miércoles, 8 de octubre de 2008

Angel del Oeste.

Debería de haber recordado hace años atrás y un par de soles antes de la primavera a Prudencio Esquinas, un joven vagabundo en busca de nada. Impasible ante la vida y desembarazado de todo prejuicio, norma y utopía de la sociedad. Era como yo quise ser toda la vida: nunca lo logré. Nunca supo nada acerca de su origen o quienes fueron sus padres. Sobrevivió diez años de su vida en aquel terrible orfanato donde todos los días tenía que despertar a las cuatro de la madrugada a cortar trozos de tomate para el desayuno inmemorial de comer huevos con tomates.
Una noche antes de la navidad Prudencio Esquinas desapareció del lugar donde lo mantenían en cautiverio. Saltó la barda con mochila al dorso, a sus diesi siete años de edad se enfrentaba a la calle, era lo que tanto había esperado. Inimaginablemente viajó por casi todos los estados del país, pero en una de sus paradas extraviadas fue donde lo encontré.
Era martes y llovía, la manera más adecuada de disfrutar el hermoso clima de Orizaba era tomándose una taza de café en La parroquia. Los meseros elegantes a punto de casarse con su oficio despabilado, el piso de madera, los cuadros en la pared y una poción extraña de distintos cafés amenizaban los antojos de la melancolía y de la soledad. Ordené una taza de café guatemalteco, eso provocó una caída en mi economía que no me alcanzó para un café colombiano. De pronto un tipo se me aproxima y me susurra al oído:
— Ángel del oeste.
— A Dios gracias— le dije—, pero mejor sería si estuviera a la hora de lidiar con los problemas de la economía.
— Ángel del oeste—lo repitió apretando los dientes—.
— No lo sé— contesté con remilgos—.
— El problema es que ya está pagado el envío—apuntó él—.
— Yo camino de esquina a esquina alrededor del país, mi nombre es Prudencio Esquinas—se presentó—.
Él tenía el oficio solemne y muy reconocido de pasar al otro lado al que se quedó del lado de los jodidos. De Latinoamérica para los Estados Unidos. Desde que salió del orfanato se prometió así mismo ayudar a las personas que no se encuentran felices en el lugar en donde están, cómo él algún día lo estuvo. Era una manera de conmiseración hacia el tipo que se moja la camisa al caminar y sudar en el desierto, o provocado por el agua del Rió bravo hacia los condenados a cien años de pobreza.
El mojado, el tipo con mas agallas, el que tiene los huevos de a kilo, el que se preocupa por su familia y se arriesga al viaje kamikaze. Prudencio era la persona encargada de pasar de contrabando a toda persona dispuesta a soñar el sueño de soñar menos con el sueño americano.
Después de aquel suceso ignoto salimos de La parroquia y nos dirigimos al parque Castillo donde un centenar de montículos de origen celular abarrotaban un pasillo del parque. Un conjunto de rubias hermosas desprendían un aroma a magnolias y adornaban con su belleza de fábula aquel parque. <>, me preguntó. Me incliné por la tendente y le dije que no.

Hace años atrás en uno de sus múltiples viajes constructores de sueños Prudencio Aguilar viajó con María Candelaria Salazar y Amado Paz, un par de oaxaqueños buscando el sueño de soñar más. Recordaba sus nombre porque significaron mucho para él y descubrió que los que se dedican a esto muchas veces se olvidan del sentido común, del sentido humano y sólo les interesa el dinero más que la integridad del paisano latino que pone toda su fe en sus trampas.
De no haber tenido ésa fobia imprudente Amado Paz hubiera cruzado el río: pero no lo logró. María Candelaria llevaba en brazos a una niña de cinco años de nombre Luz María que era por lo que se atrevían a desafiar las desaventuras de una realidad de terrible calamidad. Cruzaron el desierto a las once de la noche, durmieron toda la tarde para que el sueño no fuera una carga. Discurrieron cuarenta kilómetros debajo de la inmensidad del cielo sideral con luz de luna. La temperatura comenzó a bajar, y las ráfagas de arena conseguían moverles el coraje para darle paso al miedo. La única persona que lo disimulaba o lo eludía era la pequeña Luz María, nunca aprendió el miedo heredado de manera que nunca lo sintió hasta el instante de presenciar el final del camino. El Muro De La Vergüenza no acaparaba más tierra azteca. Para pasar a tierra de Donald Trump, Michelle Jackson, del mal jugador Donovan y míster Bush un par de troncos entrelazados por una valla electrificada conseguían separarlos. La niña se asustó, su madre le colocó en su cuello un collar plateado, con una medalla de un ángel inclinado al oeste que le fue otorgado de premio por ganar un concurso de pinturas en el Caribe. Amado Paz tomó con las manos la valla electrificada y soportó los miles de kilowatts gringos, pero se mantuvo firme. Levantó la valla para que su esposa pasara mientras Prudencio ayudaba a la pequeña niña a pasar. Los tres consiguieron pasar pero después un estropicio se escuchó y miles de disparos sacudieron a los padres, matándolos. El infante consiguió escabullirse por debajo de la valla, la nena y Prudencio Esquinas escaparon de aquel terrible lugar.
Hace un par de días le llamó por teléfono Luz María, después de quince años, pero ahora acompañada de su esposo.
<>.
A veces uno queda totalmente convencido que las verdaderas amigas se descubren en la cama, y que los verdaderos amigos se conocen en situaciones difíciles, entonces por eso opté por ayudarlo.

