lo supiera. El sobre, deberían de ver el sobre, fue sacado de mi imaginación adornado con polvo de estrellas.
Eran las ocho de la noche y no noté que el disco se reprogramó tres veces, tenia el culo entumido y Cesar el cuello derrengado. Total que otro loco se enfiló a la aventura de los riesgos, Othoniel contagiado por la emoción de haber concluido la carta se ofreció a ir a comprar los pétalos de rosas y gardenias que estarían adentro de esa caja con hambre de fuga.
Caminaba por la calle De Las Rosas y vislumbré a lo lejos la casa de Marysol, y mis piernas temblaron más que la economía del país al aproximarme a su hogar. Esta acrobacia de ilusión por fin se iba a topar de frente con la emoción de quien provocó su nacimiento.
Lo bueno fue que nadie se encontraba en casa, tal vez celebrarían el cumpleaños de la hija mayor en otra parte. Sin más que hacer me vi obligado abrir el portón en el que ella algunas veces se columpiaba y entré dejando mis sueños en su puerta para que ella les diera el calor que ellos tanto buscaban y que sólo Marysol les podía dar. Othoniel y Cesar me miraron y entre muecas me dijeron: — Misión cumplida.

Días después, incluso de no haber recibido noticia alguna de Marysol y del regalo me puse los jeans de siempre y paso a paso fui a dar al parque central. Mi intención era desembarazarme de todos, acompañado solamente de mi mejor amigo Cesar para fumarnos un par de cigarros a escondidas.
Eso, eso que no sabría hilvanar en este recuerdo escrito me llevó a lo incierto y el fantasma de mi buena suerte apareció. Antes de cruzar la calle un JETTA blanco se nos atravesó, algo me dio la sensación de conocer a una persona entre todos los que viajaban en el auto y rogué a Dios que no fuera Marysol.
— ¿Mierda y si es ella? — le dije a mi amigo—.
— Tranquilo hay muchos autos, seguro que ella no es— agregó él—.
De repente una mano que sobresalía del auto me saludó.
Esa noche recuerdo que estaba enojado con un par de hermanos que se disfrazaban de amigos, pero de todo eso me salvé, no noté que se encendió una luz cuando salté.
Continuábamos caminando por el parque y yo no perdía de vista aquel auto blanco. Tal vez algo en mi deseaba que se estacionara el vehículo y bajara Mary, pero de igual forma no quería saber nada de ella.
Para mi fortuna sucedió lo primero, el auto se estacionó y bajó Marysol. Ella lucia terriblemente hermosa, llevaba puesta una blusa color blanco que ostentaba su aura angelical, su cabello lo mantenía suelto, sin redilas, y era objeto de sus manos imperativas, las estrellas embellecían su sonrisa de nervios, y sus ojos de fábula dulces y ligeros me miraban y yo me sentía el hombre mas afortunado del mundo, Marysol puso con su presencia la primavera, con todo su olor y su esencia exacta. Cuando estuve en presencia de ella me sentí acomplejado o tal vez ya lo estaba antes, vi llegar al amor temblando.
Cesar la saludó y se aparto de inmediato, sus amigos nos miraban desde el automóvil, atentos y curiosos, y yo no sabia si esto era fantasía o realidad, o si sólo el cielo se vino a este lugar.
Marysol me acarició con un beso dulce en la mejilla, de esos de bienvenida, y enseguida me agradeció el gesto tan gentil que tuve con ella hace días atrás, me dijo que al momento de llegar a su casa su hermana descubrió la caja y presintió que era para ella. Mientras hablaba yo no podía ni mover un musculo de mi boca, era yo en ese momento un idiota que no hacia otra cosa que verla y que no perdía ni un detalle de Marysol.
Esa noche me agregó sonrisas y yo sonreía para despistar y que ella no se diera cuenta que soy un manojo de nervios, complejos e inseguridad cuando estoy con ella, con esta tierna mariposa.
Después de un par de minutos de iniciar una charla difícil de hilvanar, ya sea un tanto por las astucias de la timidez me vi obligado y un tanto valiente al decirle a Marysol que lo que hice por ella el día de su cumpleaños lo volvería hacer siempre, también le dije después de muchas equivocaciones y redundancias en mi vocabulario que era un persona muy especial para mi. Justo ahí, me quedé abstraído, en un cielo cada vez mas alto, y mi sangre corría deprisa por mi cuerpo y yo no podía desparramar la timidez, es que me resultaba difícil decirle lo que tenia yo por dentro, lo que sentía por ella que era mas que obvio.
Quería decirle que yo nunca dejaba de pensar en ella, tenía ganas de gritarle a la cara que la amaba, que me gustaba mucho cuando estaba concentrada en clases, cuando llegaba tarde a las citas que fraguábamos, aun cuando nunca estuviera de acuerdo con su peinado, y que sinceramente odiaba yo los sábados, porque ella en ese día se iba con su madre a Tuxtilla.
Pero no lo hice, ni siquiera le soplé las palabras, hablábamos un lenguaje diferente, nada pude hacer, ahí estaban sus ojos, que podrían mirar todo y volver loco a cualquiera, pero en vez de eso me miraban a mi con la pupila dilatada, también aparecían sus labios; lugar donde podría dejarme caer, ahí estaban sus manos, su lunar escondido, sus cejas, su risa, sus manos, sus pies, su cabello, sus codos, orejas, nariz, no le faltaba nada, estaba completa como los pétalos de las rosas.
He llegado a sospechar que sueño mucho y actúo poco por culpa de esa timidez que no se quien me la heredó. Luego pensé que seria grotesco no disfrutar el momento, y eso fue lo que hice, lo disfruté. Cuando Marysol se fue me dejó las emociones alborotadas, salte corrí, grité y cincuenta pendejadas mas.
Recuerdo y se que en ese momento fui feliz como pocas veces en mi vida. Mi amor hacia ella era puro, limpio y sincero. Para mi Marysol hasta ese día era lo mejor que había puesto Dios en la tierra para hacerme feliz.

