Hay algo que no olvidaré nunca; las muestras inolvidables e indelebles de caricias que me regalaste en la gracia de tu cuerpo que junto al mio encontró la muestra mas clara del amor.
Atte¨; Francisco Rico...
miércoles, 30 de marzo de 2011
martes, 22 de marzo de 2011
Las Batallas en el Desierto.

Esta historia narra los problemas políticos, sociales y económicos que vivió un niño llamado Carlos durante el gobierno de Miguel Alemán. Carlos había nacido en Guadalajara y vivía en la colonia Roma de la Cd. de México, colonia en la cual vivían judíos, árabes y gente del sur de México. Era de la clase media, su madre provenía de una familia conservadora de Guadalajara, antes pudiente y luego venida a menos y su padre tenía una compañía de jabones, la cual había entrado en bancarrota debido a la invasión del detergente en polvo de aquella época.
Durante la historia, se narran las diferencias sociales dentro de la escuela de Carlos, también había un niño japonés llamado Toru al que le hacían burla (y que luego se convirtió en próspero empresario con "tres mil esclavos mexicanos"), se presentan problemas de racismo con judíos, árabes etc. Los conflictos que había en un patio de tierra colorada, polvo de ladrillo, sin árboles ni plantas eran denominadas las batallas en el desierto; Carlos conoce a Jim y se hacen amigos tras una riña con su compañero Rosales.
Un día, Jim invita a Carlos a comer a su casa, ahí Carlos conoce a Mariana, la madre de Jim, de quien se enamora perdidamente. Jim era hijo natural de un periodista estadounidense que no había querido reconocerlo y Mariana era amante de diversos prominentes políticos mexicanos, pero ambas circunstancias se las ocultaba a su hijo.
Un día Carlos sale durante plena clase a la casa de Jim, ahí encuentra a Mariana y le declara que está enamorado de ella (platónicamente pues era un niño de apenas ocho años), Mariana le deja claro de que nunca podría haber nada entre los dos (en la novela Mariana es una mujer de veintiocho años).
Después de esto los padres de Carlos se enteraron de lo sucedido, y éstos obligan a Carlos a confesarse ante la iglesia e ir al psiquiatra. Carlos es cambiado de escuela y su familia entra en una época mejor en la cual su padre había sido contratado por las empresas que lo habían dejado en bancarrota. Héctor, hermano de Carlos quién había entrado a la cárcel tras una riña y que era el conflictivo de la familia, llegó a estudiar en Chicago; sus hermanas, una de las cuales había tenido un amorío con un actor fracasado y el cual se ahorcó, se fueron a Texas.
Un día, después de algún tiempo, Carlos encuentra a Rosales, el compañero más pobre de su antigua escuela y un buen alumno con quien había tenido un pleito. Éste le cuenta a Carlos que Mariana se había suicidado tras una discusión con su amante, un político. El padre biológico de Jim se había llevado a Jim a San Francisco. Carlos al no creer lo que había escuchado fue en busca de Mariana a su casa creyendo que era mentira, pero no logró encontrar ninguna información a cerca de ella o de Jim.
La historia termina en que Carlos nunca supo si Mariana se suicidó o si aún siguió con vida; terminó sin saber nada a cerca de Jim, de Rosales o de alguien de aquella época. Carlitos trató de investigar el paradero de Jim y/o de Mariana, pero los vecinos del departamento donde vivía Jim parecían no saber nada, casi como si el verdadero problema de Carlos hubiese sido una esquizofrenia.
Tiempo después todos esos edificios en los que vivían ellos son demolidos y Carlos no tiene otra opción más que recordar con nostalgia, no sólo a Mariana y a sus compañeros de clase de su época de niño, sino a la propia ciudad de México en que sucedió la historia. Carlos refiere que "Se acabó esa ciudad. Terminó aquél país. No hay memoria del México de aquéllos años. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia. Todo pasó como pasan los discos en la sinfonola. Nunca sabré si aún vive Mariana. Si hoy viviera tendría ya ochenta años".