Ese mismo día llamó por teléfono a Luz María, ambos acordaron reunirse en ciudad Juárez. Viajé más de quince horas con el culo entumido y la columna rota por la dureza del respaldo de los autobuses del ADO.
Al llegar a la ciudad nos aguardaba Luz María y un taciturno poblano, Juan Ayala.
—Ángel del oeste—dijo Prudencio—.
—Nariz de zanahoria y culo de elefante— contestó ella—.
—Mi chaparra buena parte— sonrió y se burló Prudencio—.
Tomamos la misma receta contra el sueño y partimos a las once de la noche rumbo a los Estados Unidos. Discurrimos hasta donde ya no había muro de la vergüenza, burlando otra vez la valla electrificada y nos adentramos a un pequeño bosque, tenía yo la adrenalina corriendo por mis venas. Pero de improviso le saltó un enorme perro al esposo de Luz María, los oficiales le dispararon a Prudencio Esquinas a quemarropa; Juan tenía el rostro destrozado y murió desangrado. A lo lejos lentamente observé el cuerpo de Luz María caer inerte con los ojos puestos al oeste, después de eso comencé a sentir las miradas de los policías norte americanos y al mismo instante sentí caliente el pecho y me ahogaba con mi propia sangre, antes de morir escuché que uno de ellos dijo:
— No te preocupes son mexicanos.

martes, 7 de octubre de 2008

¿Cómo ves?

Si hay futuro de seguro fluye en el presente, en cuanto al pasado, el pasado es el que nos jode a muchos.
¿Cómo llegar al punto retrocediendo?, no avanzando, topándonos con el camino andado.
Anestesiados por la locura para sentir la gloria que es una estatua cubierta de mierda de palomas. ¿Y si el fantasma de la duda abriera la frontera del futuro? ¿Y si las hormigas (los problemas) fueran más que los humanos? García Márquez lo expuso en una de sus obras; leyendo los Idus encontré una frase siniestra que el autor atribuye a Julio Cesar: es imposible no terminar siendo como los otros creen que uno es.

La poca posibilidad de ser escuchado en éste mundo tan comercial, ya las marcas remplazaron a los apellidos y es que hasta los calzoncillos son de Calvin Klein. Estamos jodidos si no salimos en la televisión, es como no existir para nadie. Espero que valga la pena la ausencia de discurrir por las calles, vivir desde ahora de manera esporádica.
Seguro que los políticos viven de las mentiras (sin daños a terceros), los sacerdotes te hablan que la otra vida será mejor, mientras tú estás jodido en ésta pero en el nombre de Dios, los doctores viven de las enfermedades sin curas, el casero de la renta, el borracho de sus penas, la puta de su cuerpo educado para amar, y los escritores viven y vienen del mundo sorprendete de la hoja en blanco.
De las mujeres mejor ni hablamos, sólo puedo decir que por ellas aguantamos un poco más al cabron de nuestro jefe que es muy poco amable, por ellas hacemos canciones, locuras, y respiramos con mayor facilidad la nicotina y nos acariciamos el celibato desmedido con tequila y olvidamos muchas veces que las noches son para dormir. Hoy creo que el mejor deporte de los adolescentes es abatir a las suegras.

