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jueves, 4 de junio de 2009

Dos horas despues.




Justamente hoy en la noche a las diez de la mañana me acordé de ti.
De pronto me vi soñando despierto mientras navegaba en un tren por el cielo. Muchas veces el dulce olor de café que tiene tu cuerpo me lleva a la nostalgia y no se me ocurre otra cosa más que ponerme azulmente herido.

Justamente ayer me acordé de ti y de pronto me dieron las ganas de tocarte, un rock and roll completo de emociones.
Apenas estaba yo pisando otro suelo, y sentía que al caminar contigo de la mano nadie podía parar nuestro camino. Muchas veces me había apretado el corazón y mordido la lengua cuando no quería ahuyentar al miedo, pero apareciste tú y así me sentía luego, luego el rey del mundo. ¿De qué hablamos cuando nos estorban las palabras? Cantamos a caso canciones de labios húmedos, de ojos cerrados, encontramos en ese instante emociones que despabilan al alma.
De vez en cuando recuerdo la sopa que no te comiste, tu agenda de Octavio Paz, los recuerdos de tu abuelo fumando su pipa, se me susurra al oído un deslenguado Brazos de sol. Ahora se que mi colección de ciudades me las van cobrando, te recuerdo rubia morena, mas guapa que ninguna, mangito de manila, carterita para el buen ladron(yo).
Aun huelo el humo del cigarro tatuado en el aire de aquel café Lindo en la noche en que me vi envuelto en la locura febril de amarte apresuradamente. Estoy seguro que si el mesero no nos hubiera interrumpido como se esmero en hacerlo a lo largo de sus frecuentes intentos, yo te hubiera besado más de lo que esa noche te besé. Y aunque me sobraban más de seis cervezas, no puede evitar la noche trasnochada de echarte de menos, ya que le faltaban dos estrellas al cielo de esa noche, y las bajaron a ese hotel adonde me fui a meter y que me regalaba la urdía razón de tener dos camas vacías.

Me arrepiento de no haberte pedido un beso de más, de aun no aprender a jugar poker, a mi no me robaron el mes de abril, a mi me robaron el siglo XXI, me manché de los desamores que huelen, me iré con el languido argumento de la vida; dos horas después de amanecer.









Francisco Rico