viernes, 16 de enero de 2009

Buenas noches niña buena.


La noche tiene un traje de esquimal y tú buscando acción en la tv. Si decides verte bien

portate mal y de portate mal avisame.

La ciudad esta vestida pa' matar, y yo con tanto espacio en mi colchón.



Buenas noche niña buena, te mereces un diploma moralina, por andarte inculcándote en la pena, por perderte tantos besos en la esquina.

Niña buena te dejo este mensaje resentido por no darle de comer a los sentidos. Muchos años después estarás condenada a ser mascota en sociedad, cumpliras con la rutina y el esquema, perderás ante un notario voluntad y tendrás tu esclavitud por ser tan buena.

miércoles, 14 de enero de 2009

Cosas de un vagabundo

La música salsa que se escuchaba en la calle me susurraba al oído; Volver a verte evitaré, en el piso la escoba del anciano borraba el tiempo y los caminos, otro anciano para despabilarse intenta hablarle a las palomas.
De pronto el parque que al principio de mi estancia estaba casi vacío empieza a poblarse de transeúntes que caminan despacio hacia ningún lado. Algunos se abrigan del frío y otros como yo, nos aguantamos.
La luna se establece en el cielo y le da vida a las sombras, al mismo instante que los faros se encienden.
Observo a un conjunto de ex señoritas reírse de la manera mas vulgar y descarada, los alumnos de las escuelas del turno vespertino llegan al lugar mas indicado para fumar, ahí conversan, se carcajean y se atreven a volver a caminar, anticipo que alrededor de una hora harán lo mismo.

Tengo en mi mochila el libro de Pedro Páramo de un tal Juan Rulfo y un borrador de Nosotros el cual hice en noviembre y que aun no lo termino. Me siento un poco mareado por fumarme un cigarro que le quite de la manera más gandalla a la “Rubia” que es un bolero casi de cuarenta años, muy mal hablado. Ahora tengo ganas de orinar.
Sin pedir permiso se establecen en mi espacio una ex novia y su prima, la prima lleva puesto un chaleco plateado el mero estilo de un Guarda Costas y me hace recordar que hace unas horas atrás vi en la televisión un documental del Titanic, me reí de ella. Mi ex novia me dice que mañana se regresa al Estado de México y suelta una sonrisa de picardía, yo no me emociono, y ella ante mi conducta impasible insinúa que soy gay.
– A lo mejor y si- contesté.
Poco después se despidieron prometiendo regresar, se fueron gracias a Dios.
Miro unos metros más allá y observo a una tertulia de policías, que coleccionan recuerdos y que se instalan en la esquina del parque pareciendo a mi parecer un conjunto de putas en huelga. El frío aumente y no hay mujeres de paso cerca que se atrevan a quitármelo; si hay, es que no me gusta ni una. Lo único decente que hago es mandarle saludos a una compañera de la escuela, nada relevante.
Tengo ganas de orinar, tendré que ir al Café el cinema, allí gracias a la amistad que hice con doña lupita no me cobraran, y hasta a veces antes de irme me regalan dulces, eso me pasa por ser tan agradable o gracias al “Verbo” como diría mi buen amigo Alan. Justo cuando me disponía a descargar mi entusiasmo, un tipo que no recuerdo como se llama me dice:
— vamos a dar la vuelta en mi motocicleta.
— Bueno— dije—.
Después de un par de arrancones que dio ese cabrón, juré no volver a subirme con él, además recordé el pánico que tengo por las motocicletas.
Sin embargo, ese paseo me sirvió para despeinarme, ahora si me siento bien, peinado a la voluntad del viento. Regreso al café y ahora si orino.

Antes de esperar un buen pretexto que me sirva de escaparate para este principio de la noche, apunto la hora en que mi alma necesita un cuerpo que acariciar 8:13 PM. Ya recordé a Marisa.
El viento no se lleva mi recuerdo que es en vivo en mi mente, son conjuros de la imaginación, pensé. Ahora pienso yo que no hay espacios donde mis labios se establezcan, pongo un circo y me crecen los enanos.
Luego, ya mas tarde y mas abstraído en los recuerdos que se le ocurren regresar, mas raro me siento, mas solo.
Por fin se me ocurre parpadear, y miro a mi abuela caminando por el parque junto a mi madre, las llamo y conversamos de asuntos triviales, antes de darme dinero me dicen:
— No llegues tarde.
— Creo que ya es costumbre, de sobra lo saben.
Se despiden y yo sigo caminado.