Amigo mió la verdad yo no sé adónde va esto, y si lo supiera te mentiría. Yo por lo mientras seguiré siendo un irresponsable, un truhán y callejero porque es mi libertad y yo no entiendo de plusvalías, jamás voy abnegar. Todo esto es un rosario de pesadillas que genera la utopía de sobrevivir y no de vivir, y tú ¿cómo ves?

F.R.H
( A Cesar, gracias cabron, por sacar este texto de la gaveta del olvido)

Vestigios de la libertad y el hombre.

No todos los días termina una era de cincuenta años. Fidel Castro hoy se retira en silencio después del estruendo y solemnidad con la que inició. Fueron muchas batallas las que el peleó solo y acompañado teniendo unos ideales intactos y puros que después se le fueron cayendo con el tiempo. Usted Fidel logró que el socialismo en Cuba fuera la columna vertebral de ésta Latinoamérica sometida a base de sangre y fuego al capitalismo bárbaro que las bestias norteamericanos implementaron con el pretexto de meter el poder en unas cuantas personas y no en todo el pueblo. Los socialistas como usted Fidel son responsables del destino de su patria y de su gente. Con tu carácter inflexible, lucido, displicente algunas veces, con tu perdurable barba que mostraba los vestigios de tus luchas interminables donde alcanzaste tu libertad, con esa demogajia intermitente y con tu corazón de Caribe marcaste una era y conseguiste que el mundo volteara a ver a una isla que se encontraba en la desolación, en el abandono, apartada del derecho digno de vivir y echada a la buena de Dios.
Usted señor, caballero Fidel no soportó que su pueblo fuera maltratado, vio con nostalgia que sus hombres eran explotados sin conmiseración alguna, no soportó que su historia fuera ultrajada, que las tradiciones de esa isla a la que usted tanto ama sirviera del entretenimiento turbio de los foráneos y que sus mujeres, aquellas hembras Caribeñas de fabula fueran artefactos del placer.
El camino a la liberación de Cuba no lo hizo usted solo, se le unieron otros hombres ilustres que se arriesgaron a la liberación de una isla condenada a ser libre en el exilio. Junto al che Guevara, Camilo Cienfuegos, Humberto Matos y Raúl Castro forjaron los cimientos pulcros de una patria sublime y disímil.
Hoy anunciaron que te retiras, lo aun dicho los noticieros, los rotativos, pero yo no les creo nada. Lo único que has hecho como padre de tu patria es que tu bebé aprenda a caminar por si mismo. Usted Fidel quédese echado en su hamaca, fumando sus puros, tomando esos mojitos cubanos y comiendo caña todo el día observando el majestuoso Caribe que rodea tu isla. Yo se que nadie te ha vencido, nadie lo hará. Porque tú sobreviste a la caída del muro de Berlín, al nuevo siglo, a los mas de seiscientos treinta intentos de los Estados Unidos por matarte y a tus propios discursos que duraban mas de tres horas y que el pueblo entusiasmado lo escuchaba. No te pongas triste por dejar el mando de tu isla, porque nadie, ni un ser humano pudieron vencerte, sólo lo hizo el tiempo.

F.R.H

lunes, 6 de octubre de 2008

Los ciegos tambien aman a las mariposas que se cazan en sueños ( Tres cuentos con alas)

HOY TE SOÑÉ.

Hoy te soñé y hasta este momento no me di cuenta lo
Hermosa que eres al dormir en mis sueños. Te miré asombrado
Detrás de mi ventana, estabas en sábanas blancas como un
Ángel que descansa en una nube.
Tu cabello alborotado, tan suave que no me atreví a tocarlo y
Lentamente me fui acercando a la nube de mis sueños, donde
Sueñas tú. Tus uñas perfectas, tus piernas cerradas y tus pies
Dejando huellas en mi corazón. Tu vientre entre lo profundo y
Lo irreal la mixtura perfecta de algún lugar.

Estabas en sábanas blancas, con esos labios tan suaves como
El algodón y con un piercing irreverente que de seguro ostentaban tu rebeldía, y es que te soñé y por un momento pensé que era
Realidad. Hoy te soñé y ni cuenta te diste que estabas conmigo.

Aunque sólo duró un momento, me sentí completo. El gran
Tesoro de esa noche, la ventana donde no mira nadie, es la
Nube de sábanas blancas donde sueñas tú.

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ME CURO.

