A; Claudia Iveth.
Vuelas con la risa y de pronto coloreas mundos,
invades con tu sol mis pupilas.
Eres verde como la yerba fresca del campo,
me muerdo los labios no ma's por pensar en ti,
tu mirada angelical quisiera acariciar
por de bajo de la mesa tu rodilla.
Muchas veces eres un huracan que disloca mi cordura,
tonta si bien sabes que te quiero.
Francisco Rico Hernández.
26 de Enero del 2012.
viernes, 27 de enero de 2012
sábado, 26 de noviembre de 2011
Haromi, en el lugar de los ojos abierto.
Cada mañana ella abría los ojos al mundo, suave, limpia y ligera como las nubes partía la luz del alba con su belleza. Insultantemente feliz era vivir la vida junto a ella.
Cada vez que dejaba caer las gotas de agua sobre su claro rostro los peces del rio nadaban interminablemente, irremediablemente. La luz flagrante del sol le alumbraba la piel, y su sombra de pronto salía para cuidarle los pasos.
Le resultaba fácil hablar de la felicidad y a veces le daba por ponerse triste de deberás cuando las gentes no entendían el significado del milagro de despertar cada mañana. Dicen por ahí que volvía locos a los nostálgicos poetas que para ella recitaban sus poemas, los pintores no encontraban defecto alguno en su perfil, Haromi era bella interminablemente y se sentía a gusto de no saberlo, de no tener contacto con la vanidad. A veces el viento soplaba con fuerza y ella sentía cosquillas debajo de su falda, sonreía aunque el estruendo del aire destrozara las flores de los jardines. Haromi tenia unos ojos verdes color cocodrilos, y una boca angustia de los corazones sin dueños, y un par de cejas; pinceladas de Dios.
Una tarde de otoño estaba recostada sobre un árbol y sentada sobre las hojas secas que cubrían el suelo. Llevaba puesto un vestido blanco de manta con un listón dorado en la cintura, estaba descalza y las uñas de sus pies eran perfectas, en su largo y pasible cuello tenia colgado un collar de conchas que hizo cuando horas antes caminaba por la playa. Mientras seguía observando con abstracción la margarita que tenia sobre el dorso de su mano el viento sopló, consiguiendo en ese acto de la naturaleza mover la guirnalda de girasoles que sobre su cabeza llevaba, sin embargo el insecto resistió el embate del viento, se aferraba a su nueva patria de carne y hueso, de calidez y tersidad.
Su rostro de princesa oriental, fino y exacto logró sorprenderse minutos después al ser testigo de la repentina aparición de decenas de margaritas que venían volando de diferentes direcciones para establecerse sutilmente a su alrededor. Haromi sonrió y se puso de pie para alegremente girar con los brazos extendidos sobre su propio eje.
Eso ocurrió porque todos recuerdan que fue cierto, lo que nunca se explicó fue lo que pasó después.
“Me duele el alma, se me entumece el corazón”
Tristemente ese día Haromi después de jugar con las margaritas tuvo que cerrar los ojos a la fuerza, insultaron al destino, todos los ángeles hubieran querido impedir que ella cerrara los ojos; no hubo tiempo, el mal ya estaba hecho.
Una gran tormenta nunca antes vista y que jamás se consiguió olvidar se presentó esa vez que ella dejó de ocupar un sitio en el lugar de los ojos abiertos. Las personas no lloraban, qué mas daba, si el cielo lo hacia por ellos. Todos sintieron en aquel momento que Haromi era en verdad el alma, la pureza y el halito pulcro de la vida.
“La oscuridad se equivocó, no debió acercase a ella, ¿por qué lo hizo?”
A nosotros los mortales nos conmueve el presentimiento de vivir en un pozo sin fondo, y si por mis venas pasara el dolor de la muerte, me echaría a llorar, pero algunos no quieren y no les gusta llenarse los ojos con pura oscuridad, el murmullo de la belleza y de la vida no se escuchan cuando uno se esta quieto.
Después, aunque me gusta ver los amaneceres y giñarle el ojo a la vida, decidí caminar con la luz apagada, fundir los focos de mis ojos.
¿Restauraré los actos de Dios?
Francisco Rico Hernández.
26 de febrero del 20009.
Cosamaloapan, Veracruz.
(Nota breve; Nunca entendí mucho porque escribí este texto, tal vez encuentren simbolismos o redundancias de algún tipo que cree en la belleza pulcra, en el viento, que no le gusta la idea de morirse pero que sin embargo lo acepta. Y para ser sinceros este texto lo escribí mientras en la sala de espera de un hospital mientras esperaba no sé que)
Cada vez que dejaba caer las gotas de agua sobre su claro rostro los peces del rio nadaban interminablemente, irremediablemente. La luz flagrante del sol le alumbraba la piel, y su sombra de pronto salía para cuidarle los pasos.