Francisco Rico Hernandez.

martes, 13 de enero de 2009

S.O.S recuerdos.

Primero;
¿ Que pasa con este pueblo?
No, es que aquí no llega el milagro de los diccionarios.
Maldición, es mas difícil aprender a leer que a matar.

Segundo:
- Me gusta esa mujer, la que regala los besos por dinero.
- Se llama Salome, pero dicen que te pierdes en los besos.
- Pero lo bueno es que no pregunta si la quieres.
- A mi parecer eso es cuestión del fracaso.

Tercero:
- ¿Te acuerdas de mi? Pasamos por la catedral de Xalapa en la noche, íbamos caminando, riéndonos, besandonos.
-No, creo que no- respondió ella-.
- Fumamos, y huyente a las palomas que tanto odias.
- ¿ Eso hiciste?
-Si.
- Debes de recordar que prometimos recordarnos.
- Lo siento era yo muy niña, y las mariposas no me dejan recordar.



Francisco Rico Hernandez.

viernes, 9 de enero de 2009

33

Parece que el recreo se acabó.

La pasión es una ruina.
Hoy observé mientras caminaba por un pasaje comercial a un anciano, él estaba fumando, fraguando su soledad, cansado de vivir a la intemperie. Nadie lo presionaba, ni la muerte.
También miré que la mejor distancia es la mayor, y que los taxis no respetan a las ambulancias.
En las noches los moteles se cansan de los amantes de una hora, de las sabanas sin pares, de las putas sin nombres.
En la televison te enseñan a robar, los periódicos te envenenan desde temprano y hasta por el helicóptero.
En el Animal Planet muestran la manera mas cuerda de vivir y estar es paz con la naturaleza.

Tengo mentiras piadosas que digo a cada rato, y trabajo ocacional.
tengo URGENCIAS, tabacos, libros, calle, sal, zapatos, orgullo, pudores, celos, sangre, dientes, sinismo, deseo, horoscopo, luna, lapiz, barquitos de papel, dolores de muelas, retratos de novias que me olvidaron, abuelos, caminos, palabras, pupilas, mariposas en el tejado y un abogada sexy.

miércoles, 31 de diciembre de 2008

En la casa

Estábamos viendo una repetición de un partido de la selección mexicana el cual se efectúo en marzo, de pronto Ivan me pregunta:
- Guido que hiciste en Marzo.
- No me acuerdo- respondí-.
- Seguro- agregó-.
- Creo que aun estábamos en la radio, no te recuerdas- le dije-.
-No , por esas fechas yo llevaba con Alicia un mes de novios, y ya habían cerrado la radio por Internet - dijo Ivan-.
- A bueno- finalicé-.

Esta mañana del ultimo día del año, no había mas aburrido que estar en mi casa.
Yo como siempre estaba solo en ella, y esta mañana Ivan llegó temprano para según él acompañarme a ver tv. Al cabo de unas horas me preguntó que había para desayunar, nada le respondí. Lo único decente que le pude invitar en ese momento fue un cigarro que encendí mientras el haría algo que después me arrepentiría de que lo hubiera hecho, Ivan puso Animal Planet y después jamas se atrevió a cambiarle de canal.
-Guido tengo hambre- me dijo-.
- mmm... pues ve en el refrigerador a ver que haya- le dije-.
- No mames no hay nada-.
-Pues ya ves, no he ido a comprar nada.
- Hay masa-agregó-.
-Jajaja... no me digas que vas hacer unas empanadas- le dije-
-Puta madre cabron, ahuevo, tengo hambre.
- Bueno no te enojes, ya por ahí hasme unas 4 .
- Pero mejor le hablo a mi vieja para que venga a hacernos de desayunar, y ya por ahí que se traiga a su prima ... no crees??
- Asu, ahorita, no me siento de humor.
-Calmate jajaja.
- puta madre Ivan ya cambiale de canal, estoy hasta la madre de ver Animal Planet.