Me curo de los fantasmas de la incertidumbre que vienen descalzos al filo del alba.
Me curo de comerme flores marchitas que me ofrecen mujeres insulsas en el entresuelo de los camastros del placer fríos y tristes.
Me curo de buscarle los pasos a los futuros sin domicilios y estragos de la imaginación.
Me curo de los ángulos, de las tentativas de la geometría y ensalmos de la ciencia.
Me curo de los feligreses que alaban a figuras secas y sin ninguna gota de vida.
Me curo del árbol que esta creciendo y que me niega el fruto prohibido.
Me curo de los policías, de los que cobran la renta, de los chismes, de la coca-cola, de los tacos, corrupción, gripe, prisas, mocos.
Me curo de los sobresaltos de la pasión sorda y besos salados que despabilan corazones aburridos de latir.
Me curo de las putas sin nombres y de las carteras violadas en las noches donde el sueño no aparece y el desosiego reina.
Me curo de los milagros perezosos y del sol que me quema la fe.
Me curo de las heridas que se curan con arena, de los zapatos rotos, del carmín del noviazgo de un sólo día.
Me curo de las palomas que me cagan en los octubres de devaneo y de la soledad que es mi amante y que desnudo cuando puedo.

Se curan, nos curamos, algunos, ellos no, ustedes si, éste no, él si, tú como aquel prefiere curarse los espantos de los amores sin consuelos y sin caducidad perfumados de mentiras que enaltecen la pobreza del amor.
Algunos no se curan de sonrisas sardónicas intempestivas que cortan y desgarran la piel de la inocencia.
Ellos no se curan de deudas cuando abren los ojos a la incompatibilidad de la verdad.
Ustedes se curan de inconciencias y de panes de trigal.
Éste no se cura de peleas y amistades postergadas a la eternidad.
Él si se cura de promesas de cristal y boletos de viajero expreses.
Y yo no me curo de los laberintos de palabras que dicen tu boca y de los lunares de tu cuello, de los besos tuyos en mi manos y del perfume del recuerdo que se quedo conmigo.


LA CLAVE.

Procuro mariposa inundarte de felicidad. Con tu belleza que cautiva y tu aura angelical dulcísima mi mundo cambia de colores. ¿Y si me marchito? ¿Y si mis colores se opacan?, me preguntas. Te confieso corazón que los ciegos también aman.
Y yo me entrego a ti, como si nada mas hubiera un día para amar. Que las urgencias de las utopías de esta vida turbia no interrumpan tu vuelo, yo compro rosas que guardo en la espalda, ahí esta tu hogar, en mi espalda.
Los estupidos niños que juegan en los parques contigo atropellan tu belleza de fábula que opaca a la creación. Te golpean, persiguen, te capturan.
La clave esta en ser paciente y admirarte y sutilmente dejarse acariciar por ti, tú volaras alrededor mío, y con un beso de amor sabrás que nunca me dejaras. Yo no voy por ti, tú vienes ami, esa es la clave.

A ti arcángel sin alas, mariposa en arrullo.
atte.; yo.

F.R.H

Aquella noche.