De José Emilio Pacheco.
Un Buen libro que les recomiendo.
lunes, 14 de marzo de 2011
Me sé de Ti.
De tanto Besarte ya me se tu boca como yo mismo,
y también el aire que sale de tu cuerpo
cuando tu respiración es intranquila.
Me sé de Ti siempre cuando nos toca amarnos,
Cuando nos perdemos y volamos en el silencio
de nuestros Cuerpos.
Francisco Rico Hernández.
14 de Marzo del 2011.
y también el aire que sale de tu cuerpo
cuando tu respiración es intranquila.
Me sé de Ti siempre cuando nos toca amarnos,
Cuando nos perdemos y volamos en el silencio
de nuestros Cuerpos.
Francisco Rico Hernández.
14 de Marzo del 2011.
lunes, 21 de febrero de 2011
De Ti.
A Laura.
Nacen de ti las mejores palabras
Que no pronuncio,
Aquellas que se encienden
Cuando tú apareces ante mis ojos
Con toda tu hermosura.
Me miras y prendes las palabras,
Le das el placer al verbo que te ofrezco
Cuando te amo.
Eres toda entera para mí y ya no sufro
De ausencia y de arrepentimientos cuando estás conmigo.
En el aire, en tu mismo aroma de viento
Con tus labios colocas un beso
Tuyo que deja huella en mi corazón.
Todo se hace en un instante,
Como la luz en el cielo.
Nuestro amor une cuerpos.
Francisco Rico Hernández.
20 de Febrero del 2011.
Nacen de ti las mejores palabras
Que no pronuncio,
Aquellas que se encienden
Cuando tú apareces ante mis ojos
Con toda tu hermosura.
Me miras y prendes las palabras,
Le das el placer al verbo que te ofrezco
Cuando te amo.
Eres toda entera para mí y ya no sufro
De ausencia y de arrepentimientos cuando estás conmigo.
En el aire, en tu mismo aroma de viento
Con tus labios colocas un beso
Tuyo que deja huella en mi corazón.
Todo se hace en un instante,
Como la luz en el cielo.
Nuestro amor une cuerpos.
Francisco Rico Hernández.
20 de Febrero del 2011.
lunes, 7 de febrero de 2011
Hoy te soñé.
Hoy te soñé y hasta este momento no me di cuenta lo
Hermosa que eres al dormir en mis sueños.
Te miré asombrado detrás de mi ventana,
Estabas en sábanas blancas como un Ángel
que descansa en una nube.
Tu cabello alborotado, tan suave que no me atreví a tocarlo y
Lentamente me fui acercando a la nube de mis sueños,
Donde Sueñas tú.
Tenias las uñas perfectas, tus piernas cerradas y
tus pies dejando huellas en mi corazón.
Tu vientre entre lo profundo y
Lo irreal la mixtura perfecta de algún lugar.
Estabas en sábanas blancas, con esos labios tan suaves
como el algodón,
Y es que te soñé y por un momento pensé que era realidad.
Hoy te soñé y ni cuenta te diste que estabas conmigo.
Aunque sólo duró un momento, me sentí completo.
El gran tesoro de esa noche, la ventana donde no mira nadie,
Es la nube de sábanas blancas donde sueñas tú.
Francisco Rico Hernandez.
Hermosa que eres al dormir en mis sueños.
Te miré asombrado detrás de mi ventana,
Estabas en sábanas blancas como un Ángel
que descansa en una nube.
Tu cabello alborotado, tan suave que no me atreví a tocarlo y
Lentamente me fui acercando a la nube de mis sueños,
Donde Sueñas tú.
Tenias las uñas perfectas, tus piernas cerradas y
tus pies dejando huellas en mi corazón.
Tu vientre entre lo profundo y
Lo irreal la mixtura perfecta de algún lugar.