Total que llamó a Alicia y ella no tardó mucho en llegar acompañada de su prima, una chica que llegaba de vacaciones, originaria de Orizaba.
- guido te presento a Abi- dijo Alicia-.
- Hola, mucho gusto- dije-.
-Hola, ya te conocía. fue en los quince de mi prima Alicia, tu andabas con una chava que creo que era tu novia y que se puso celosa porque conversaste conmigo- me dijo-
- Asi, ya recuerdo. Si por esas fechas tenia novia, y carajo era bien celosa.
-Jajaja.

Alicia entró a mi cuarto para hacer no se que cosa, y me gritó,
- Guido te ves bien lindo con Cesar en esa foto.
-A , gracias.
-Oye pendejo, tu no tienes una foto conmigo, mira tienes con Sofia, con Daniel, con Carlos y Cesar y yo no aparezco, te pasas culero- me dijo Ivan-.
- Cabron luego nos tomamos una, va chiquita- le dije-.
-Ni madre, y yo de pendejo trayendo en mi celular la foto que nos tomamos tu, Cesar y yo , enseñando el culo-.
- jajaja, apoko!!- dijo Abi-.
-Callate cabron- insistí-.
-No me sorprende, estos chamacos son bien putos- dijo Alicia-.
-paaaaaaaaa.....- agregamos Ivan y yo-.

Despues nos hicieron desayunar, se fueron y nosotros nos quedamos solos comiendo las empanadas con un queso chiapaneco espantoso a mi paladar, y como no teníamos salsa, les hachamos a las empanadas azúcar.
- oye, y si me da diarrea esto- le dije a Ivan-.
- Pues no mames guido, yo voy al baño, permiteme.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Diarios de peaton

Diaros de peaton.
Uno nunca sabe en donde puede encontrar una verdad y en que esquina te venden una excusa.
Por eso aunque uno anda siempre cuidandose del tranvia descarrilado que es vivir, pareciera que llegamos al punto retrocendiendo, no avanzando.
Por eso, hay que arriesgarse a vivir la vida como viene, ya que muchas veces los seres humanos siempre andamos esparando lo mejor para nosotros, ya sea en cuestion del trabajo, de la familia y hasta el amor. Claro no muchas veces obtenemos lo "mejor" para nosotros, por cuestiones raras, por cosas utopidas de la vida. Por eso debemos de salir a buscar las cosas nosotros mismos y no esperar lo mejor para nosotros sentados en una acera humeda llorando nuestras desdichas. hay que salir a la calle a respirar, la felicidad, las mentiras, las canalladas, los excesos, asi encontraremos el ejercisio exacto de vivir y no de sobrevivir.
atte, un tipo Loco.

martes, 23 de diciembre de 2008

La herencia de don Feliciano.

Yo vi cuando la vendieron. Yo vi cuando su padre, don Feliciano, el cuidador de becerros vendió a su hija Mercedes con un foráneo disque comerciante de ropa.
La pobre no pasaba de los quince años y era tierna como los pétalos de las rosas, sus ojos negros intensos sollozaban como las lluvias de mayo, era flaca y su color de piel era el de la azúcar morena.
Yo vi cuando su padre la tenia parada junto a él al pie de la puerta de su casa, vi cuando su hermano y sus otras dos hermanas que aun miaban la cama la despedían mientras le colocaban junto a ella una caja con su ropa, dos cacerolas de barro y una muñeca vieja que se llevaba la niña grande.
Su padre era inmune a las rogativas de la pequeña Mercedes, a ella la pobreza le mataba la inocencia.
Escuché a los perros ladrar cuando un hombre, su futuro esposo llegó con su camioneta destartalada a buscar la inmaculada herencia de don Feliciano; la casta y virtuosa de Mercedes.
Mientras don Feliciano reciba el dinero que había acordado por la venta del cuerpo de su hija, observé claramente la humanidad de aquel hombre ignoto. Él tenia puestas unas botas de culebra muy sucias, el pantalón con la bragueta rota y por culpa de su obesidad la camisa cuadrada que lo cubría carecía de dos botones; era muy feo y mal hablado , pero eso si, con el dinero suficiente como para comprarse una virgen de a deberás y llevársela a su cuarto.
Después de tener todo en orden lo subsecuente fue que comenzó apretar el frio en la sierra.
Mercedes vio por última vez su pobre hogar, camino en dirección hacia sus pequeñas hermanas y les susurró al oído con amargura:
— Váyanse de aquí cuando puedan.
— No podemos — contestó una de ellas—.
— ¡Que se larguen lo más pronto posible!
— No podemos hacer eso, tenemos hambre.
Aquellas palabras ostentaban la condición de infortunio que se implantaría en el destino de sus hermanas. No hubo una despedida familiar, ni mucho menos mas lagrimas, simplemente las manos se movieron en el aire de un lado a otro y la desdicha, madre de esta terrible realidad apretó el corazón de todos y cerró las ventanas del alma que son los ojos, secando así toda gota de felicidad.
Yo vi todo eso, y mientras se me escurrían las lágrimas de los ojos vislumbré como se alejaba la niña Mercedes.