Me había deslumbrado igual que un niño cuando ve algo extraordinario por primera vez. Eso fue a consecuencia de una caja musical enorme que un organillero utilizaba por primera vez en mi pueblo. Era un hombre que utilizaba anteojos y que dibujaba treinta años a cuestas, acompañado por una mujer seria de cabellos de bronce. Ellos habían venido del DF en un viaje expedito a Cosamaloapan. Esa noche era jueves y la noche anterior los ciudadanos se habían deslumbrado con el primer eclipse lunar del año. Yo discurría como siempre en el parque central con mochila al dorso la cual tenía trozos literarios que escribía en una libreta trotamundos, un libro de García Márquez y lapiceros con los cuales capturaba los versos improvisados que me sorprendían a cualquier hora.
Mientras fumaba con mis amigos escuché la música que deambulaba dulcemente en mis oídos. Él organillero daba un concierto amateur con una música tan pura, inmaculada, amena y al mismo tiempo tan añeja, que sentí una nostalgia porque esas notas musicales habían quedado brillando en el exilio del olvido. La música suspendió todos los ruidos de la calle, mermó los gritos de los indecentes, enamoró a los enamorados que se besaban, deslumbró a los jóvenes e hizo recordar a los viejos y calló a los que charlaban. Yo quedé gélido ante aquellas partituras de fábula. Me quedé en una abstracción ignota, deslumbrado como si hubiera visto por primera vez a una mujer desnuda.
Después me aproximé hacia ellos y les pregunté lo que mi curiosidad me ordenaba. Mientras la mujer de cabellos de bronce pedía un par de monedas a los transeúntes, su compañero aceptó con gusto mi entrevista improvisada. Él me dijo que en plena segunda guerra mundial Hitler donó al gobierno mexicano un par de organillos, hoy en día estas cajas musicales aun no se jubilan pues si lo hacen estarían matando algo más que música, le faltarían al respeto a la identidad mexicana. Él organillero me explicaba que los organillos por estos días ya no se fabrican, <<>>, les dije. Ellos rieron. Extraje de mi bolsillo del pantalón un par de monedas y las deposité al sombrero café que parecía de agente de tránsito y no de un organillero decente. Me alejé de ellos con el único propósito de capturar está vivencia que perdurara en el tiempo a través de una imagen fotográfica. Después de andar exasperado por no encontrar un celular con cámara, mi amiga Alejandra me hizo el favor humano de prestarme su móvil. Ya todo estaba listo para la fotografía del recuerdo, David probaba escrupulosamente las funciones nocturnas de la cámara para que no hubiera tropiezo alguno en la calidad de la fotografía, yo por mi parte me peinaba y ensayaba mi mejor ángulo fotográfico para salir guapo en la foto. Cuando le propuse al organillero que nos tomáramos la fotografía él con remilgos de cabrón se negó rotundamente argumentando que las fotografías son mal usadas por la prensa y que el sindicato nacional de organilleros se los prohíbe. <<>>, dijo impasible la mujer. Yo caminé mostrando una sonrisa apretada y exclamé colérico, <<>> Lo que la música había trasformado en gloria pura, el sindicato de los organilleros lo volvió mierda.

Después de esto aprendí que la naturaleza tiene esa estética de cautivar y sorprender al ser humano, mientras éste tiene el talento de decepcionarla con sus acciones, con sus reglas y locuras. Recuerdo que aquella noche mágica fui feliz, pero la felicidad me duró lo que dura un estornudo. Antes de irme me pregunté:
— ¿A caso ocultaban algo?

domingo, 5 de octubre de 2008

Te pago por adelantado.