Le resultaba fácil hablar de la felicidad y a veces le daba por ponerse triste de deberás cuando las gentes no entendían el significado del milagro de despertar cada mañana. Dicen por ahí que volvía locos a los nostálgicos poetas que para ella recitaban sus poemas, los pintores no encontraban defecto alguno en su perfil, Haromi era bella interminablemente y se sentía a gusto de no saberlo, de no tener contacto con la vanidad. A veces el viento soplaba con fuerza y ella sentía cosquillas debajo de su falda, sonreía aunque el estruendo del aire destrozara las flores de los jardines. Haromi tenia unos ojos verdes color cocodrilos, y una boca angustia de los corazones sin dueños, y un par de cejas; pinceladas de Dios.
Una tarde de otoño estaba recostada sobre un árbol y sentada sobre las hojas secas que cubrían el suelo. Llevaba puesto un vestido blanco de manta con un listón dorado en la cintura, estaba descalza y las uñas de sus pies eran perfectas, en su largo y pasible cuello tenia colgado un collar de conchas que hizo cuando horas antes caminaba por la playa. Mientras seguía observando con abstracción la margarita que tenia sobre el dorso de su mano el viento sopló, consiguiendo en ese acto de la naturaleza mover la guirnalda de girasoles que sobre su cabeza llevaba, sin embargo el insecto resistió el embate del viento, se aferraba a su nueva patria de carne y hueso, de calidez y tersidad.
Su rostro de princesa oriental, fino y exacto logró sorprenderse minutos después al ser testigo de la repentina aparición de decenas de margaritas que venían volando de diferentes direcciones para establecerse sutilmente a su alrededor. Haromi sonrió y se puso de pie para alegremente girar con los brazos extendidos sobre su propio eje.
Eso ocurrió porque todos recuerdan que fue cierto, lo que nunca se explicó fue lo que pasó después.
“Me duele el alma, se me entumece el corazón”
Tristemente ese día Haromi después de jugar con las margaritas tuvo que cerrar los ojos a la fuerza, insultaron al destino, todos los ángeles hubieran querido impedir que ella cerrara los ojos; no hubo tiempo, el mal ya estaba hecho.
Una gran tormenta nunca antes vista y que jamás se consiguió olvidar se presentó esa vez que ella dejó de ocupar un sitio en el lugar de los ojos abiertos. Las personas no lloraban, qué mas daba, si el cielo lo hacia por ellos. Todos sintieron en aquel momento que Haromi era en verdad el alma, la pureza y el halito pulcro de la vida.
“La oscuridad se equivocó, no debió acercase a ella, ¿por qué lo hizo?”
A nosotros los mortales nos conmueve el presentimiento de vivir en un pozo sin fondo, y si por mis venas pasara el dolor de la muerte, me echaría a llorar, pero algunos no quieren y no les gusta llenarse los ojos con pura oscuridad, el murmullo de la belleza y de la vida no se escuchan cuando uno se esta quieto.
Después, aunque me gusta ver los amaneceres y giñarle el ojo a la vida, decidí caminar con la luz apagada, fundir los focos de mis ojos.
¿Restauraré los actos de Dios?
Francisco Rico Hernández.
26 de febrero del 20009.
Cosamaloapan, Veracruz.
(Nota breve; Nunca entendí mucho porque escribí este texto, tal vez encuentren simbolismos o redundancias de algún tipo que cree en la belleza pulcra, en el viento, que no le gusta la idea de morirse pero que sin embargo lo acepta. Y para ser sinceros este texto lo escribí mientras en la sala de espera de un hospital mientras esperaba no sé que)
jueves, 3 de noviembre de 2011
Bar.
Me gusta ver a la gente a las espaldas. Aquí la gente se le ve por la espalda y se descubre por la cantidad de botellas los clavos de su cruz, de la nostalgia que pretende curar las canciones, que no logra disiparse como el humo de sus cigarrillos. Que lastima que le dé al hombre por desprenderse de su corazón, que aquí en este bar le dé por extrañar…
Francisco Rico Hernández.
2 de noviembre del 2011.
Francisco Rico Hernández.
2 de noviembre del 2011.
martes, 25 de octubre de 2011
Enemigo Intimo.
Soy el escándalo de tu cuerpo, el aire que pasa sobre tu vientre, en tu rostro.
Y en tus pies soy la limpieza, la estética de tu belleza.
Soy lo que soy porque lo he sido.
En todas partes de tu cuerpo llevas algo de mí,
En la sangre pura de tus ancestros, en la estirpe que te vio nacer.
En el linaje que busco en ti.
Ando por ahí entre tus dientes, resbalo por tu nariz y
Soy el que asecha su pezón, uva ejemplar, natural y dichosa.
También soy la angustia en las uñas, la adrenalina por entre tus piernas,
Un todo que nunca es nada, un enemigo intimo que necesitas.
Una mano que acaricias y besas. Tu primer hombre.
Soy lo que soy porque lo he sido, y lo sabes amor mío.
Francisco Rico Hernández.
15 de octubre del 2011.
Y en tus pies soy la limpieza, la estética de tu belleza.
Soy lo que soy porque lo he sido.
En todas partes de tu cuerpo llevas algo de mí,
En la sangre pura de tus ancestros, en la estirpe que te vio nacer.