Si algún día llegara a leer esto, no me sentirá acomplejado. Si algún día llegaras a leer esto Marysol no pienses que se me aflojó un tornillo, simplemente me agarre de una nube y me escapé de todo hasta llegar al mundo de la hoja en blanco a decirte que me gustas desde siempre y que hoy me gustas mucho más.
Esto me pasó en un día normal, en un día cualquiera, en un día extraviado que jamás olvidaré porque recuerdo que estaba yo terriblemente enamorado.





Escrita en el trayecto de Cosamalopan- Orizaba en algún día de Julio del 2006

Francisco Rico Hernández.

7 comentarios:

Diario de un PEaton dijo...

Como olvidar ese dia, hace muchos años atras.
cUANDo aun me dejaba seducir por la timidez, cuando era un poco mas decente, cuando era solo un tipo enamorado.

mariposa de ébano* dijo...

wow...
lo que llega a hacer por nosotros el amor. aunque a mi parecer, vida sólo hay una, y ¿por qué no decir lo que sentimos a la persona culpable de que el corazón lata a un ritmo desenfrenado? =)))
un beso peatón enamorado..

SaNDra dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Verónica dijo...

Wow, qué lindo. Con esa manera de escribir puedo asegurar que Marysol cayó a tus pies no? Me gusta mucho la manera en la que escribes mi estimado peatón :)

Besos, Verónica. (Por cierto, y tú, cómo te llamas?)

Anthonella dijo...

Muy buen narracion

Verónica dijo...

Qué distraída soy, siempre pones tu nombre al final de cada texto. Perdona, ando con la cabeza en las nubes. Tampoco había visto que le vas a los PUMASS! :D Genial jajaja. Como flash informativo, el chisme que te pasó tu amigo, es cierto, acá en Cuernavaca todas somos lindas, y modestas como verás; aunque yo soy de la Ciudad de México. Al igual que tú creo que compactaríamos bien. Por cierto, leía viejas entradas tuyas, jajaja, caíste en la tentación de Harry Potter, y confirmé lo que pensaba, escribes maravilloso. Eres de esas personas que da gusto encontrarse en la red y conocer mejor.

Te mando un beso Fransisco! :)

Andrea Adum dijo...

Qué rico recordar momentos asi, pequeños pedazos de felicidad. Se me antojó mucho el polvo de estrellas...sa;udos, peatón.