— ¿Te pago por adelantado?
— No — respondió ella—.
— ¿Porqué no?— cuestioné—.
— Ella me mi miró a los ojos con una ternura casi maternal y después de besarme la frente me dijo: — Ya has hecho demasiado.
— Tengo el alma desgarrada y mil motivos para cortarme las venas por ti, el veneno de tus labios y el morbo de tu cuerpo son alicientes de mi alma— le dije—.
— No entiendes a caso, puedo darte la soledad por adelantado— me insinuó—.
— Por eso mismo quiero pagarte por adelantado— agregué—
— No, no pidas más de lo que no puedas dar.
— Es que cuando te vi, te quise decir todas las palabras de amor, de todo e inclusive puta, en ese momento quedé deslumbrado por tu belleza— se lo dije con fervor sujetándola del rostro—.
— Debes de darte prisa, en tiempo corre, hazlo de una vez— me dijo—.
— Te pago por adelantado y dame toda la noche— insistí—.
— No puedo, hay otros esperando y a leguas se ve que tú no aguantas mas de dos horas, mírate andas bien flaco, además se ve que ni a los dieciocho llegas y de seguro el dinero que me ofreces se lo robaste a tu pobre y desgraciada madre. Dime en verdad que quieres niño— apuntó con vehemencia—.
— Quiero lo que aun no puedo tocar—.
— Todo puede ser tuyo a su debido tiempo y buen precio—.
— No he venido aquí contigo por que tu tarifa sea la mas económica, tú Eleonora virgen de esas que hacen milagros tangibles, he venido hasta tu lecho, porque entre tus piernas quisiera conságrame.
— No pierdas tu tiempo aquí, te agradezco lo que hiciste por mi hace rato, y debo de aceptar que es mi culpa que tú estés aquí conmigo— me decía—, ya te habías marchado, pero yo y mis inmemoriales instintos de hembra me invitaron a tomarte de la mano, y pedirte que me acompañaras, en este cuarto tan abigarrado en donde quieres pagar por adelantado tu desdicha y abandono.
— No te equivoques mujer, quien por su gusto muere, hasta la muerte disfruta— dije—.
La cenicienta de esquina se atrevió a levantarse de la cama en donde estábamos sentados, dirigiéndose hacia una pobre mesa mal alumbrada por una bombilla que colgaba del techo. Justo allí encendió un cigarro y mirándome impasible fumaba mientras yo, considerado por antiguas novias como el peor Latín Lover del barrio, no hacia otra cosa que pensar en ella, sí pensar en ella aun cuando la tenia enfrente. Me levanté de la cama y caminé rumbo hacia Eleonora, el ambiente hostil y gris de aquel cuartucho en donde sudaba con ella cualquiera, no era más que un suplicio inmemorial para el ejercicio imprudente de buscar un cuerpo que acariciar cuando no hay mas que la comprensión y chantajes de la soledad.
El tiempo que me había tomado para encontrarme a Eleonora fueron exactamente diecinueve días, salí de mi casa una mañana de octubre teniendo la firme intención de coincidir con la dama del pecado de lujo que despabilaba a los cuerpos con la más rigurosa pulcritud y ferviente pasión que hubiera concebido los estragos de la imaginación.
En el cuarto la cenicienta de esquina mientras fumaba se atrevió a designarme una mirada, una mirada fría que me llegaba al alma, y de alguna manera me aniquilaba y me detuve un segundo a admirar su tez, y en sus arrugas divisé esa madures, el deseo de tenerla bajo mis pies estrecharla entre mis brazos llevándomela lejos, en donde deja de ser una puta con clase, para convertirse en una verdadera dama... y no cualquiera, pues seria mi dama. ¡Pero que va! Si esos ojos nunca me han de mirar como algo más que un chiquillo sediento de pasión y con ganas de aventurar.
— ¿Quien eres tú mi damisela? Para dejarme agonizando... ¿Quien eres? ¡Dime! ¿QUIEN ERES?
— Eso no importa —contestó—, si son tus bolsillos los que no le llegan a mi precio, ya ni con tu juventud puedes pagar cada uno de mis besos, yo no soy duquesa, mucho menos de la realeza, soy sólo una pobre diabla que sobrelleva la pobreza... LARGATE!! Y no vuelvas mas, que por estos rumbos no te quiero ver pisar, óyeme bien y atiende ami llamado. No quiero que por mi vista te vuelvas a cruzar, mis razones yo he de guardar y explicaciones no te tengo porque dar.
— Yo, un huérfano de sueños, sólo escuché…
Ella impasible a mis sentimientos pulcros de hombre febril continuó diciendo su verborrea aniquiladora de este iluso de amor:
— Mendigándome una noche me has venido a visitar. Anda ve y corre busca amor en otra esquina que muchachas han de sobrar, no te aferres que nada iras a lograr, mi decisión ya esta echa y mira que no hay marcha atrás—Me decía reprochándome mi enamoramiento aferrado— tienes vida por delante, disfruta y goza que el tiempo no parara y los años de ti no tendrán piedad, la muerte en cualquier momento en tu vecina se convertirá espiando, observando y esperando la perfección para poder atacar. No quiero repetírtelo… ¡LARGARTE YA!
— Olvidas tu, mujer de lujo que no eh venido en vano hasta tu lugar; cementerio de amores claudicados, donde la rasposa soledad que hoy compartimos nos acerca a este remolino de incompatibilidad, pero que es un afrodisíaco que tu misma creas para robarme el corazón. Yo no te pido lo que me das…
En las ventanas de mi alma comenzó a lloviznar a consecuencia del tal descaro de esa puta que a mis brazos no se quiso entregar. Sabiendo que en aquel cuarto de alquiler con ella cualquiera llegaba a sudar.
El rencor, el despecho, la impotencia y la desesperación me cegaron, y como un impulso de un perro rabioso la tomé del pelo y la arrojé a la pared y con fuerza desmedida de sus ropas la despoje. Como un comprador que acaba de pagar me sentí dueño de ella, no importaron sus sollozos, que mas daba si lloraba de placer o de dolor. La hice mía, juro por Dios que ¡LA HIZE MIA! quizás no fui el primero pero estoy seguro de que fui el último... no hubo nadie después de mi.
Cerré mi cremallera, hurgué en mi chaqueta unos cuantos billetes, a pesar de que bien valía la pena dejar todo mi dinero, sólo arroje algunos sobre su frágil cuerpo ya sin vida, después de todo eso era lo que valía su desprecio. Una sonrisa se dibujo en mi rostro, el corazón de la mujer de alquiler salio perdiendo.


F.R.H