Esa misma noche me fui a la cantina de Jonás, ahí quería emborracharme para matar mis pobrezas, mis penas. Aquel lugar no tenía moral, las cuatro paredes estaba teñidas en un acto ambivalente de alegrías y tristezas, nada ahí era sublime, todo era desaliñado y lánguido. Le pedí al cantinero un trago mas desde mi mesa, al instante miré como don Feliciano entraba a la cantina impasible. Ese anciano no debía de pasar de los sesenta años y cada invierno que pasaba en esta sierra su corazón se volvía más gélido.
— Don Feliciano, siéntese aquí — le dije—.
— ¿Quien eres tú? — me preguntó —.
—Soy Gaudencio, el mismo flaco que vivía enfrente de su casa. Me fui del pueblo con mis padres cuando tenía diez años de edad a los United States, pero me los mataron al cruzar y por eso sólo me quedé allá nueve años tratando de sobrevivir, y ahora vuelvo con más pena que gloria a mi pueblo.
— Pobre de ti muchacho.
—No se fije don Feliciano, la vida me ha hecho hombre y yo no sé rajarme, por eso decidí regresar para empezar de nuevo, aquí en este pueblo en donde no crese nada, en donde la tierra no produce mas que miseria y desgracia — le dije—.
Don Feliciano no se atrevió a contestarme, pido una copa de brandy y mientras la bebía yo miré en sus ojos la amargura de su persona, el descuido de amor en el que había vivido tantos años.
— Cuénteme a usted como lo ha tratado la vida.
—Pues uno siempre esta acostumbrado a sobrellevarla como puede, la pobreza no perdona, la pobreza duele en la panza — agregó—.
— Ahí son los pesares.
Mientras continuábamos bebiendo en aquella cantina de pobres él me contó que por fin tenia una excusa para burlarse de la pobreza, me dijo que había logrado cobrar la herencia que le dejó su esposa muerta. — No tuve otra cosa mas que hacer— narraba— su madre me dijo que Mercedes era lo único de valor que dejaba a la familia, y por esa razón tuve que venderla, siguiendo la tradición del pueblo — Don Feliciano ya estaba harto de andar siempre con el ombligo pegado al espinazo, ya no veía lo duro, si no lo tupido. Con su miserable sueldo de cuidador de borregos tenia que mantener a cuatro bocas y todavía tenia la mala suerte de estar viejo y el inconveniente de haber nacido pobre.

Dos horas después cuando la noche es más pesada y el frio te cala los huesos, don Feliciano me dijo así nada más, sin preámbulos:
— Gaudencio a mi hija la vendí por trescientos pesos.
Hijo de toda su madre, pensé, vendió a la chamaca por tan poco, hasta yo la hubiera comprado, hubiera vendido por ella mi colchón y mi caballo, el negro que tanto me gusta.
Pero créanme cuando se los dijo, el dinero no le duró mucho, yo lo vi, se los digo de verdad. Esa misma noche tuvo que pagarle lo fiado al señor de los abarrotes que apunta de navaja le cobraba la deuda, también el muy pendejo se calentó demasiado y le agarró las nalgas a una puta que traía macho esa noche provocando así una pelea grande. Al final tuvo que pagar los desmanes que provocó, mesas quebradas, cristales rotos, y botellas despilfarradas, y aunque vendió su chamarra y se quedó con frio aun quedó debiendo la cuenta de la borrachera.


Francisco Rico Hernandez.