Estabas en sábanas blancas, con esos labios tan suaves
como el algodón,
Y es que te soñé y por un momento pensé que era realidad.
Hoy te soñé y ni cuenta te diste que estabas conmigo.
Aunque sólo duró un momento, me sentí completo.
El gran tesoro de esa noche, la ventana donde no mira nadie,
Es la nube de sábanas blancas donde sueñas tú.
Francisco Rico Hernandez.
miércoles, 2 de febrero de 2011
La Playa.
Mientras caminaba por el terraplén fui testigo de que mi sombra se movía un poco al suroeste, sentí que era de noche, y la luna pegada en el cielo me dio la razón.
No se que horas eran, pero yo seguía caminando no se para a donde, pero cuando llegamos a nuestro destino, los tipos que venían de lado mío del corazón me dijeron:
— Es aquí.
Y si, era allí, como decían ellos.
Dejé mi mochila trotamundos adentro de la casa de campaña, luego alguien encendió un cigarro, y así todos empezamos de pronto a fumar, luego se inventaron la idea de hacer una fogata y de pronto todos nos sentamos cerca de la fogata. Estábamos debajo de un gran árbol de mangos, hojas secas, y dulces grillos nos acariciaban el sueño, la tierna luz de la noche nos embellecía la cara, algunos y todos, y yo, mas tarde nos fuimos a dormir.
Al despertar al otro día, me dolían los hombros a causa de la mala posición que ocupe para soñar, escuché minutos mas tarde que un niño cantaba interminablemente junto a la casa de campaña y pensé: — Que locura, ahora se olvidan los gallos, y recuren a los ángeles del amanecer-.
Total que después de no tener el tiempo de lavarme los dientes, me fui acompañado de todos a la playa, días después supe que era Punta Azul. La arena se metía entre mis dedos de los pies, y poco a poco me fui metiendo en la laguna de Catemaco, mientras otros se asoleaban como lagartijas fatigados de tanto andar sin encontrar el sol, ahora mientras resolvía ese problema que tenia con las olas, me abrazaré al agua de regaderas que había en la laguna, y sumergí y soñé que nadaba mientras silbaba el sol.
Francisco Rico Hernandez.
Catemaco, Veracruz.
8 de Abril del 2009
No se que horas eran, pero yo seguía caminando no se para a donde, pero cuando llegamos a nuestro destino, los tipos que venían de lado mío del corazón me dijeron:
— Es aquí.
Y si, era allí, como decían ellos.
Dejé mi mochila trotamundos adentro de la casa de campaña, luego alguien encendió un cigarro, y así todos empezamos de pronto a fumar, luego se inventaron la idea de hacer una fogata y de pronto todos nos sentamos cerca de la fogata. Estábamos debajo de un gran árbol de mangos, hojas secas, y dulces grillos nos acariciaban el sueño, la tierna luz de la noche nos embellecía la cara, algunos y todos, y yo, mas tarde nos fuimos a dormir.
Al despertar al otro día, me dolían los hombros a causa de la mala posición que ocupe para soñar, escuché minutos mas tarde que un niño cantaba interminablemente junto a la casa de campaña y pensé: — Que locura, ahora se olvidan los gallos, y recuren a los ángeles del amanecer-.
Total que después de no tener el tiempo de lavarme los dientes, me fui acompañado de todos a la playa, días después supe que era Punta Azul. La arena se metía entre mis dedos de los pies, y poco a poco me fui metiendo en la laguna de Catemaco, mientras otros se asoleaban como lagartijas fatigados de tanto andar sin encontrar el sol, ahora mientras resolvía ese problema que tenia con las olas, me abrazaré al agua de regaderas que había en la laguna, y sumergí y soñé que nadaba mientras silbaba el sol.
Francisco Rico Hernandez.
Catemaco, Veracruz.
8 de Abril del 2009
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