jueves, 28 de mayo de 2009

Tente-pie.





Focos de la naturalidad,
dóciles hembras que
castran a sus amantes
de una hora,
cada parpadeo es inútil
en las noches sin consuelo,
morir es imprudente cuando
las flores se marchitan.
Reloj enmudeceme de vez en cuando,
en los abriles de mi perdición.

atte; yo.

Con lo que eso duele.

Y después de ti luna y lunares,la vuelta al calcetín, las sábanas impares,la baba de las putas sin pedigri, la cicuta de los bares."

Bay-bay, se acabó el recreo,el son de tu pay pay vacuna mi deseo.
Me consta que no fui, rubia, tu debut,dimelo todo sin decir ni mú.
Asesina, sister morfina,el para siempre es un bluff en horas de oficina.
Desde que no te miro veo amanecer,date un tiro y que te folle un pez:La pasión es una ruina.
Tanto por hacer,me cansé, del budismo zen de la tele, me cansé,de los desamores que huelen......

lunes, 25 de mayo de 2009

La Sotaventina A.C presenta El II Foro de Historia y Cultura del Papaloapan Veracruzano.

Cosamaloapan, Veracruz.
Francisco Rico Hernandez.
Imagen de Veracruz.




Con la finalidad de promover la cultura de una veraz y objetiva en la ciudad de Cosamaloapan, la organización cultural “ Sotaventina A.C” a preparado un gran evento multicultural, el II Foro de Historia y Cultura del
Papaloapan Veracruzano en esta ciudad los días 29 y 30 de mayo del año en curso.
La sede será en La Sotaventina y dará comienzo de las 9: 00 a las 14:00 horas, y se abrirá con el curso de Taller sobre Nociones Básicas sobre el Rescate, Clasificación y Conservación de Archivos Municipales.
Después habrá un receso y se reanudaran las actividades a las 18:00 horas cuando se entregue la Medalla “Profesor Octaviano Corro Ramos” al Dr. Alfredo Delgado Calderón, hombre nacido en Cuautla, Morelos, mismo que realizó estudios de Antropología y Arqueología en la Universidad Veracruzana.
Después de recibir la presea el Dr. Alfredo Delgado Calderón dará una conferencia magistral acerca de la Historia y Cultura del Papaloapan Veracruzano. Para terminar con las acciones del primer día, la Mesa de Análisis tendrá como tema “Arqueología de la región de Cosamaloapan”.
La primera ponencia será a cargo del arqueólogo Apolinar E. Segura Rivera “Ubicación y registro de los sitios arqueológicos”, mientras tanto
Zenaido Salazar Buenrostro y Salvador Pérez Guzmán hablarán de
“cronología basada en la cerámica”, la ponencia de “Las figurillas cerámicas” será llevada a cabo por Francisco J. Bocarando Mendoza, y para concluir Noé Fajardo Pérez presentará el tema “La importancia de la obsidiana como instrumento de corte”.

El sábado 30 de mayo a las 10:00 horas se entregará la Medalla
“Benito Fentanes Lavalle” al Dr. Genaro Aguirre Aguilar un ilustre Cosamaloapeño maestro en la comunicación por la Universidad Veracruzana y Doctor en Sociedades Multiculturales y Estudios Interculturales por la Universidad de Granada.
La siguiente actividad que se realizará será la Presentación del cuaderno de trabajo: “En las tesituras de la vida: aprender de la música y la vida cotidiana” esto presentado por el autor Dr. Genaro Aguirre Aguilar.
También se contará con la presentación del video: Homenaje a Marcelino O. Ramos Hernández, con comentarios de Gustavo Vergara Ruiz.
A las 12:00 horas la Mesa de Análisis expondrá el tema “La cultura, el patrimonio y la promoción cultural en el papaloapan” participarán
Francisco Moran Hernández y Gustavo Vergara Ruiz.

Para finalizar el II Foro de Historia y Cultura del Papaloapan Veracruzano a las 18:00 horas el fandango jarocho dará comienzo, esto en la Plaza Santa Maria, participarán grupos de Cosamaloapan, Ixmatlahuacan y Tlacojalpan.