En el linaje que busco en ti.
Ando por ahí entre tus dientes, resbalo por tu nariz y
Soy el que asecha su pezón, uva ejemplar, natural y dichosa.
También soy la angustia en las uñas, la adrenalina por entre tus piernas,
Un todo que nunca es nada, un enemigo intimo que necesitas.
Una mano que acaricias y besas. Tu primer hombre.
Soy lo que soy porque lo he sido, y lo sabes amor mío.
Francisco Rico Hernández.
15 de octubre del 2011.
martes, 27 de septiembre de 2011
A las tres de la tarde.
Mi cuarto es la capsula perfecta para escapar del mundo y sus complejos, de quitarme la camiseta de la caminata de no encontrar nada. El eco de las canciones intenta huir, pero se encuentran con las cuatro paredes que asemejan una caja de sorpresas que espera ser descubierta.
Hojas y cartas sin buzón nadan por el piso, mientras dos sillones son las islas a las que nunca vendrás. Náufrago en mis sueños, en mis ilusiones y siento que estoy más triste que la muñeca despeinada y sola que se quedó abandona en mi cuarto.
Sin pilas como mi reloj y no hay mensaje oculto en mi puerta que me anime el corazón. ¿Por qué no vienes? Aunque sea un rato. Siempre Procuro volverte a ver, olvidarte es físicamente imposible. Y me pregunto ¿Porqué tengo calor?
Un día a las tres de la tarde.
Francisco Rico Hernández.
Hojas y cartas sin buzón nadan por el piso, mientras dos sillones son las islas a las que nunca vendrás. Náufrago en mis sueños, en mis ilusiones y siento que estoy más triste que la muñeca despeinada y sola que se quedó abandona en mi cuarto.
Sin pilas como mi reloj y no hay mensaje oculto en mi puerta que me anime el corazón. ¿Por qué no vienes? Aunque sea un rato. Siempre Procuro volverte a ver, olvidarte es físicamente imposible. Y me pregunto ¿Porqué tengo calor?
Un día a las tres de la tarde.
Francisco Rico Hernández.
sábado, 24 de septiembre de 2011
13 de Junio.
( El dia que abrió los ojos)
II Parte.
Entre las horas ahogadas en el tumulto del silencio
Me envuelvo y te acompaño.
Cuando cierro los ojos al menos no busco la luz ni la sombra,
Quiero ver con las manos.
Hay veces que me duele tu ausencia que es como una bocanada
De aire manso y sin color que yo no veo.
Quisiera tocarte, perfumarte de jazmines, acompañarte en las
Soledades sin días, estar mirándote sin hacer nada.
En la magia de lo insondable, en el calor de tu alma
Hay espacio para a todos los que a ti te llaman.
Eres dulce yerba fresca, embravecido canto del gallo,
Luciérnaga curiosa, un grillo debajo de los estrellas.
Que Dios te cuide.
Aun vives en nosotros,
En el suave murmullo del nuevo día,
En el vientre de tu madre
Que fue tu primer hogar en el mundo,
Vives en mis sueños y en las manos de tu padre,
En la mirada de tus hermanos.
Que Dios te cuide.
Ahora que tu cuerpo es polvo y tu alma es aire
Ya nadie esta triste en la casa,
Siempre que piensan en ti vuelan las mariposas.
Francisco Rico Hernández.
24 de Septiembre del 2011
II Parte.
Entre las horas ahogadas en el tumulto del silencio
Me envuelvo y te acompaño.
Cuando cierro los ojos al menos no busco la luz ni la sombra,
Quiero ver con las manos.
Hay veces que me duele tu ausencia que es como una bocanada
De aire manso y sin color que yo no veo.
Quisiera tocarte, perfumarte de jazmines, acompañarte en las
Soledades sin días, estar mirándote sin hacer nada.
En la magia de lo insondable, en el calor de tu alma
Hay espacio para a todos los que a ti te llaman.
Eres dulce yerba fresca, embravecido canto del gallo,
Luciérnaga curiosa, un grillo debajo de los estrellas.
Que Dios te cuide.
Aun vives en nosotros,
En el suave murmullo del nuevo día,
En el vientre de tu madre
Que fue tu primer hogar en el mundo,
Vives en mis sueños y en las manos de tu padre,
En la mirada de tus hermanos.
Que Dios te cuide.
Ahora que tu cuerpo es polvo y tu alma es aire
Ya nadie esta triste en la casa,
Siempre que piensan en ti vuelan las mariposas.
Francisco Rico Hernández.
24 de Septiembre del 2011
jueves, 1 de septiembre de 2011
Para los dedos sueltos.
El camino de tu espalda es un sendero de ciegos, una brecha que conduce a la gloria,la calma de los huesos,en el camino de tu espalda cae la cascada de tus cabellos y mis dedos sueltos tocan tu piel y saltan de un lugar a otro. Tu espalda es el principio de Septiembre, un mapa sin revés ni marcha atrás...
Francisco Rico Hernández.
1 de Septiembre del 2011.
Francisco Rico Hernández.
1 de Septiembre del 2011.
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