La presidenta de La Sotaventina A.C, la señora Dora Hernández Mallard dijo que es importante promover a los escritores, y al libro a los lectores del Sotavento, a su vez también agradeció a Gustavo Vergara Ruiz por ser piedra angular de la Sotaventina y exhortó al publico en general a que participen en el II Foro de Historia y Cultura del Papaloapan Veracruzano que se llevará a cabo los días 29 y 30 de mayo en esta ciudad de Cosamaloapan.

jueves, 21 de mayo de 2009

Francisco viendo llover desde su ventana.

Francisco se había dispuesto a irse a la cama después de cenar en solitario en el comedor de su casa. Aquella acción de conciliar el sueño fue interrumpida por la intrépida certidumbre de encontrar en esa soledad ocasional la virtud extraordinaria de dejarse seducir por los encantos de la travesura y despilfarros de la libertad.
Era una noche de viernes que le daba el consuelo ameno a una semana febril de enero. Los padres de Francisco aquella noche habían asistido a una cena organizada por los compañeros ex universitarios con el único fin de recordar los episodios del desvarío febril de la juventud.
Como era hijo único, aquella ausencia de autoridad lo condenaba gratamente a ser el soberano absoluto de toda la casa. Francisco era un niño de doce años, con grandes ojos negros, no pasaba de los cincuenta kilos y tenia un lunar colocado en la parte izquierda del cuello; fue desde pequeño un niño muy solitario y tímido, por falta de habla su madre creyó que seria mudo, hasta que por fin, un buen día, a la edad de tres años dejó atrás el lenguaje de las señas y se esmeró en decir sus primeras palabras.
Siempre fue un chico acostumbrado a obedecer y aprendió la gran virtud de ser inflexible a sus creencias, hasta esa noche de viernes en que lo dejaron solo.

Francisco no dejó ningún objeto colocado en su lugar aquella noche, la casa estaba perfectamente desordenada y envuelta en una algarabía y regocijo desmesurado. Era el momento idóneo para despabilar a los sentidos de la rebeldía y altivez de la libertad.
Desordenó su habitación, quemó un duende de peluche que le regaló su abuela y que tanto odiaba, recortó del álbum fotográfico a los primos que detestaba, orinó sin levantar la tapa del baño, debajo del colchón de la cama de sus padres sacó una revista para adultos que ojeó sin pudor alguno, también en esa ocasión de desosiego se fumó un cigarro de la cajetilla de su padre que guardaba en el buró de la sala, Francisco contagiado por la intrépida locura del despilfarro de la libertad mandó al diablo todo el protocolo que tenia que realizar todos los días antes de dormir; él no se bañó, no se cepilló los dientes, ni mucho menos se atrevió a rezarle al Santo que nunca le había cumplido un milagro. Francisco mandó al carajo a las normas y a la excelsitud aquella noche de viernes.

Mientras en el estéreo se escuchaba a todo volumen las canciones del Tri, él en su habitación se mantenía ocupado comiendo frituras, chocolates y dulces mientras veía en la televisión the Simpsons. Toda esa irreverencia iba por buen camino hasta que comenzó a llover.
Aquel acto intempestivo de la naturaleza destempló el momento. La lluvia caía torrencialmente, Francisco tuvo el presentimiento que algo cataclistico se aproximaba.
—Estúpida lluvia— alcanzó a decir mientras observaba por la ventana que la calle poco a poco se inundaba—.
Los minutos siguieron trascurriendo y la lluvia no escampaba. Francisco salió de su habitación y caminó hacia la sala para apagar el estéreo, lo hizo, y después sonó el teléfono pero no se preocupó por contestarlo.
De regreso a su habitación él subió el volumen del televisor para sentirse mejor y no escuchar el estruendo de los rayos eléctricos que de un momento a otro se dejaron escuchar en el cielo.
Poco a poco comenzó a sentirse incomodo y a la vez un tanto nervioso a consecuencia de ser testigo de la tormenta que para él era la mas grande del siglo.

Las horas parecían transcurrir de lentamente y la tormenta no mermaba su fuerza ni los rayos bajaban la guardia. Entonces sucedió lo inevitable; la energía eléctrica desapareció en toda la colonia, incluyendo la casa del soberano miedoso. Al encontrase en la oscuridad Francisco no pudo sofocar el grito, y casi a la velocidad de la luz su cuerpo se enfermó de miedo: no podía hablar, moverse, pensar. En ese estado permaneció cinco minutos, hasta que por fin logró salir de aquel periodo de pánico. Tenía la certidumbre de que sus padres no regresarían pronto a su casa, por eso él tenia que enfrentarse solo cara a cara con sus miedos. Claramente trató con suma delicadeza recobrar el valor suficiente para encarar el terror que sentía cada vez que la lluvia venia acompañada por los truenos.
Recurrió a muchos métodos para olvidarse de la tormenta; cantó, gritó, se imaginó en otro lugar, y hasta trató de recordar las imágenes perturbadoras de la revista para adultos que se atrevió a mirar hace algunas horas atrás, cuando el mundo y él eran más felices.
Francisco aunque quiso ser optimista no encontró ningún motivo que lo exonerara del sufrimiento que le causaba aquel suplico de la naturaleza.

El reloj de la cocina anunciaba con su doces campanadas la media noche, misma que ostentaba miedos, sobresaltos y letanías.
Francisco trató de dormir, pero no lo consiguió. En su cama no encontraba la posición precisa para conciliar el sueño, se movía de un lugar a otro, se tapaba , se destapaba y hasta tuvo la idea de poner su cabeza debajo de la almohada para omitir los ruidos que provocaban la tormenta, pero fueron vanos intentos. Comenzó a cantar para dispar sus miedos y montar una atmósfera amena que le curara su desolación, y en ese instante sucedió lo que él tanto había esperado, la lluvia escampó.
Envuelto en una oscuridad Francisco se aproximó a su ventana, poco podía ver ya que los faroles de la calle no alumbraban a consecuencia de la falta de electricidad. Él con sus ojos miedosos vislumbró el inundamiento irrefutable de la calle, y el paso veloz de un perro, una banda sonora de grillos, y las ranas y luciérnagas que desfilaban en la Venecia improvisada. Después sintió un gran alivio y dijo:
— Por esta noche ya ha sido suficiente lluvia.
Y de pronto comenzó a llover.
— Maldición, no lo puedo creer— agregó furioso—.
Otra vez volvió a sufrir, esta vez la tormenta ya no daría tregua alguna, parecía que el cielo estaba condenado a romperse. Un gran miedo que no entendía de razones se apoderó de él, y este pobre chico ya no sabia que hacer para detener su martirio. — ¡Odio la lluvia!— gritó.
A continuación tomó su almohada y jaló un cobertor para meterse bajo la cama, donde allí rendido ya por el sueño pasaría la noche.
A la mañana siguiente sus padres entraron en su habitación y no lo encontraron acostado en su cama, su padre observó que las cortinas de la ventana estaban amarradas y alegremente le dijo a su esposa:
— Se ve que Francisco ya perdió el miedo por la lluvia, creo que ayer observó caer la lluvia por la ventana.
— También provocó un desorden en esta casa— agregó la esposa—.
— Aquí esta— dijo el padre—.
— Esta debajo de la cama, ahora mismo me va ha escuchar — apuntó la madre—.
— No amor, déjalo, mira se ve que ayer durmió como un angelito.

Francisco Rico Hernández.

martes, 19 de mayo de 2009

El camino recien Empieza, Benedetti deja el legado, Con y Sin Nostalgia.



El escritor Mario Orlando Hamlet Hardy Brenno Benedetti, murió a la edad de 88 años el pasado domingo 17 de mayo en la ciudad capital de Montevideo, Uruguay.
Se ha enmudecido la palabra con el fallecimiento de un grande de la literatura de este nuevo siglo, sin lugar a dudas sus obras que han marcado la línea entre la realidad y la magia dejaran un hueco no sólo en sus lectores, si no en todas esas personas que se dejaron seducir por algún buen verso de este uruguayo que sin lugar a dudas con sus poemas nos dejaba burlarnos del miedo hacia la muerte. “La muerte es una presencia y la barajo en conexión a lo que es la muerte para otros, no solo para mi. Pienso que una de las formas de sobrellevar la idea de la muerte es darle la cara, hablar de ella, dialogar con ella"
Mario Benedetti comenzó su trayectoria literal publicando el volumen de ensayos Peripecia y novela. Después continúo con sus trabajos, libros como; La casa y el ladrillo, Con y sin nostalgia.
También estuvo involucrado con la creación de novelas, cuentos, poemas, ensayos y drama, la cual implementó muy bien en las épocas de la dictadura uruguaya.

Benedetti asumió el exilo por su posición e idealismo político, antes de salir de su país renunció al cargo que ocupaba en la universidad de Montevideo viajando hacia La Habana, Buenos aires, Madrid y Mallorca. Regresando después a su patria hasta 1983.
Sin lugar a dudas fue un hombre con un talento disímil en el mundo de la hoja en blanco, esto le valió la otorgación de innumerables premios, entre ellos la medalla Haydee que el otorgó la casa de las Américas de la Habana.

Ahora mientras tenemos que decirle adiós aun escritor que sin lugar a dudas con sus escritos nos ponía a anestesiar el alma, debemos pensar que con el legado que nos dejó Mario Benedetti tenemos un pueblo, no una masa mórfica, claro por igual descubrir que el hombre que le escribe a su pueblo, ni muerto lo han de parar, pues donde vaya el escrito de ese hombre lo harán resucitar.



ROSTRO DE VOS.

Tengo una soledad
Tan concurrida
Tan llena de nostalgias
Y de rostros de vos
De adioses hace tiempo
Y besos bienvenidos
De primeras de cambio
Y de último vagón.

Tengo una soledad
Tan concurrida
Que puedo organizarla
Como una procesión
Por colores
Tamaños
Y promesas
Por época
Por tacto
Y por sabor.

Sin temblor de más
Me abrazo a tus ausencias
Que asisten y me asisten
Con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
De noches y deseos
De risas y de alguna
Maldición.

Mis huéspedes concurren
Concurren como sueños
Con sus rencores nuevos
Su falta de candor
Yo les pongo una escoba
Tras la puerta
Porque quiero estar solo
Con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
Mira a otra parte
Con sus ojos de amor
Que ya no aman
Como víveres
Que buscan su hambre
Miran y miran
Y apagan mi jornada.

Las paredes se van
Queda la noche
Las nostalgias se van
No queda nada.

Mario Benedetti.



Francisco Rico Hernandez
Periodico Imagen de Veracruz.

sábado, 16 de mayo de 2009

La Herencia de Don Feliciano.

Yo vi cuando la vendieron. Yo vi cuando su padre, don Feliciano, el cuidador de becerros vendió a su hija Mercedes con un foráneo disque comerciante de ropa.
La pobre no pasaba de los quince años y era tierna como los pétalos de las rosas, sus ojos negros intensos sollozaban como las lluvias de mayo, era flaca y su color de piel era el de la azúcar morena.
Yo vi cuando su padre la tenia parada junto a él al pie de la puerta de su casa, vi cuando su hermano y sus otras dos hermanas que aun miaban la cama la despedían mientras le colocaban junto a ella una caja con su ropa, dos cacerolas de barro y una muñeca vieja que se llevaba la niña grande.
Su padre era inmune a las rogativas de la pequeña Mercedes, a ella la pobreza le mataba la inocencia.
Escuché a los perros ladrar cuando un hombre, su futuro esposo llegó con su camioneta destartalada a buscar la inmaculada herencia de don Feliciano; la casta y virtuosa de Mercedes.
Mientras don Feliciano reciba el dinero que había acordado por la venta del cuerpo de su hija, observé claramente la humanidad de aquel hombre ignoto. Él tenia puestas unas botas de culebra muy sucias, el pantalón con la bragueta rota y por culpa de su obesidad la camisa cuadrada que lo cubría carecía de dos botones; era muy feo y mal hablado , pero eso si, con el dinero suficiente como para comprarse una virgen de a deberás y llevársela a su cuarto.
Después de tener todo en orden lo subsecuente fue que comenzó apretar el frio en la sierra.
Mercedes vio por última vez su pobre hogar, camino en dirección hacia sus pequeñas hermanas y les susurró al oído con amargura:
— Váyanse de aquí cuando puedan.
— No podemos — contestó una de ellas—.
— ¡Que se larguen lo más pronto posible!
— No podemos hacer eso, tenemos hambre.
Aquellas palabras ostentaban la condición de infortunio que se implantaría en el destino de sus hermanas. No hubo una despedida familiar, ni mucho menos mas lagrimas, simplemente las manos se movieron en el aire de un lado a otro y la desdicha, madre de esta terrible realidad apretó el corazón de todos y cerró las ventanas del alma que son los ojos, secando así toda gota de felicidad.
Yo vi todo eso, y mientras se me escurrían las lágrimas de los ojos vislumbré como se alejaba la niña Mercedes.

Esa misma noche me fui a la cantina de Jonás, ahí quería emborracharme para matar mis pobrezas, mis penas. Aquel lugar no tenía moral, las cuatro paredes estaba teñidas en un acto ambivalente de alegrías y tristezas, nada ahí era sublime, todo era desaliñado y lánguido. Le pedí al cantinero un trago mas desde mi mesa, al instante miré como don Feliciano entraba a la cantina impasible. Ese anciano no debía de pasar de los sesenta años y cada invierno que pasaba en esta sierra su corazón se volvía más gélido.
— Don Feliciano, siéntese aquí — le dije—.
— ¿Quien eres tú? — me preguntó —.
—Soy Gaudencio, el mismo flaco que vivía enfrente de su casa. Me fui del pueblo con mis padres cuando tenía diez años de edad a los United States, pero me los mataron al cruzar y por eso sólo me quedé allá nueve años tratando de sobrevivir, y ahora vuelvo con más pena que gloria a mi pueblo.
— Pobre de ti muchacho.
—No se fije don Feliciano, la vida me ha hecho hombre y yo no sé rajarme, por eso decidí regresar para empezar de nuevo, aquí en este pueblo en donde no crese nada, en donde la tierra no produce mas que miseria y desgracia — le dije—.
Don Feliciano no se atrevió a contestarme, pido una copa de brandy y mientras la bebía yo miré en sus ojos la amargura de su persona, el descuido de amor en el que había vivido tantos años.
— Cuénteme a usted como lo ha tratado la vida.
—Pues uno siempre esta acostumbrado a sobrellevarla como puede, la pobreza no perdona, la pobreza duele en la panza — agregó—.
— Ahí son los pesares.
Mientras continuábamos bebiendo en aquella cantina de pobres él me contó que por fin tenia una excusa para burlarse de la pobreza, me dijo que había logrado cobrar la herencia que le dejó su esposa muerta. — No tuve otra cosa mas que hacer— narraba— su madre me dijo que Mercedes era lo único de valor que dejaba a la familia, y por esa razón tuve que venderla, siguiendo la tradición del pueblo — Don Feliciano ya estaba harto de andar siempre con el ombligo pegado al espinazo, ya no veía lo duro, si no lo tupido. Con su miserable sueldo de cuidador de borregos tenia que mantener a cuatro bocas y todavía tenia la mala suerte de estar viejo y el inconveniente de haber nacido pobre.

Dos horas después cuando la noche es más pesada y el frio te cala los huesos, don Feliciano me dijo así nada más, sin preámbulos:
— Gaudencio a mi hija la vendí por trescientos pesos.
Hijo de toda su madre, pensé, vendió a la chamaca por tan poco, hasta yo la hubiera comprado, hubiera vendido por ella mi colchón y mi caballo, el negro que tanto me gusta.
Pero créanme cuando se los dijo, el dinero no le duró mucho, yo lo vi, se los digo de verdad. Esa misma noche tuvo que pagarle lo fiado al señor de los abarrotes que apunta de navaja le cobraba la deuda, también el muy pendejo se calentó demasiado y le agarró las nalgas a una puta que traía macho esa noche provocando así una pelea grande. Al final tuvo que pagar los desmanes que provocó, mesas quebradas, cristales rotos, y botellas despilfarradas, y aunque vendió su chamarra y se quedó con frio aun quedó debiendo la cuenta de la borrachera.


Francisco Rico Hernandez.

viernes, 15 de mayo de 2009

ConFEciones de Un viERNES

Mujer demás esta decir; te extraño y el resto
de cursilerías.
Ya que desde tu exilio voluntario la
nostalgia sigue de primer indicio.

(Mas fácil dispara rosas un misil, que tú un quizás.)